Los «hermanos» del Covid-19

La humanidad tiene puesto el foco en la pandemia del Covid-19. Sin embargo, en el mundo han existido –y existen– otras enfermedades que no han encontrado vacuna. Esa de la que tanto se habla ahora

El coronavirus, siendo una enfermedad terrible, no es la medida con la que enjuiciar la mortalidad humana. Millones de personas alrededor del mundo tienen depositadas –sin embargo–, en el desarrollo de una vacuna, sus esperanzas de dar por superada la pandemia de Covid-19. Nada más lejos de la realidad. El común de los ciudadanos, desconocedores de los procesos químicos, biológicos o patológicos fabulan con la posibilidad cierta de que «alguien» encuentre una vacuna para sus males. Un bálsamo que cure la enfermedad... y sus miedos. Parecen no querer darse cuenta de que los expertos han advertido que, incluso acelerando el paso, el desarrollo de una vacuna puede requerir mucho tiempo o, peor aún, simplemente no ocurrir. Podría convertirse en otro virus endémico. Ejemplo hay. Ahí está el VIH. Han pasado más de 30 años desde que los científicos lograron aislar el VIH, causante del síndrome de inmunodeficiencia adquirida (Sida). Este virus ha sido el causante de la muerte de más de 32 millones de personas. Décadas más tarde, aún no existe una vacuna para el VIH y, con unos 40 millones de personas contagiadas alrededor del mundo, este virus está lejos de desaparecer. Otro buen ejemplo es la gripe aviar. Según la OMS, entre 2013 y 2017 hubo unos 1.565 contagios confirmados en humanos, de los cuales falleció el 39%. La cepa A H7N9 fue detectada por primera vez en mayo de 2013 en China. O el SARS. Identificado por primera vez en 2003, el SARS-CoV es un tipo de coronavirus que –según se cree– fue transmitido a los humanos por algún animal, probablemente un murciélago. O el MERS-CoV, que es también un tipo de coronavirus. Fue detectado por primera vez en 2012 y es el causante de una enfermedad conocida como síndrome respiratorio de Oriente Medio (MERS, por sus siglas en inglés). Este virus provocó al menos mil fallecidos en esa zona. El hombre, a través de la historia, se ha enfrentado a la letalidad de unas enfermedades desconocidas –al principio–, y con las que luego ha tenido que convivir. No queda otra.