El azote de “Mr. Wonderful”: contra la dictadura de la felicidad

María Jesús Giménez arrasa en Twitter con mensajes que cuestionan las recetas “tipo Disney” de “gurús y psicólogos irresponsables”

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Con cerca de 20.000 seguidores, la psicóloga María Jesús Giménez (Palma de Mallorca, 1967) se ha convertido en una prescriptora en Twitter. Todos sus mensajes, que obtienen al minuto centenares de “likes”, están dirigidos a erradicar tanta tontería, tanta psicología que no lo es y que, según ella, acaba con la gente sentada en su consulta “con un gran sentimiento de culpabilidad”. Nada de que lo que creemos, lo creamos; ni de pedirle al Universo que nos depare, al fin, algo bueno; ni de desear algo muy fuerte, muy fuerte, hasta conseguir que se haga realidad. Esta madre de cuatro hijos defiende que hay que poner los pies en la tierra y ver el vaso medio vacío porque, si no, “no va a haber manera de llenarlo”.

-Es usted el azote de Mr. Wonderful en las redes.

-Ja, ja, totalmente. Pero el que está equivocado es él, yo hablo de la realidad, lo que pasa es que a veces duele. Hay que huir del “mundo Disney”, ese que sería muy bonito si existiera, claro. El problema es que luego yo me encuentro en consulta con los estragos que hace. La vida no es eso, es un discurso muy infantil. Rascas un poquito cualquier frase y no se sostiene.

-¿De dónde hemos heredado esta infantilización del discurso?

-Mucha literatura de autoayuda tiene ese discurso. La imagen del héroe; del si quieres, puedes; el new age, el si tú lo crees lo creas... Está muy centrado en el individuo, en sus capacidades, todo es un problema de tu actitud. Es un concepto totalmente individualista y nunca verás un contexto, que no solo es importante para lo que hacemos cada día sino que explica de dónde venimos y lo que nos ha hecho ser lo que somos.

-¿Cuál de todas esas ideas le da más rabia?

-Todo eso de pedir al Universo, de atraer lo que deseas... A partir de aquí ya cabe todo. En esto está basada la famosa teoría del libro “El secreto”.

-Madre mía, puro pensamiento mágico.

-El mensaje engancha mucho, claro. A todos nos gusta creer eso.

-Sobre todo, pensar que tenemos tanto poder sobre lo que nos ocurre...

-Yo soy más realista que otra cosa. No debemos confundir esta corriente de pensamiento positivo con la psicología positiva, que es una rama rigurosa. Mr. Wonderful, básicamente, te dice que si deseas algo y lo piensas muy fuerte, muy fuerte, lo consigues.

-Es como creer en los reyes magos, ¿no?

-Exacto. La consecuencia además es que, si eres una persona realista, entonces es que eres negativa. El que no ve el vaso medio vacío no lo va a rellenar, por eso es peligroso. Para mejorar cualquier cosa hay que saber lo que no funciona. Entre la realidad y lo que a mí me gustaría, hay siempre una brecha en la que a veces tenemos margen de maniobra y otras, en cambio, no. Se trata de aceptarla, de no macharme. Para eso sirve Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT), para ver que los pensamientos que me impiden avanzar son solo eso. Lo que hay que hacer es avanzar.

-¿Qué patologías traen los que quieren desintoxicarse del falso positivismo?

-El final es siempre la ansiedad. Es muy difícil no tenerla en un mundo en el que estamos expuestos a demasiada información, muchas veces contradictoria. Si no aprendes a poner un poco de filtro...

-Es un cortocircuito constante.

-Demasiado bien estamos. Como no hago un análisis del contexto ni de la situación, porque vivo dentro de este discurso de que es culpa mía, aparece la culpabilidad. Si no estoy bien es porque no lo intento, cuando lo normal si tienes una vida complicada es que estés mal.

María Jesús Giménez, psicóloga
María Jesús Giménez, psicóloga FOTO: La Razón La Razón

-Luego están los sociópatas.

-Claro, lo extraño es que una persona con motivos para estar mal está bien.

-¿Qué gurús le generan más rechazo?

