Historia

“Proyecto islero”, cuando España quiso fabricar su propia bomba atómica

Un informe del Estado Mayor publicado hace 50 años reflejaba la necesidad de tener “su propia fuerza de disuasión nuclear”. Fue el inicio “oficial” de la carrera nuclear española, que se frustró tras el Golpe de Estado de Tejero

De izquierda a derecha: Francisco Oltra, José María Otero, Guillermo Velarde, Javier Goicolea, Paul Barbour y Robert Loftness (1958)
De izquierda a derecha: Francisco Oltra, José María Otero, Guillermo Velarde, Javier Goicolea, Paul Barbour y Robert Loftness (1958) FOTO: MInisterio de Defensa

“España necesita su propia fuerza de disuasión nuclear”. Así de tajante se mostraba en 1971 el jefe del Alto Estado Mayor, Manuel Díez Alegría. Tenía claro que “la defensa de España no debía dejarse en manos de Estados Unidos ni de la OTAN, aunque en un futuro pudiésemos entrar en esta organización”.

Por ello, decidió retomar el “proyecto Islero”, un plan para fabricar una bomba de plutonio, desarrollar sus componentes y realizar pruebas en el desierto del Sáhara. El encargado de llevarlo adelante fue Guillermo Velarde, físico y militar del Ejército del Aire, que sabía la envergadura y responsabilidad del proyecto, al que decidió dar el mismo nombre que al toro que acabó con la vida de Manolete el 28 de agosto de 1947 en la plaza de toros de Linares porque presentía que terminaría matándole a disgustos. El sueño de convertir a España en una potencia nuclear comenzó durante la Dictadura, sobrevivió a la Transición y solo acabó después del Golpe de Estado de Antonio Tejero.

El informe del Estado Mayor era el resultado de muchos años de trabajo, proyectos y debates. El “proyecto Islero” comenzó a gestarse mucho antes. Francisco Franco no quería quedarse atrás en la carrera nuclear porque pensaba era fundamental para la defensa de España de posibles amenazas externas. La primera piedra se puso en 1955 con la firma de un acuerdo de cooperación nuclear con Estados Unidos.

El 8 de diciembre de 1953, el presidente de Estados Unidos Dwight D. Eisenhower realizó un histórico discurso en la Asamblea General de las Naciones Unidas en Nueva York llamado ”Átomos para la paz”, en el que el dirigente norteamericano destacó las aplicaciones nucleares en la agricultura, la medicina y la generación de energía y propuso la creación de un “organismo internacional de energía atómica” que promoviese los usos pacíficos de la energía nuclear “en beneficio de toda la humanidad”.

El "proyecto Islero" pretendía lograr la construcción de una bomba nuclear nacional
El "proyecto Islero" pretendía lograr la construcción de una bomba nuclear nacional FOTO: Archivo

En diciembre de 1958 se produjo la inauguración del Centro de Energía Nuclear Juan Vigón, ubicado en Moncloa (Madrid), donde se instaló el primer reactor nuclear. Oficialmente, según explicó el presidente de la Junta de Energía Nuclear, José María Otero Navascués -considerado el padre de la energía nuclear en España-, el reactor “crearía el 80 por ciento de los isótopos” que se utilizarían en la “medicina, agricultura e industria” y que servirían para elaborar productos de enorme valor terapéutico.

Pero la idea que estaba detrás de este proyecto era convertirse en una potencia nuclear. Las relaciones con Marruecos eran complicadas desde su independencia en 1956 y Franco y algunos de sus altos mandos militares como Luis Carrero Blanco consideraban imprescindible tener una bomba atómica que disuadiera a los “enemigos de la Patria”. Franco temía que el reino alauí intentara atacar los territorios españoles fuera de la Península.

Por ello, en 1963 encomendaron a Guillermo Velarde la puesta en marcha en secreto del “proyecto Islero”. Este catedrático de Física Nuclear y comandante del Ejército del Aire, con estudios en física nuclear en Estados Unidos tenía dos claros objetivos: construir una bomba y un reactor nuclear. Velarde apostó por la fabricación de una bomba de plutonio y no de uranio porque, entre otras cuestiones, su enriquecimiento comportaba unos costes muy elevados. Las futuras pruebas nucleares se llevarían a cabo en el desierto del entonces Sáhara español.

Lo primero que había que hacer era saber si España era capaz de desarrollar un arma sin levantar sospechas de la comunidad internacional. Estaban ante un reto prácticamente imposible pero el incidente de Palomares lo cambió todo.

La guerra fría obligaba a Estados Unidos a vigilar de cerca los movimientos de Rusia, con vuelos diarios desde Estados Unidos hasta el Mar Negro para vigilar los movimientos en la zona. El 17 de enero de 1966, en uno de los vuelos de reconocimiento, ya de regreso, un B52 cargado con cuatro bombas termonucleares colisionó sobre el cielo de Palomares (Almería) con un avión nodriza para repostar y poder regresar a Estados Unidos. Como resultado del impacto, se produjo una fuerte explosión, en la que murieron 7 tripulantes. Tres de los ocupantes del B52 lograron eyectarse.

Manuel Fraga (tercero por la izquierda) y el embajador norteamericano se bañaron en las aguas de Palomares días después del accidente
Manuel Fraga (tercero por la izquierda) y el embajador norteamericano se bañaron en las aguas de Palomares días después del accidente EFE

En cuanto a las bombas, Tres cayeron en tierra y fueron localizadas en cuestión de horas. La cuarta necesitó el despliegue de la sexta flota y 80 días de búsqueda en el mar hasta que fue recuperada gracias al testimonio de un pescador local al que no tomaron en consideración hasta que la situación se hizo insostenible.

