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El botón para apagar la metástasis

Científicos de la Universidad de Colorado descubren un novedoso método para evitar que el cáncer se extienda a órganos no afectados. Consiste en eliminar la función de autofagia

  • El estudio propone apagar la capacidad de regeneración de las células responsables de la metástasis
    El estudio propone apagar la capacidad de regeneración de las células responsables de la metástasis

Tiempo de lectura 4 min.

21 de agosto de 2018. 01:50h

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Jorge Alcalde 21/8/2018

Por desgracia, conocemos bien la palabra. Metástasis, la condición indeseada que convierte a un cáncer posiblemente curable en algo más peligroso, a veces intratable. Son células cancerosas que han abandonado su hogar natal para colonizar otros tejidos distintos: un pulmón, un cerebro, un hueso. Este viaje les genera estrés y las pone en situaciones de riesgo. Lo malo es que las células metastásicas suelen venir equipadas con estrategias de resistencia muy poderosas; son capaces de sobrevivir y viajar en condiciones duras, por eso es tan difícil detenerlas.

Investigadores del Centro de Investigación del Cáncer de la Universidad de Colorado acaban de publicar el resultado de un estudio que abre la puerta a futuras estrategias para socavar su fortaleza. Proponen «apagar» su capacidad de regeneración, su habilidad para sobrevivir, desconectar los mecanismos moleculares que utilizan para seguir siendo fuertes con el tiempo. Todas las células poseen un sistema de autoregeneración. A lo largo de su actividad, tienen que enfrentarse a la producción de material aberrante, restos moleculares que si se acumulan terminan siendo nocivos. Del mismo modo que la actividad humana genera basuras que hay que tratar, las células crean material degradado. En lugar de sacar el cubo de casa, encierran ese material en vesículas y lo reciclan gracias a la actividad de los lisosomas. A ese mecanismo de defensa se le llama autofagia. Los lisosomas son los basureros celulares que encierran los materiales dañinos en una «bolsa» de doble membrana llamada autofagosoma. Ahí habitan los lisosomas que fabrican sustancias degradantes para descomponer la «basura» celular.

Este nuevo estudio ha puesto su foco en esos lisosomas. La idea es bloquear la capacidad de las células tumorales de reciclar su material y reducir así su habilidad para viajar. Los científicos de Colorado han visto que el punto débil puede estar en los lisosomas. Existe una gran diferencia entre inhibir genéticamente la autofagia celular y solo la acción de los lisosomas. La segunda técnica es mucho más eficaz. De esa manera podemos seleccionar qué células en concreto son atacadas.

La clave está en un compuesto químico llamado cloroquina que inhibe la acción de los lisosomas y que es comúnmente utilizado para el tratamiento de enfermedades como la malaria. Se ha descubierto que cuando generan resistencia a la cloroquina, estas células dejan de ser metastásicas. De ese modo se abre la posibilidad de tratar a un paciente de un cáncer primario con este medicamento y observar qué células se hacen resistentes a él.

Los expertos han sido capaces de diferenciar grupos de células cancerosas en función de su resistencia o sensibilidad a la cloroquina. Esta condición es vital para conocer el riesgo de metástasis. En el futuro, los médicos podrían utilizar esta información para pronosticar el riesgo de un paciente de desarrollar la enfermedad. La nueva investigación no solo abre la posibilidad de eliminar la capacidad metastásica de una célula, sino que puede ser útil para el diagnóstico precoz de metástasis que aún no se han producido.

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