-Bueno, sin dar nombres, aquellos que lo centran todo en la actitud... Generan un personaje que da dinero y lo que dicen, vende. No tienen ética, les guía el negocio y el estar en la cresta de la ola. El problema es que el Colegio de Psicólogos no pone orden. El cliente no tiene por qué saber discernir quién es un cuentista.

-En su Twitter dice cosas como que “lo más importante es que no nos hagamos demasiado caso”.

-Ja, ja. Cuando alguien me llama y me pregunta por algo que he escrito, tiemblo. Pero esto que comentas me lo dijo esta semana una paciente que ha estado muy mal, la pobre. Y es lo que al final me dice todo el mundo cuando se despiden. Llegan viviendo en sus pensamientos, en esta vocecilla que solo habla de “deberías” y que hace reproches. Dialogar con este juez interno no lleva a nada, solo a darle más poder. Dejamos de hacer cosas y tomar decisiones porque no sabemos hacerlo perfecto.

-¿Qué le dicen las “malas madres”?

-La necesidad de ser una madre perfecta ha hecho mucho daño. Para que un niño se traumatice hace falta mucho más de lo que creemos. Esas madres que aspiran a la perfección están perdidas porque han olvidado ser lo que son, personas, cuidarse y hasta contemplarse. Por encima de madre eres persona y mujer.

-También habla mucho de cómo nos engañan en el trabajo.

-Es una parte importante de la vida, no lo voy a negar. Es mejor que te guste lo que haces, pero, dicho esto, la vida no es solo eso y el éxito vital no está ahí. Mucha de la corriente de la literatura que critico viene de identificar el éxito con la carrera profesional. Se lo pone muy fácil a las empresas para aprovecharse.

-Otro asunto que le ocupa es el de las mujeres maltratadas.

-Esta semana he visto a varias, es terrible. Y muy jóvenes. Pocas cosas me generan más frustración que ver a chicas inteligentes con una dependencia emocional semejante.

-Parece que somos más independientes económicamente y menos desde un punto de vista emocional.

-Las causas son multifactoriales, pero no deja de estar relacionado con la necesidad de control y la posesión. Usan mil técnicas de manipulación. Ellas se quedan totalmente enganchadas y creen que les quieren. Es como un secuestro de la parte racional total.

-Le ha declarado la guerra al mantra del “aquí y ahora”.

-El mindfulness y la atención plena sirven para no irme a un pensamiento invasivo que me ataca y que no me lleva a ningún lado. Funciona poner la atención en el presente, en lo que está pasando en este momento. Ya sea la respiración u otra cosa. Es útil, una herramienta para no ponerme a dialogar con ese pensamiento. Lo que no sirve es rebatirlo, es una batalla perdida. Pero, como todo, de esto se hacen cursos, chiringuitos, especialistas... y la hemos liado.

-...

-Es que es un ejercicio, no entiendo que de eso se haga una teoría de vivir siempre en el presente. Dile a alguien que sufre que viva en el ahora. Tiene que encontrar la forma de volver a agarrarse a la vida. Las personas, cuando están mal, necesitan futuro. Ése es uno de los grandes problemas de la pandemia, que nos ha matado la ilusión por hacer cosas. La ilusión se conjuga en futuro. Hacen falta metas y esperanza.

-¿Vivimos en una dictadura de la felicidad?

-Mira, si para algo ha servido la pandemia, ha sido para poner este positivismo un poco en su sitio. Ya no es tan fácil colocar ese mensaje. La dictadura de la felicidad está pasada. La gente no se puede sentir obligada a eso. La presión, precisamente, inhabilita que llegue. La lucha por conseguirla añade otro problema añadido.

-Parece mentira que suframos estas tasas de depresión con tanta ciencia y tanto conocimiento.

-La ansiedad es como la fiebre, como un síntoma de que algo está mal. Si no analizamos de dónde viene y aprendemos a manejarlo, la persona se siente incapaz de salir de ahí y puede acabar en una depresión. Manejarlo a veces significa aceptar que no podemos cambiarlo. Se nos enseña muy poco a todo esto, a manejar la brecha de desrealidad.