La cara más amable de la UME en La Palma

La Unidad Militar de Emergencias llegó con la misión de controlar los posibles incendios generados por el volcán y ha acabado colaborando en multitud de tareas esenciales

José Antonio Calvo es el capitán del Segundo Batallón de Intervención en Emergencias (BIEM II) de la Unidad Militar de Emergencias (UME) con base en Sevilla, desplazado en La Palma durante la emergencia volcánica. Él y todo su equipo no se habían enfrentado nunca a un volcán. «En esto creo que todos somos novatos», asegura.

Sin embargo, el trabajo coordinado y pautado desde el primer día, que empezó tan solo cuatro horas después de producirse esta catástrofe en la isla, ha provocado que la emergencia en La Palma esté siendo un «éxito» dentro de las circunstancias. Eso sí, salvando una de los acontecimientos más dramáticos ocurridos hasta la fecha, el fallecimiento de un hombre de 70 años a causa del posible derrumbamiento del tejado en el que trabajaba por el peso de la ceniza. Este hecho aún no está confirmado ni se conocen las verdaderas causas de la muerte.

José Antonio Calvo cuenta que la UME fue convocada a desplazarse a La Palma apenas cuatro horas después de que comenzase la erupción; los primeros efectivos desplazados de esta unidad procedían de la isla de Tenerife (con base en Los Rodeos) y de Las Palmas de Gran Canaria (con base en Gando). «El primer cometido que se nos asignó durante esta misión fue el de controlar los posibles incendios forestales que se produjeran a raíz del avance de las coladas de lava que, al fin y al cabo, es fuego recorriendo zonas verdes y boscosas», detalla.

El capitán del Segundo Batallón de Intervención en Emergencias 
(BIEM II), José Antonio Calvo
El capitán del Segundo Batallón de Intervención en Emergencias (BIEM II), José Antonio Calvo FOTO: Foto La Razón

Sin embargo, para sorpresa de todo el equipo, tras 63 días de erupción no se ha producido ningún incendio forestal preocupante o que generase destrucción. «Nos dimos cuenta de que la propia estructura de la lava evitaba los incendios en sí, ya que alcanzaba la temperatura de 1.200 grados y la propia convección de la lava no dejaba que se iniciara fuego en los bordes de la misma, además de que las condiciones meteorológicas no eran las más adecuadas para que se generasen incendios grandes de tipo forestal», explica.

La Unidad Militar de Emergencias ha sido un pilar básico para la gestión de la emergencia volcánica debido a la innumerable cantidad de capacidades que ofrece este cuerpo. «Somos muy flexibles, nos adaptamos a cualquier misión ya que tenemos muchas capacidades», asegura el capitán del Segundo Batallón de Intervención en Emergencias (BIEM II). Desde que llegaron a la isla de La Palma y se conformó el Puesto de Mando Avanzado (PMA), el centro operativo de gestión del volcán, la UME ofreció todos sus servicios y posibilidades a la hora de hacer frente a la catástrofe.

«Estamos 24 horas con personal nuestro observando las coladas y notificando por dónde van al Puesto de Mando; también realizamos mediciones del aire para determinar la calidad del mismo y dar seguridad a nuestros intervinientes que se encuentran en la zona de exclusión, y además realizamos vuelos de reconocimiento a través de los dron que tienen cámara térmica y nos resulta muy útil para determinar qué colada está más activa», explica Calvo.

A medida que pasaban las semanas y el número de coladas de lava aumentaba, era una necesidad llevar un control y numeración de las mismas, para que desde la dirección de la emergencia se pudiera conocer detalladamente la ubicación y el desplazamiento de las mismas. Este trabajo también fue realizado por la UME, quien organizó numéricamente las lenguas de lava en orden cronológico según su aparición. Actualmente, hay once coladas contabilizas.

