¿Y si la cura de la covid estuviera en el cajón de su domicilio?

Un estudio detecta que ocho fármacos que se administran ya para diferentes patologías podrían ser útiles contra el coronavirus

Un técnico revisa una hilera con viales que contienen la vacuna de Pfizer en Puurs, Bélgica
Un técnico revisa una hilera con viales que contienen la vacuna de Pfizer en Puurs, BélgicaFotoAP

Casi dos años ya. Cerca de 20 meses conviviendo con el SARS-Cov-2, acostumbrándonos a entender mejor la peor pandemia de nuestra historia reciente y aún no tenemos ni idea de cómo curarla. Hemos avanzado en su detección, en la prevención de los contagios y en la vacunación eficaz. Pero no hay una terapia estandarizada y universal, un set de medicamentos que pueda considerarse definitivo para tratar el mal una vez adquirido.

Por eso sorprende la investigación que acaba de anunciar un equipo de científicos de la Universidad de Manchester en la revista PLoS Pathogens. Resulta que es posible que la cura contra la Covid-19 se encuentre escondida en los cajones de las farmacias o quizás de las casas de miles de ciudadanos y venga de la mano de fármacos que ya existen y que se utilizan para tratar otras patologías.

Adam Pickard y Karl Kadler, los autores del trabajo, aseguran haber identificado ocho medicamentos actuales que pueden ser útiles para suprimir la replicación del virus dentro de las células infectadas. Es cierto que el trabajo es aún muy limitado y que la investigación se ha realizado solo en células en laboratorio (habría que esperar a conocer la eficacia real en ensayos clínicos con humanos) pero la propuesta es realmente prometedora. Lo que más llama la atención es que entre los medicamentos que se han detectado con potencial anti Covid existen algunos muy utilizados por el público en general. Es el caso de la ebastina, un antagonista H1 que se emplea para el tratamiento de procesos alérgicos comunes y que toman miles de personas en todo el mundo. También se ha estudiado la eficacia de algunos productos contra la malaria e incluso algunas vitaminas.

El equipo de Manchester empleó una lista amplia de medicamentos comunes y trató con ellos en laboratorio células infectadas del hígado y del riñón humanos. Estos órganos suelen presentar un gran número de células dañadas en los pacientes con Covid grave. Los que mejor resultado dieron a la hora de detener la replicación del virus dentro de las células fueron los antimaláricos amodaquina y atovacuona, el medicamento contra la tuberculosis bedaquilina y la mencionada ebastina. También se ha encontrado un interesante efecto positivo en el uso de algunos tratamientos contra el cáncer, como abemaciclib. Por último, ciertos compuestos contra la hipertensión e incluso la vitamina D3 fueron prometedores.

Todos los fármacos estudiados están disponibles ya en las farmacias, han sido autorizados por las agencias responsables de la sanidad de cada país y, por lo tanto, han demostrado ser seguros. Para que un medicamento pueda ser aprobado para un uso concreto hay que seguir antes un proceloso camino. De todos es sabido que el tiempo medio desde que se descubre una molécula nueva hasta que esta puede ser vendida en la farmacia es de alrededor de 10 años.

Una de las partes más complejas y largas de este proceso son los ensayos que deben mostrar la seguridad del producto y el régimen de dosis al que debe ser aplicado sin peligro. Encontrar fármacos ya aprobados que puedan ser «reposicionados» (como se dice técnicamente) para otras funciones distintas a las que estuvieron destinados en origen acorta los tiempos y abarata además los costes de estudio considerablemente.

En los cultivos

El estudio ahora presentado utilizó una versión del SARS-CoV-2 modificada con una proteína que le hace fluorescente en determinadas circunstancias. De ese modo, se pueden observar cultivos celulares y comprobar cómo se reproduce el patógeno en ellos. Después, aplicaron fármacos comunes en diferentes estados del desarrollo del virus, desde la fase inicial de invasión de la célula hasta la replicación y la respuesta inmune del organismo atacado. En cada una de esas fases diferentes medicamentos demostraron utilidad.

El Panobiostat, por ejemplo (un medicamento que se utiliza para evitar la proliferación de células cancerosas), demostró ser muy útil para detener la replicación del virus en las primeras fases de infección. La atovacuona ya había demostrado su poder para evitar neumonías graves y ahora se confirma además que puede ser interesante en fases más avanzadas de la infección. El antialérgico ebastina y la vitamina D3 lograron por su parte significativas reducciones de la carga viral.

Aunque es pronto para determinar el verdadero calado de estas investigaciones, parece que la farmacia del barrio podría albergar un pequeño tesoro sin saberlo. Muchos medicamentos ya conocidos pueden tener efecto positivo en algunas de las fases de desarrollo de la Covid-19.

El siguiente paso a partir de ahora será la aprobación de ensayos clínicos en seres humanos que demuestren que las virtudes halladas en el cultivo de laboratorio también tienen lugar en pacientes reales.

Jorge Alcalde es director de «Esquire»