A por los restos más antiguos en la Cueva del Fantasma

Los arqueólogos de Atapuerca se han fijado un nuevo reto para los próximos años: hallar vestigios de presencia humana de más 1,5 millones de años en una nueva cavidad

Los arqueólogos de Atapuerca se han fijado un nuevo reto para los próximos años: hallar vestigios de presencia humana de más 1,5 millones de años en una nueva cavidad.

Hace más de 20 años, los investigadores José María Bermúdez de Castro, Juan Luis Arsuaga y Eudald Carbonell salieron a dar una vuelta por los alrededores de la Gran Dolina –uno de los yacimientos más importantes de Atapuerca– y se toparon con la coloquialmente conocida como Cueva del Fantasma. «Conocíamos que podía existir y cuando nos adentramos sólo un poco ya percibimos sus posibilidades», reconoce José María Bermúdez de Castro, uno de los impulsores del yacimiento y responsable de la creación del Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana (Cenieh). Esta pequeña concavidad, de unos 30 metros de diámetro, fue una cueva desde la época de los romanos. Por ello, sabían que para dar con restos de relevancia arqueológica tendrían que levantar varias capas de sedimento. Pero, lamentablemente, alguien se les adelantó. «Al año siguiente, cuando volvimos para valorar la importancia del hallazgo, descubrimos que alguien había estado removiendo cerca de una tonelada de restos y, tras denunciarlo a la Guardia Civil, decidimos sellarla con una valla y ponerla un candado», recuerda Bermúdez de Castro. Y nadie volvió a entrar, hasta hace un año.

Con la crisis, la aportación de Castilla y León para ayudar en la financiación de las excavaciones se redujo bastante, pero «este año ha sido generosa y, por eso, hemos visto la oportunidad de reabrir». El año pasado, con ayuda de una máquina, ya empezaron a levantar los sedimentos de la cantera y «descubrimos que el yacimiento estaba en buenas condiciones, aunque, como es lógico, con el trabajo de la cantera sufrió daños». Ahora, con el compromiso de la consejera de Cultura y Turismo, María Josefa García Cirac, de construir una cubierta que proteja al yacimiento durante el invierno, saben que el año que viene podrán iniciar sondeos manuales con un equipo de entre siete y ocho personas. «Por lo que podemos aventurar a primera vista, es una cueva muy grande. Calculamos que podría tener un diámetro de unos 30 metros y también conocemos que en su interior podremos dar con restos de la industria lítica», afirma Juan Luis Arsuaga, codirector, junto a Eudald Carbonell de las excavaciones de Atapuerca.

¿Por qué es tan importante adentrarse en esta cueva? Aunque muchos burgaleses, hace años, se adentraran en esta cavidad en busca de algún fantasma, la realidad es que científicamente su interés es muy importante. «Cuanto más alta esté la cueva, más tiempo de ocupación ha tenido. Es decir, que han podido vivir ancestros de épocas más antiguas» y la Cueva de los Fantasmas es muy alta, resalta Arsuaga. Es por ello que, aunque saben que es una meta difícil de alcanzar, «creemos que tal vez podamos hallar vestigios de 1,5 millones de años», un reto que colocaría a Atapuerca en un lugar aún más importante en lo que a relevancia arqueológica respecta. Lo que si pueden afirmar con seguridad es que «existen restos de entre 300.000 y 400.000 años, de acuerdo con nuestros primeros sondeos», afirma el investigador.

En Atapuerca, hasta el momento, lo más antiguo que han hallado data de 1,3 millones de años. Es una lasca, que desenterraron en 2014, la que determinó que en la sierra de Burgos había existido presencia de homínidos desde esa fecha. Pero, para dar con esta herramienta, los arqueólogos tuvieron que descender hasta el nivel más bajo de la Sima del Elefante. Y es que una de las principales dificultades para encontrar restos más allá de los 500.000 años es porque estos antepasados no empezaron a vivir en cuevas hasta ese momento y, por lo tanto, dar con vestigios de su presencia anteriores es todo un reto.

El trabajo en la Cueva del Fantasma no va a ser cuestión de un par de años, es una excavación, como la mayoría de Atapuerca, a largo plazo. «Nosotros podremos ver los hallazgos más primarios, pero su trabajo puede llevar varias décadas», añade Bermúdez de Castro.