Antonio, donante hiperinmune: “No hay nada más bonito que ayudar a alguien a vivir con tu plasma”

Estuvo todo el confinamiento en la calle repartiendo comida entre los sin techo y ahora regala sus anticuerpos para que otros puedan curarse de la Covid

Antonio Rodríguez recuerda perfectamente el día que se contagió. Fue el pasado ocho de octubre, durante un desayuno de trabajo. Uno de los participantes estaba enfermo y acabaron todos con la Covid. Ironías del destino; después de haber pasado 126 días en la calle repartiendo comida entre los sin techo, sin mascarilla y recibiendo abrazos, Antonio, de 54 años, contrajo el bicho en un entorno supuestamente seguro. Pero a él no parece importarle demasiado.

Mientras se prepara para donar su plasma hiperinmune en el Centro de Transfusión de la Comunidad de Madrid, asegura que “la única alegría que me dio la enfermedad es que sabía que iba a poder donar”. Y es que este madrileño que trabaja en el sector de la Ingeniería es un filántropo convencido, lo lleva en la sangre: “Me puse contento porque el que es donante lo es de corazón, es así. No hay nada más bonito que poder ayudar a alguien a vivir”.

Esta no es la primera vez que Antonio se ve en una parecida. Es donante de médula, de órganos y lleva años regalando su sangre. En su caso, parece ser una forma de enfrentarse al mundo. Hace unos años perdió a sus padres y, según asegura, su carácter desprendido tiene mucho que ver con los valores que le inculcaron de pequeño. Durante lo peor del confinamiento, sentía que debía hacer algo y puso en marcha un proyecto con la Asociación de Cocineros para repartir menús a la gente sin hogar por el centro de Madrid.

Jesús G. FeriaLa Razon

En ocasiones le acompañaba su hija de once años y un pequeño grupo de voluntarios, pero él nunca faltó a su cita con los más desfavorecidos: “Entendí que una forma digna de afrontar la pandemia era ayudando a los demás”. Dice que fue una experiencia muy positiva pero agotadora, “cuando acabé en julio no sabía ni dónde estaba”. Ahora le está dando vueltas a un proyecto interescolar de banco de alimentos y le ronda encontrar la manera de evitar que la gente vuelva a morir sola como ha ocurrido este 2020 fatídico.

Al lado de Antonio, un celador del Hospital Universitario de Móstoles está donando plasma por cuarta vez. Carlos, de 46 años, desconoce el motivo de que sus anticuerpos no dejen de crecer. Se contagió en su trabajo durante el mes de marzo y su respuesta inmunológica mejora con el paso del tiempo. Tal y como asegura Ana Arruga, hematóloga del Centro de Transfusión, la respuesta de Carlos puede deberse a que sigue en contacto permanente con el virus debido a su trabajo.

Esta doctora explica a LA RAZÓN que cualquier persona entre 18 y 65 años que no haya estado embarazada ni haya recibido una transfusión puede ser donante de plasma siempre que el paso de la Covid le haya dejado un alto volumen de anticuerpos (más de 3.5) y el PCR dé negativo. Se trata de una vieja técnica que tiene más de un siglo y que ya se empleó durante la gripe española de 1918: “Aportar a un paciente que no tiene capacidad de respuesta los anticuerpos que necesita para vencer la enfermedad”.

Según Arruga, desde que pusieron en marcha esta iniciativa el pasado dos de abril, ya se han realizado 800 donaciones que han ido a parar a cerca de 500 enfermos de coronavirus, sobre todo personas inmunodeprimidas y pacientes oncológicos. De los 70 hospitales que hay en la Comunidad de Madrid, 24 han recibido las bolsas de plasma de color amarillento de unos 600 mililitros recogidas en esta sala en la que Antonio está a punto de terminar un proceso de aféresis que dura unos 30 minutos. Una vez separado el plasma buscado, la sangre extraída vuelve al cuerpo del paciente. Hasta la fecha, la persona que más ha donado lo ha hecho catorce veces, pero se procura de que no se supere la veintena anual y al menos transcurra una semana entre cada extracción.

Hasta que llegue la vacuna, el plasma hiperinmune se ha probado un método eficacísimo para salvar vidas. De hecho, ambos tratamientos podrán convivir porque sus destinatarios son distintos. Según Ana Arruga, un estudio realizado durante el mes de abril en el Hospital Monte Sinaí de Nueva York demostró que la mortalidad llegó a caer al 50 por ciento.

En un momento como el actual, en el que parece que dejamos atrás poco a poco la segunda ola de la Covid, es el momento de volver a recoger plasma ante lo que nos pueda deparar el mes de enero, cuando se junten la gripe y las consecuencias de los encuentros sociales de Navidad. Hay que tener en cuenta que muchos de los donantes de la primera ola (en su mayoría sanitarios) ya han perdido sus anticuerpos, algo que ocurre entre tres y seis meses después de haber superado el virus. Lo mismo que le sucederá a los enfermos de la segunda ola. Por eso hay que ser previsores y por eso se ha puesto en marcha desde este centro una campaña a la que están respondiendo 200 personas al día a través del correo electrónico. Cerca del 70% de los que se presentan voluntarios acabarán siendo considerados válidos para regalar vida a otros a través de sus anticuerpos.