Salud

Illa conocía la letalidad del virus antes del 8-M

La directora de Salud Pública alertó seis días antes: temía la expansión y no descartaba el fútbol a puerta cerrada

El Ministerio de Sanidad mostró una asombrosa inacción ante la celebración de eventos multitudinarios como los partidos de fútbol –el Madrid-Barcelona, por ejemplo–, los conciertos y las concentraciones feministas del 8 de marzo, en donde se congregaron miles de personas en espacios muy reducidos.

A pesar de que numerosos organismos europeos y la Organización Mundial de la Salud (OMS) redoblaban las alarmas y alertaban de los riesgos de propagación del coronavirus con la celebración de eventos abarrotados de público, y a pesar también de que ya empezaban a dispararse los casos y a registrarse fallecimientos en España –el 1 de marzo había 84 infectados, pasando a 430 casos y 10 muertes el 8 de marzo–, el ministro Salvador Illa no lo transmitió oficialmente en público y si lo hizo en privado al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, o a la formación política que lo sustenta, no tuvo éxito.

El 6 de marzo, con 365 casos y tres muertos ya en España, el propio presidente Sánchez animaba a la población a salir a la calle el 8-M porque, a su juicio, sin feminismo no hay futuro. El PSOE hizo lo mismo el 7 y Fernando Simón, el director del Centro de Alertas de Sanidad, afirmaba ese mismo día que el brote se encontraba bajo control. ¿Debe acudir la gente a las manifestaciones? Que cada uno decida, vino a decir. La pasividad e, incluso, el apoyo tácito del Ministerio a la celebración de dichos encuentros públicos choca con las recomendaciones internacionales, pero también con la información de la que disponían algunos altos cargos del propio Illa.

Uno de ellos era la directora general de Salud Pública, Calidad e Innovación, Pilar Aparicio, retirada sorprendentemente del foco mediático desde el pasado 4 de marzo, tras conceder una entrevista a Radio Euskadi, pese a que hasta entonces había sido una de las portavoces del Ministerio en materia de coronavirus. Muy cualificada, por cierto. Aparicio, que accedió al cargo de la mano de la exministra María Luisa Carcedo a principios de julio de 2018, en sustitución de Elena Andradas, es una reputada profesional, diplomada en Medicina Tropical y especialista en Medicina Interna. Aparicio había sido directora de la Escuela Nacional de Sanidad del Carlos III.

En un encuentro con comunicadores especializados organizado por la Asociación de Periodistas de la Salud (ANIS) y celebrado el 2 de marzo en Madrid, seis días antes de las manifestaciones, la máxima responsable de Salud Pública mostraba la preocupación de su departamento por el estallido de la pandemia en China y por la situación de Italia, «más cerca de casa». También mostraba su inquietud por el aumento del número de casos en España y por aquellos en los que no podía encontrarse un vínculo claro con respecto a su origen.

Hablaba, además, de la necesidad de detectar personas con enfermedades respiratorias severas de causa no conocida. De hecho, los protocolos del Ministerio vinieron a considerar más tarde en una de sus actualizaciones como potencial caso de coronavirus a pacientes ingresados que presentasen tal estado. Al ser preguntada sobre posibles protocolos en lugares se especial aglomeración de personas, como aeropuertos o estaciones, Aparicio aseguró que Sanidad no contemplaba tomar medidas especiales más allá de la información a los viajeros, particularmente a los que venían de zonas de riesgo. Sin embargo, sí recordó que en el norte de Italia se estaban evitando grandes concentraciones de personas, suspendiéndose partidos de fútbol, y no descartó ninguna medida en este ámbito. «Tenemos que estudiar y estamos viendo cómo evitarlo pero fundamentalmente en este contexto», dijo. Pese a que no fue más explícita, ya avisaba incluso de la importancia de la protección de los sanitarios, y agradeció a la Organización Médica Colegial su recomendación de posponer los congresos médicos para evitar contagios: «Necesitamos ese sistema al cien por cien; necesitamos tener el nervio en marcha totalmente». 11 días después, el Gobierno decretó el confinamiento.