La cuarta ola empezará en abril y será la más suave de todas

Una universidad de EE UU sitúa el pico de contagios de covid en España el 9 de mayo, aunque descarta otro colapso de los hospitales

Miles de personas de personas disfrutaron ayer del buen tiempo en la playa de la Malvarrosa y el Paseo Marítimo de Valencia
Miles de personas de personas disfrutaron ayer del buen tiempo en la playa de la Malvarrosa y el Paseo Marítimo de ValenciaAna EscobarEFE

La reducción que están experimentando desde hace semanas el número de contagios de Covid-19 y las cifras de hospitalizaciones, ingresos en las unidades de cuidados intensivos (UCI) y fallecimientos confirman que la tercera ola de la pandemia ha quedado ya muy atrás. Sin embargo, la pregunta del millón es si se producirá todavía otra cuarta ola de la pandemia en España, a la vista de esta caída y del avance de la vacunación entre los principales grupos de riesgo frente al virus causante de a enfermedad.

Algunos expertos confían en que apenas se producirán coletazos que no alcanzarán el nivel de la primera y la tercera andanada del SARS-CoV-2, las más intensas hasta la fecha. Otros sostienen que no habrá nuevos picos si la población mantiene de forma estricta las medidas de seguridad personal y las autonomías no levantan la mano de las restricciones mientras prosigue la inmunización. Entre los primeros se sitúa el Institute for Health Metrics and Evaluation (IHME), el prestigioso departamento estadístico de la Universidad de Washington, en Seattle, EE UU, que fue fundado por la Fundación Bill y Melinda Gates.

Durante la pandemia ha avanzado algunas cifras demoledoras sobre la situación que iba a producirse en muchos países, entre ellos el nuestro, y gran parte de sus predicciones se han cumplido casi a rajatabla. A principios de febrero, por ejemplo, vaticinó que el 1 de mayo España contabilizaría alrededor de 95.400 fallecimientos totales por Covid-19 en base a los datos oficiales. En aquella fecha, la cifra de muertes causadas por el virus que ofrecía el Ministerio de Sanidad era de 59.825. El pasado viernes, 12 de marzo, la cifra alcanzaba las 72.258 defunciones oficiales.

Con los parámetros que arroja ahora la pandemia, el IHME ha reformulado sus previsiones. Apunta que el número de muertes será algo menor en mayo, y lo sitúa en 86.631 en un escenario corriente. Si se relajaran las medidas de contención, en esa fecha se superarían las 87.500 defunciones, no muy lejos de la predicción inicial, pero por debajo de ella.

Este organismo analiza un gran número de parámetros y apunta ahora a un riesgo de una cuarta ola mucho más suave que la tercera y algo más reducida que la segunda, la de menor impacto hasta la fecha. En el peor de los escenarios que dibuja, los casos de Covid-19 empezarían pronto a repuntar de forma tímida para ir creciendo durante lo que resta de este mes y, sobre todo, después de Semana Santa, ya en abril. El 9 de mayo se alcanzaría la mayor cifra diaria de infectados en nuestro país de esta nueva ofensiva del virus, situándose en 20.927 ese día. A partir de ahí, la curva volvería a experimentar un descenso moderado, aunque existe riesgo de que dicho descenso se trunque por la relajación de la vigilancia y de pueda producirse de nuevo un repunte de casos en junio que tendría continuidad, al menos, hasta julio.

A diferencia de lo que ha sucedido en el resto de las olas, el impacto sanitario de esta cuarta suavizada que pronostica el IHME no golpearía de la misma forma los recursos sanitarios del país. De hecho, el organismo prevé un descenso paulatino de la ocupación tanto de camas convencionales de hospitalización como de camas de UCI.

También augura una caída en la utilización de dispositivos de ventilación mecánica, tan necesitados durante los cuatro primeros meses de la pandemia. La explicación de este brusco descenso se encontraría en la inmunización de los principales grupos de riesgo. En España, por ejemplo, los mayores institucionalizados en residencias ya han sido vacunados y durante las próximas semanas lo estarán también los mayores de 80 años y grupos importantes por debajo de esa edad, que son los que más recursos sanitarios han utilizado al golpear en mayor medida en ellos la Covid-19 que en la población más joven. El 1 de julio, esa presión sanitaria y, particularmente, la hospitalaria, se situarían al mínimo, incluso en la peor de las hipótesis, que contempla una subida de los contagios.

Como está ocurriendo en Israel a medida que avanza la vacunación, los contagios no se atajarían del todo, pero sí el empeoramiento de los infectados. Al estar inmunizados no precisarían de atención sanitaria especializada, a expensas de que puedan irrumpir nuevas variantes del virus capaces de desactivar la inmunidad otorgada por los sueros.