El sueño de George Méliès

El pasado viernes, 24 de enero, se celebraba en España el Día del Periodista y, con este motivo, Isabel Echevarría, directora de relaciones institucionales de la Fundación José Manuel Entrecanales, escribía un interesante artículo sobre la revolución de la comunicación audiovisual, en el que incidía en la importancia del formato vídeo en el contexto actual: un 88% de los internautas prefieren las webs con vídeos y un 68% los comparte si son capaces de captar su atención. Además, explicaba, el 36% de los internautas confía en las campañas publicitarias presentadas en formato audiovisual.

Y a raíz de estos datos, destacaba la importancia del trabajo que realiza una joven empresa española, Mad Video, que ha decidido ir más allá y convertir los vídeos en algo mucho más dinámico y lleno de vida, para que el internauta no sólo se limita a verlos, sino que pueda, a través de un sistema de etiquetas, «acceder a toda la información que se proyecta. Durante su reproducción, y con tan solo un click, la etiqueta lleva al usuario a la ampliación informativa que solicita, ya sea un artículo sobre un personaje histórico que aparece en una película, un artículo determinado que se puede adquirir en una tienda on-line o cualquier otro tipo de imagen susceptible que ampliar la información», explica Echevarría.

Tras ganar el pasado año el premio a la mejor empresa de nueva creación en la Startup Conference, en Estados Unidos, entre más de 200 candidatos, no han parado de mejorar su herramienta. Nacida en Madrid y a caballo entre la capital española y Silicon Valley, Mad Video nos ofrece, de forma sencilla, la posibilidad de añadir cualquier contenido que aporte información de contexto: desde explicar el lugar en que está grabado el vídeo hasta añadir el lugar en que se puede adquirir los objetos que aparecen.

La fórmula para hacerlo es simple: basta insertar la URL del vídeo sobre el que queramos trabajar (sea de YouTube, Vimeo...) y el software de la herramienta detecta las escenas de forma automática, para que podamos añadir las etiquetas a los objetos, personas, lugares o la música que acompaña el vídeo. Estas etiquetas aparecen en la parte superior de la imagen en forma de círculos «clickables», cada uno de los cuales aporta información sobre un elemento emitido.

Aparte del carácter puramente «contextualizador» de las etiquetas, aporta un gran potencial publicitario, pues permite vender cada tipo de contenido: desde ofrecer un viaje al lugar en que esté grabado el vídeo, hasta comprar la canción que suena, la ropa de los protagonistas o el mobiliario de la escena. Y todo ello de forma no intrusiva ni agresiva para el usuario, que pasa a tener total libertad para interactuar, o no, con dichas etiquetas. La labor de esta «startup» española es sólo un ejemplo de cómo el consumo de vídeo por parte de los internautas se puede convertir no sólo en contenido de éxito, sino en una herramienta publicitaria con un enorme potencial y una capacidad enorme para interactuar con el usuario.

Y es que, como concluye Isabel Echevarría en su artículo, «la unión de todos los formatos informativos en un único soporte culmina, por el momento, el proceso comunicativo digital y abandera la revolución de la comunicación audiovisual, demostrando que la creatividad y la magia de las imágenes soñadas por George Méliès siguen siendo la razón de ser de los contadores de historias».