Covid, manifestaciones e intereses políticos

Marta Robles

Con los nefastos resultados de la manifestación del 8M de 2020 –ya sé que hubo muchos más actos multitudinarios aquel fin de semana, pero también que se permitieron todos, pese a conocer los riesgos, para posibilitar el 8M–, llega la marcha sin límites del 1 de mayo, para agitar la campaña de Madrid. ¿Cómo se va a hacer? Pues como si jamás hubiera habido pandemia. ¿El escándalo con las corridas de toros de Ayuso en Las Ventas, con un aforo del 25 por ciento de la plaza, era entonces un paripé? ¿Un intento de control del adversario político? Lo parece, teniendo en cuenta la falta de restricciones al 1M. Que los permisos o prohibiciones se sucedan por intereses políticos ahora mismo ya no es irresponsable sino temerario; porque si antes se desconocían los perversos efectos del coronavirus ahora están más que testados. No resulta tranquilizador pensar en todos esos taurinos –aunque sean un 25 por ciento– a los que será difícil mantener sin comer y beber en una plaza de toros que siempre es pura algarabía; pero menos aún soñar con que un 1M sin control no tenga consecuencias irreparables para los números ya disparados de la comunidad. Está claro que los intereses políticos van por delante de los demás. Porque aunque las corridas de toros amparen el trabajo de muchas familias y el 1M el deseo también lícito de las izquierdas de frenar el firme avance de la derecha en Madrid, lo cierto es que las cifras requerirían decisiones impopulares y cuidadosas donde se antepusiera la salud a todo lo demás. Y no hablo precisamente de cerrar la hostelería sino de irla abriendo más poco a poco, como todo lo demás, sin alterar el proceso con grandes eventos multitudinarios sustentados exclusivamente en el rédito electoral. Aún estamos en pandemia, ¿lo saben?