¿Le gustaría ser invisible?

Un instituto sueco lo ha conseguido: crea por primera vez la ilusión de que nadie puede vernos

Imagen del experimento del Instituto Karolinska de Suecia
Imagen del experimento del Instituto Karolinska de Suecia

Un instituto sueco lo ha conseguido: crea por primera vez la ilusión de que nadie puede vernos

No es la primera vez que la ciencia se acerca a un tema tan recurrente en la ficción como la invisibilidad. Lo cierto es que físicos que estudian las propiedades de la luz, ingenieros que buscan materiales indetectables y neurólogos que investigan nuestro aparato de percepción visual se han dejado seducir por el deseo de que exista «el hombre invisible», la capacidad de hacer desparecer cosas y personas a los ojos del común de los mortales.

En los últimos años se han realizado algunos avances aún muy precarios en el empleo de materiales que desvían las radiaciones del espectro electromagnético para que no transmitan información visual sobre un determinado objeto: en esencia, para volverlo invisible desde un punto de vista dado.

Pero ¿qué pasaría si realmente viéramos que una persona o una herramienta desaparecen ante nuestros ojos? ¿Cómo reaccionaríamos si nos cruzásemos con el hombre invisible? ¿Y si nosotros mismos nos desvaneciéramos en el aire?

Un equipo del Instituto Karolinska de Suecia ha realizado un curioso experimento al respecto. Ha creado por primera vez la ilusión de que tenemos un cuerpo que nadie puede ver. La experiencia consistió en hacer a una serie de voluntarios que utilizarán un casco de realidad virtual mientras permanecían quietos y de pie en la sala del laboratorio. En un momento dado, a los participantes se les pedía que se mirasen el ombligo mientras las gafas de realidad virtual les ofrecían una imagen del fondo de la sala en lugar de la de su propio cuerpo, como si el abdomen fuese transparente. Al mismo tiempo, un investigador acariciaba el cuerpo del voluntario con un pincel y con la otra mano realizaba los mismos movimientos en el aire.

En cuestión de pocos minutos los voluntarios empezaban a sentir en su cuerpo el contacto del pincel que se movía en el aire, aunque en realidad no les estuviera tocando nadie. Habían creado una sensación de tener un cuerpo invisible, que se puede tocar pero no ver.

En un ya clásico experimento de neurociencia, los mismos investigadores habían logrado hace unos años generar esa misma ilusión con una mano. Es el llamado experimento de la mano invisible: una persona se sienta frente al investigador e introduce la mano en una caja donde no pueda verla. El investigador toca su mano y, a la vez, mueve un pincel en el aire a la visa del voluntario. Al final la persona objeto de investigación siente como si le estuvieran tocando una segunda mano inexistente.

Pero es la primera vez que se logra reproducir este experimento con la experiencia de tener un cuerpo entero invisible. En este caso, se probó con 125 voluntarios. Incluso se simuló que se acercaba un cuchillo al aire para observar que la reacción de los pacientes fue la misma que habrían experimentado si se hubiera amenazado con un cuchillo apuntado hacia su cuerpo real.

Los autores de la investigación pretenden averiguar cómo se comportaría un ser humano en caso de poseer la habilidad de desaparecer. Si las tecnologías de invisibilidad siguen avanzado, ¿cambiará nuestra conducta al ser invisibles? ¿Tendremos los mismos miedos, las mismas limitaciones éticas y morales? ¿Seremos humanos idénticos a los que ahora somos?

La idea puede parecer peregrina, pero el desarrollo de la tecnología de modificación de la percepción es muy veloz. Dentro de poco existirán pinturas o tejidos que oculten a la vista armas, vehículos o seres humanos. ¿Qué implicaciones éticas podrá tener que se generalicen estas herramientas? Solamente lo sabremos si somos capaces de experimentar qué se siente al usarlas.