En plena Guerra Fría, España fue el centro de atención internacional. Más de 300 buques de la Armada Norteamericana se desplazaron hasta la zona. También hubo submarinos rusos al acecho para tratar de hacerse con alguna de las bombas y así poder conocer todos los secretos de sus enemigos. Por suerte, las bombas no explotaron pero sí emitieron radiación que hizo necesaria la eliminación de cientos de toneladas de tierra y el pago de millonarias indemnizaciones a los agricultores locales.

La figura superior es el esquema de una bomba termonuclear con el sistema  Ulam-Teller. La fugura inferior es la aplicación de este método para la producción de energía eléctrica.
La figura superior es el esquema de una bomba termonuclear con el sistema Ulam-Teller. La fugura inferior es la aplicación de este método para la producción de energía eléctrica. FOTO: Instituto de Fusión Nuclear

Para la historia quedó la imagen de Manuel Fraga y del embajador norteamericano bañándose en las aguas de Palomares para demostrar que no había ningún riesgo de radiación. Esta maniobra publicitaria fue a la vez una forma de distracción, aprovechada Guillermo Velarde para recoger muestras de las cuatro bombas termonucleares, de 1,5 kilotones cada una. Dos de ellas habían impactado contra el suelo y se habían abierto, liberando material radioactivo.

A Velarde le llamó la atención de la presencia de un material negro y espumoso pegado a las piedras situadas en la zona del impacto. Después de su estudio, logró averiguar que se trataba de un mecanismo que multiplicaba la potencia de las bombas porque las convertía en termonucleares. Este mecanismo, que lleva el nombre de Ulam-Teller en honor a sus descubridores era uno de los secretos mejor guardados por Estados Unidos, pero la pericia, análisis y capacidad de estudio de Velarde le llevó a conocer la clave de las armas norteamericanas más destructivas.

De derecha a izquierda: el coronel americano encargado de la descontaminación; Rodrigo Peñalosa y Santiago Noreña, de la JEN; Guillermo Velarde, del Alto Estado Mayor y un especialista norteamericano (1966)
De derecha a izquierda: el coronel americano encargado de la descontaminación; Rodrigo Peñalosa y Santiago Noreña, de la JEN; Guillermo Velarde, del Alto Estado Mayor y un especialista norteamericano (1966) FOTO: Ministerio de Defensa

Este hallazgo supuso un cambio radical en la investigación española y tratar de emular el sistema utilizado por Estados Unidos podría poner en riesgo todo el proyecto porque sería muy complicado mantenerlo en secreto y España no podría asumir las fuertes sanciones económicas de la comunidad internacional. Así que el “proyecto Islero” se paralizó, pero Velarde continuó con sus investigaciones. A pesar de ello, España decidió quedarse fuera del Tratado de no Proliferación Nuclear de 1968. Así, España logró producir los primeros gramos de plutonio.

La década de los 70 arrancaba con el convencimiento de que el “Proyecto islero” lograría la bomba atómica. la Central de Vandellós era la elegida para producir los primeros gramos de plutonio de uso militar. De hecho, el plan de hacer pruebas en el Sáhara no había cambiado.

Asesinato de Carrero Blanco
Asesinato de Carrero Blanco FOTO: . La Razón

Luis Carrero Blanco era uno de los principales valedores del proyecto y llegó a la presidencia del Gobierno el 9 de junio de 1973. La carrera nuclear parecía imparable y la CIA llegó a alertar en sus informes de que España era “el único país europeo que merece atención como posible proliferador”.

El 19 de diciembre de 1973, Carrero Blanco se reunía con el secretario de Estado norteamericano Henry Kissinger en Madrid. La reunión era de vital importancia para los norteamericanos, muy preocupados por el futuro político de nuestro país, estratégico por su acceso al Mediterráneo y por las bases militares. Franco, en sus últimos años de vida, preparaba la transición. EE UU veía con buenos ojos la elección de Juan Carlos de Borbón como nuevo rey, pero la reunión con Carrero Blanco no fue todo lo bien que esperaba el dirigente americano.

Kissinger y Nixon, en 1973
Kissinger y Nixon, en 1973

Al día siguiente, un coche bomba de ETA acababa con la vida de Carrero Blanco. La muerte del presidente no logró detener la fiebre nuclear. Su sucesor, Carlos Arias Navarro siguió adelante y tras la muerte de Franco, Adolfo Suárez hizo lo propio a pesar de las presiones del gabinete de Jimmy Carter para que firmara en tratado de no proliferación de armas nucleares. Velarde comenzó a trabajar mano a mano con el ministro de Defensa, Agustín Rodríguez Sahagún, y el vicepresidente, el general Manuel Gutiérrez Mellado.

Pero todo se frustró en 1981. El PSOE presentó una moción de censura contra Adolfo Suárez, que presentó su dimisión por el desgaste sufrido y por la falta de apoyos. Durante la investidura de Leopoldo Calvo Sotelo como nuevo presidente, Antonio Tejero irrumpió en el Congreso en su fallido Golpe de Estado. El 1 de abril, con el nuevo Ejecutivo ya formado, España se adhiere al Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) en Viena, lo que suponía de forma oficial del final del sueño de convertir a España en una potencia nuclear.