«Estas nomenclaturas nos han servido para entendernos con todo el mundo para que cuando decimos, por ejemplo, la colada uno es la más activa, que todo el mundo sepa identificarla, al igual que la dirección de la emergencia», explica. Además, la Unidad Militar de Emergencias, con los mismos vuelos que realizan con los dron, están construyendo el levantamiento del modelo digital del terreno, denominado MDT, que también ofrecen «como producto» a la dirección técnica de la emergencia, ya que la topografía del terreno cambia constantemente y donde antes habían vaguadas ahora se encuentran rellenas o bien de material lávico o bien de ceniza, por lo que a la hora de enfrentarse a fuertes lluvias, las zonas de evacuación del agua cambiarían por completo.

José Antonio Calvo destaca que el día a día en la Unidad Militar de Emergencias supone tomar mediciones de la calidad del aire de manera constante. «Es importante determinar por dónde se puede acceder y por dónde no, ya no solo para nuestro propio personal, sino para los vecinos de la zona o los desalojados que entran en el área de exclusión a por sus enseres domésticos».

Además, la UME trabaja codo con codo con la Armada en el desembarco de agricultores para regar las fincas de la costa, también ahí miden las condiciones de calidad del aire y permiten o deniegan el paso.

La presencia de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado en La Palma es muy notoria actualmente. Además de la UME, hay desplazados en la isla personal de la Armada, Ejército de Tierra, Guardia Civil, Policía Nacional, Policía Canaria, Policía Local y demás personal técnico. «La relación con el resto de cuerpos es muy buena, estamos todos combatiendo contra la misma amenaza y estamos coordinados con el PMA, ya que todos venimos a sumar y a colaborar para que esta amenaza acabe cuanto antes», declara el capitán.

La acogida por parte de los palmeros ha sido un motor esencial en el trabajo de la unidad. «Con la UME siempre todo el mundo se ha portado muy bien y nos sentimos muy agradecidos por ello, pero con el pueblo palmero la relación ha sido más íntima y cercana, estamos muy orgullosos de sus valores, viendo el desastre que se ha causado se lo ha tomado de la mejor manera posible y cada vecino y vecina ha ayudado en lo que ha podido aún si su situación era peor que la del vecino de al lado», cuenta José Antonio.

La impactante forma de asumir «que lo pueden perder todo» es lo que más ha impactado al equipo de la UME. «Es una población que ha seguido trabajando a pesar de todo, ayudando en la emergencia, estableciendo sus propias cuadrillas para limpiar la ceniza de los tejados, por ejemplo».

A pesar de que sea la primera emergencia volcánica que ha gestionado la Unidad Militar de Emergencias y no sea comparable con un incendio, José Antonio Calvo asegura que es un procedimiento lento, en el que las decisiones se pueden tomar de una forma más pautada y consensuada, «contra la lava no podemos actuar, ojalá tuviéramos un remedio, pero sí podemos apaciguar la emergencia estableciendo alertas tempranas, avisando a la población para que puedan recuperar todo lo que pueda de sus casas, así como la retirada de cenizas, que supone un paso muy importante también porque demasiada ceniza provoca el derrumbe de la infraestructura, y al final es como si se la llevara la lava».

Ya son muchos los palmeros que especulan sobre la posibilidad de instaurar una unidad de la UME en las instalaciones del Acuartelamiento El Fuerte, en Breña Baja, y José Antonio asegura que «para nosotros siempre es un motivo de alegría que la gente quiera una unidad de la UME en su lugar, porque eso significa que lo estamos haciendo relativamente bien».

Canarias ya cuenta con dos bases de la UME en sus dos provincias: Tenerife y Las Palmas, que pertenecen al batallón de Sevilla. Por el momento «el operativo funciona bien con esta coordinación; normalmente, cuando surge una emergencia, se activa automáticamente a la sección de Rodeos en Tenerife, Cando en Las Palmas o las dos; si la emergencia se extiende mucho en el tiempo, entran en acción más batallones aparte del de Sevilla y trabajamos en turnos de 12 horas de trabajo y 12 horas de descanso», explica.