Sociedad

Entrevista

Antía Yáñez: «Las personas con trastornos psicológicos somos expertas en disimular»

«No pienses en un elefante rosa» es la segunda novela para adultos de esta escritora gallega y cuenta una divertida historia con el trastorno obsesivo compulsivo (TOC) de base, un problema que la autora conoce bien y que quiere normalizar

Antía Yañez
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¿Por qué quiso hablar de este trastorno?

Yo soy paciente de TOC, fui diagnosticada bastante joven, a los 21, y no supe cómo llevarlo, ni qué hacer porque a mi alrededor nadie tenía ese tipo de problema. Entre que me sentía sola y que no sabía cómo salir de ahí, no lo conté, solo a mi pareja y mi familia, a nadie más. Han pasado ya 10 años y era un reto personal: no supe cómo contarlo cuando era más joven, pero ahora voy a intentarlo, porque la ficción siempre me ha dado mucha libertad y me encanta explicar la realidad y en formato novela: no contar yo mi vida, sino hablar de Aurora, que tiene TOC.

¿Se ha basado en su experiencia para abordar la patología en la protagonista?

En sus experiencias vitales no, pero sí en las escenas y los momentos en los que yo sé que un trastorno obsesivo compulsivo puede interrumpir tu día a día, provocarte un malestar muy grande que, a lo mejor, una persona sin ese trastorno piensa «qué tontería, estar dos horas en el baño», pero esa es una escena típica de alguien con un trastorno como el TOC, y a mí me resultaba muy fácil saber dónde podía explicar y cómo transmitir lo agobiante de la situación, la ansiedad que se siente.

La enfermedad mental tiene un gran estigma, sin embargo, aquí es la protagonista la que mantiene en secreto su «problema», se lo oculta a su entorno. ¿Existe también un autoestigma?

Sí, pero también desconocimiento de cómo transmites eso. Creo que hay vergüenza, pero que es más no saber cómo hacerlo, o por tener miedo al rechazo, pero sobre todo el desconocimiento. No hay muchos referentes sobre cómo se abordan este tipo de cuestiones.

Precisamente una idea que critica en el libro es que se espera que sea la persona con enfermedad mental la que dé el primer paso. ¿Cuál sería, en su opinión, la forma adecuada de responder del entorno?

Es una pregunta muy difícil, pero es que muchas veces no sabemos cómo empezar... Y si quien lo padece no lo cuenta puede pasar desapercibido, porque la gente con trastornos psicológicos o problemas psiquiátricos somos, sobre todo, expertos en disimular, en querer hacer ver que todo va bien, que no se preocupen, que somos personas normales... Es una forma muy compleja de abordarlo. Sentirse arropado, apoyado y querido es un primer paso para que la persona decida contarlo, pero muchas veces no se sabe cómo.

¿Le molestan los estereotipos que hay?

A mí no, soy una persona, y en el libro creo que se ve, que tiene mucho sentido del humor, pero entiendo que hay gente que cuando se hacen bromas sobre el tópico diga «es que tú estás haciendo una broma de algo que a mí me produce un sufrimiento diario horrible». Cada vez se usa más la expresión, «a mí esto me da TOC» como diciendo que tengo manía, y eso no es TOC. No tiene importancia si se hace porque no se sabe lo que es, tampoco me parece que sea mofarse.

El reducirlo simplemente a una manía...

Pues sí, el TOC no es eso, para nada. No es tener manías. Es que esas manías te producen un proceso mental agónico y con mucho malestar. La manía, en el fondo, es la excusa.

Critica situaciones en la Sanidad pública que hacen que la salud mental no se trate de forma eficaz. ¿Cómo podría mejorar?

La solución es más dinero para la Sanidad pública en el ámbito de la salud mental porque no hay profesionales suficientes, al no haberlos no hay sesiones ni citas suficientes y, además, la salud mental siempre ha sido el patito feo. Entonces, como no hay cita en el psicólogo clínico la solución es tomar un ansiolítico.

O ir a la a la privada, como en el libro...

Claro, si es que tienes. Yo fui paciente de la privada porque me lo pagaron mis padres porque podían, y yo pensaba, ¿otra persona con este problema a la que sus padres no puedan, qué hace? Yo no sé qué sería de mí entonces...