Eléctrico, híbrido, diésel o gasolina, ¿qué coche contamina más?

Aunque todos los vehículos emiten dióxido de carbono a la atmósfera, a lo largo de su vida útil, algunos son más sostenibles que otros para el medioambiente y la salud de las personas.

Planta automovilística.
SKODA
  (Foto de ARCHIVO)
13/07/2021
Planta automovilística. SKODA (Foto de ARCHIVO) 13/07/2021SKODA SKODA

El origen del automóvil, tal y como lo conocemos hoy en día, data de finales del siglo XIX, más concretamente, del año 1885. En esa época, Carl Benz patentó el primer vehículo de la historia diseñado para ser impulsado por un motor de combustión interna, el Benz Patent-Motorwagen. El coste inicial de su fabricación fue de 600 marcos de oro alemanes, aproximadamente 150 dólares de la época, equivalente a poco más de 3.000€ hoy en día. Durante el transcurso el siglo XX, fueron altamente demandados y las economías desarrolladas se volvieron dependientes de su uso. Al final del siglo XX, los automóviles fueron adquiriendo varias funciones a favor de la comodidad y seguridad de los pasajeros, como el airbag, aire acondicionado, elevalunas eléctricos, GPS, cámara o los sensores de estacionamiento, entre otros. En la actualidad, la mayoría de los automóviles siguen siendo propulsados por motores de combustión interna, aunque el mercado está sufriendo una conversión hacia opciones más sostenibles, con los automóviles híbridos y eléctricos, con el propósito de mitigar los efectos de la contaminación de dióxido de carbono (CO2), una de las causas del calentamiento global.

Aunque todos los coches emiten CO2 de alguna forma, también los eléctricos, no existe un cálculo objetivo de las emisiones que producen durante toda su vida útil. Según datos de la Agencia Europea de Medio Ambiente, alrededor del 51% del dióxido de carbono emitido por los coches eléctricos está en su proceso de producción, principalmente en la energía utilizada para producir la batería. De hecho, esta parte representa alrededor del 40% de las emisiones totales en el proceso de fabricación de automóviles, según los datos del informe 13/2018 de la Agencia Europea de Medio Ambiente, y una quinta parte de las emisiones proviene de la extracción de minerales esenciales para su fabricación.

Eléctrico

La marca de automóviles Mercedes, calculó que la producción de uno de sus coches eléctricos, más concretamente el EQC, produciría 16,4 toneladas de CO2. Además, si su batería se carga con energía híbrida de la UE durante todo su ciclo de vida, agregará alrededor de otras 16 toneladas. El 49% restante de las emisiones durante todo el ciclo de vida provienen de su uso, ya que aunque no producen humo al circular, la electricidad que consumen sí genera emisiones en función del origen de su producción. De hecho, según datos de la Agencia Europea de Medio Ambiente, un coche de gasolina de tamaño medio emite una media de 143 gramos de CO2 por kilómetro, y un coche eléctrico de similares características cuenta con una emisión de entre 60 y 76 gramos, es decir, una reducción del 47% al 58%. En los vehículos híbridos enchufables, esta reducción es del 36%.

Si los vehículos eléctricos recargaran sus baterías con energía limpia, a través de fuentes de energía renovables, estas emisiones se reducirían en gran medida. Bajo esta suposición, un Mercedes EQC solo producirá 0,7 toneladas adicionales de CO2 durante su vida útil. Si lo comparamos con un automóvil de combustión, las emisiones totales de CO2 se reducen en un 70%. El anteriormente citado informe de la Agencia Europea de Medio Ambiente estima que, si se implementa la política europea de energías renovables, las emisiones de los vehículos eléctricos bajarán de 60 gramos de CO2 por kilómetro a 40 en 2030, y a 16 gramos en 2050.

Diésel y gasolina

En la fase de producción, los vehículos con motor de combustión interna emiten entre 1,3 y 2 veces menos de CO2 que los vehículos eléctricos. Pero a lo largo de su vida, generan emisiones directas al quemar combustible. Hace unos años, los vehículos diésel eran los grandes perdedores en el ámbito de la contaminación porque eran los vehículos que emitían las sustancias más nocivas. Hoy la situación ha cambiado y ya no hay tantas diferencias. Ya que actualmente están equipados con una serie de tecnologías de tratamiento de gases, como son los catalizadores, filtros de partículas o AdBlue, entre otros, que realmente pueden neutralizar las emisiones de NOx, partículas e hidrocarburos sin quemarse. Según la normativa Euro 6d, el límite de emisiones de NOx para los gasolina será de 120 mg por kilómetro, y de 90 para los diésel. En lo que respecta a estos últimos, debido a que son más eficientes energéticamente y queman menos combustible que los automóviles de gasolina, producen una reducción del 20% al 25% en sus emisiones. Además, la propia generación de los combustibles, tanto gasolina como diésel, genera emisiones que habría que contabilizar. Así, según el estudio “Fuels Europe Refining Prodducts for Everyday Life–Vision 2050″, un 12% de las emisiones de CO2 se producen durante la extracción y transporte, el 7% durante el proceso de refinería y transporte, y el 80% restante, en la combustión.

Híbridos

Los vehículos enchufables híbridos, en su ciclo de producción, emiten más CO2 que los de combustión, aunque menos que un eléctrico, al tener baterías de menor tamaño. Sin embargo, durante su fase de utilización, las emisiones son un 34% inferiores respecto a un automóvil diésel o gasolina, según el “Índice Equa”, un organismo independiente que mide en condiciones reales su rendimiento.

Para finalizar, si tenemos en cuenta todo el ciclo de vida de un vehículo, un eléctrico emite entre un 17% y un 21% menos de CO2 que un diésel. Y entre un 26-30% menos que un coche de gasolina de similares características. Así que, desde el punto de vista de las emisiones que afectan al calentamiento global, los eléctricos son los coches más sostenibles, seguidos de los híbridos y los diésel, con los coches de gasolina en último lugar. Asimismo, desde el punto de vista de la salud pública, los eléctricos también resultan vencedores, pues apenas generan emisiones locales, por lo que no contaminan el aire cuando circulan. No se puede decir que sean “coches de cero emisiones” por todo lo anteriormente citado y porque además, parte de las partículas contaminantes PM10 y PM2,5, vienen del desgaste de las pastillas de freno por su fricción con los discos o del roce de los neumáticos con el asfalto, componentes que también tienen. De hecho, según la Agencia Europea de Medio Ambiente estas emisiones son similares a las que producen los automóviles con motor de combustión, pues aunque el uso del freno regenerativo, un dispositivo que permite reducir la velocidad de un vehículo transformando parte de su energía cinética en energía eléctrica, emite menos partículas, estos vehículos suelen ser más pesados.