No somos tan viejos

Un nuevo estudio propone redefinir el concepto de tercera edad... Tener 65 años hoy equivale a 55 de hace décadas.

Tener 65 años hoy es equivalente a lo que suponía tener 55 hace varias décadas. Ésa es la tesis del trabajo del demógrafo Sergei Scherbov, investigador del centro Wittgenstein de Capital Humano Global, publicado ayer en la revisa «Plos One». Y es que los aumentos en la esperanza de vida de las poblaciones no producen necesariamente un envejecimiento de sus ciudadanos, más bien lo contrario. Sherbov considera que la edad puede ser medida de dos maneras: «Como el tiempo de vida que se lleva disfrutado o como el tiempo de vida que aún queda por vivir». De ese modo, en una sociedad con una esperanza de vida media de 70 años, una persona de 65 podría ser considerada una anciana. Pero en las sociedades modernas, con esperanzas de vida al nacer que superan los 80, esa misma persona no está ni mucho menos en su vejez. Los estudios demográficos tradicionales tienden a marcar un umbral fijo como edad de tránsito a la ancianidad. Superados los 65, las estadísticas nos sitúan directamente en la tercera edad. Pero la investigación de Sherbov ha demostrado que cada vez más gente de más de 65 años presenta un perfil sanitario, sociológico y económico propio de la mediana edad y muy alejado del perfil de un anciano o anciana. De manera que el concepto de vejez cambia con el tiempo y las tablas demográficas deberían tener en cuenta estos cambios. De hecho, el autor del texto propone que se catalogue a las personas de menos de 70 años siempre como «mediana edad». La propuesta tiene su importancia. Entrar en el segmento de la tercera edad significa comenzar a ser merecedor de ciertos beneficios sociales y de un seguimiento específico por parte de las autoridades administrativas o sanitarias. En términos estrictamente científicos, los estudios sobre grandes poblaciones (por ejemplo las investigaciones epidemiológicas globales) deberían tener en cuenta el ajuste del concepto de vejez en diferentes culturas y países. El nuevo trabajo ha consistido en la proyección de tres posibles escenarios futuros de evolución de la población. En el menos optimista, la esperanza de vida al nacer no mejoraría en el próximo siglo. En el más optimista habría un aumento de la longevidad de 1,4 años por década. Si se mantienen los actuales parámetros para considerar a una persona entrada en la tercera edad, cuanto mayor es la esperanza de vida, más grande es el porcentaje de población considerada «vieja». Sin embargo, si los parámetros demográficos son flexibles y se adaptan a la realidad natural, cuanto mayor es la esperanza de vida, menor es el porcentaje total de ancianos. Eso es importante porque las políticas sociales y laborales deberían adaptase también al nuevo planteamiento. Los autores proponen por eso redefinir el concepto de vejez incluyendo factores como el capital humano, la necesidad de atención sanitaria, la independencia, las aptitudes laborales, etc... y huir de los actuales planteamientos de una edad de inicio fija. De hecho, creen que lo más probable es que en el futuro se considere que una persona ha entrado en la vejez cuando supera la edad de 15 años antes de la esperanza de vida media al nacer de su comunidad. Por ejemplo, en España hoy la esperanza de vida es de 82,5 años, con lo que la tercera edad debería comenzar a los 67,5. Pero es posible que se alcancen los 85 años de longevidad pronto. En ese caso la «vejez» comenzaría (a efectos sociodemográficos, claro) a los 70.