Familias enteras juegan como niños a vivir en la antigüedad en Atapuerca

Familias enteras han vuelto hoy a su niñez y han retrasado el reloj siglos y hasta miles de años en Atapuerca (Burgos) para experimentar como nuestros antepasados manejaban el fuego o construían herramientas y armas para cazar con los medios más rudimentarios.

La Asociación Española de Arqueología Experimental, en colaboración con el Museo de la Evolución Humana (MEH) y la Fundación Atapuerca, ha organizado ocho talleres como cierre del IV Congreso Internacional de Arqueología Experimental, que se ha celebrado desde el jueves en el MEH.

Rodrigo Alonso, presidente de la asociación de arqueología experimental, ha explicado que esta rama del conocimiento pretende "replicar en el presente procesos tecnológicos que tuvieron lugar en el pasado".

No ha ocultado la satisfacción al ver el Parque Arqueológico de Atapuerca lleno a rebosar.

Uno de los que se ha acercado a participar en las actividades y "curiosear"es Antonio, que ha llegado al parque acompañado por sus hijos, Diego y Andrea, de siete y diez años.

Se ha mostrado sorprendido porque "quería que los niños disfrutaran, pero creo que los mayores gozamos todavía más".

Igual que a muchos de los visitantes, le ha llamado la atención la aparente facilidad con la que los expertos encienden fuego solo con un arco y una varilla de madera, aunque ha reconocido que él ha probado y no ha sido capaz.

Rodrigo Alonso ha recordado que todavía hay algunas tribus, como los Masái o los aborígenes australianos, que siguen haciendo fuego empleando los mismos materiales y técnicas que sus antepasados paleolíticos.

A los monitores habituales del parque arqueológico y el equipo del Museo de la Evolución Humana se han sumado hoy algunos de los más de doscientos expertos de quince países que han participado en el congreso internacional, el más nutrido que se ha celebrado hasta ahora en el mundo dedicado a la Arqueología Experimental.

Uno de ellos ha sido Felipe Cuartero, de la Universidad Autónoma de Madrid, que ha mostrado como nuestros antepasados de la prehistoria eran capaces de tallar una piedra hasta obtener un bifaz que usaban como cuchillo o punta de lanza.

Otro taller que ha llamado especialmente la atención de los visitantes es el que reproduce un telar del neolítico.

Ana Delia Rodríguez, del Laboratorio de Evolución Humana de la Universidad de Burgos, ha explicado que en los yacimientos postpaleolíticos apenas existen evidencias que demuestren la existencia de telares fijos.

Los científicos creen que trabajaban con el telar de placas o telares de mano rígidos similares a los escandinavos, realizados en madera y por tanto difícilmente recuperables en la excavación, pero que se han reconstruido para poder ser mostrados a los visitantes del Parque Arqueológico de Atapuerca.

En el recorrido por el parque también se puede ver un taller donde se tallan lascas de sílex para convertirlas en cuchillos o puntas de lanza.

No ha faltado una técnica más reciente, como la fundición para convertir minerales como la malaquita en bronce, en este caso mostrada por el grupo "Sierra Activa".

Uno de los monitores, Eduardo Cerdá, ha explicado a los visitantes que para mantener las temperaturas elevadas que se requieren para obtener bronce durante horas se tuvieron que generar una serie de "avances muy notables".

Pequeños y mayores han disfrutado también al ver pruebas de puntería con las primeras armas que permitieron al hombre cazar a distancia: jabalinas, propulsores y arcos.

Incluso algunos niños y niñas han tenido la oportunidad de probar su puntería como un propulsor y un arco.

También los más pequeños han tenido su ocasión de experimentar cómo se vivía en la prehistoria, en su caso utilizando las técnicas de pintura rupestre del Paleolítico Superior.

Asimismo, han podido comprobar cómo se obtenían los pigmentos a partir de elementos que hay en la naturaleza, qué se usaba como pincel y saber que también empleaban algo parecido a los actuales aerosoles, soplando la pintura a través de una caña hueca.