La mujer acusada de matar a su hija en Lalín (Pontevedra) admite los hechos y su marido se declara inocente

La mujer acusada de matar a su hija y quemar la casa en el municipio de Lalín (Pontevedra) ha reconocido los hechos en el arranque del juicio, mientras que su marido, acusado también por el crimen, se ha declarado inocente. "Sí, hice lo que hice", ha dicho la procesada. En medio de una gran expectación mediática ha arrancado este martes en la Sección Segunda de la Audiencia Provincial de Pontevedra el juicio contra José M. y Carmen R., el matrimonio acusado de matar a su hija y quemar su casa en el lugar de Outeiro, en el municipio pontevedrés de Lalín.

"¿Reconoce los hechos de los que se le acusan?", preguntó el presidente de la Sala, el magistrado Xosé Manuel Barreiro, a Carmen R.. "sí, hice lo que hice", contestó la acusada. Por su parte José M. se declaró inocente. Carmen R. ha respondido este martes con detalle a las preguntas formuladas por la fiscal y los abogados de las defensas en el inicio del juicio. Antes de iniciar su relato, la acusado ha explicado que tenía a su cuidado a tres personas dependientes, su madre, Erundina Lalín, de 89 años; su tío Manuel, de 56 y con síndrome de down; y un antiguo trabajador de la granja, Amador Vázquez, de 83 años.

"Fuertes dolores"

En general describió su estado de salud como "muy malo"aquejados de diferentes dolencias. Entre otras, ha señalado que "Manuel tenía constantes jaquecas y gritaba de dolor, además sufría úlceras en las piernas. Pero era un bendito". También padecía, según su declaración, "fuertes dolores"Amador, del que insistió en su agresividad. Además la acusada atendía a las labores propias de la explotación ganadera. El 29 de octubre del año 2010, según coincidieron en señalar ambos acusados, Jose M. fue el primero en acostarse tras tomar unas pastillas para dormir, sobre las dos de la madrugada. Entonces la procesada acudió a la habitación en la que dormía su hija Sonia y con una maza la golpeó reiteradamente en la cabeza hasta matarla.

"Era mi niña, la quería con locura, Era lo mejor en mi vida", ha manifestado, entre lágrimas, la procesada. "Yo estaba trastornada, loca. Una persona que está bien nunca haría eso", ha apostillado. A continuación Carmen R., siempre fuera de sí, según ha insistido, metió una bombona de gas butano en la habitación de Amador y luego subió un saco con mazorcas de maíz que repartió por el suelo de toda la casa. Según su relato, bajó de nuevo al sótano y vertió una garrafa de gasoil prendiéndole fuego a la casa. Acto seguido se metió en cama junto a su marido y se quedó dormida. "Una persona que hace lo que hice yo no está con sus cinco sentidos. Deja de ser persona", ha insistido.

Sobre las 6:30 horas José M. despertó con el ruido de los golpes de bastón que Amador estaba propinando en el suelo. Según explicó, en ese momento sintió un fuerte olor a humo y le gritó a su mujer que avisase a Sonia, pero Carmen solo gritaba: "Yo quiero morir. Me voy a suicidar". A oscuras, porque no había electricidad, el acusado acudió a la habitación de su hija y empezó a moverla para que despertase "pero no se movía". "Entonces sentí la sangre en mi mano. Pude distinguirla por la luz de las farolas de la calle que estaba muerta", ha dicho. Entonces le increpó a su mujer: "Qué hiciste. Esto es una salvajada".

Dando a su hija por muerta José M., según dijo durante el juicio, pensó en socorrer a los ancianos, por lo que fue a despertarles para que se pusieran a salvo. Según su versión, salió entonces de la casa para retirar los coches aparcados en el bajo de la vivienda y evitar que agravasen el incendio. En ese intervalo perdió de vista a su esposa. Viendo que los mayores abandonaban la residencia por su propio pie, empezaron a buscar a su mujer "pensando que se había ahorcado en el establo", según dijo. La encontró en la granja contigua a la vivienda, en el sótano de la explotación ganadera donde se encontraba la fosa séptica a la que se había arrojado con la intención de suicidarse.

Según ha declarado el matrimonio, el hombre se lanzó al estiércol para evitar que Carmen R. se ahogase y permaneció a su lado durante horas, "pidiendo socorro hasta quedar afónico", según ha subrayado, y hasta que los sacaron efectivos de Protección Civil.

Locura transitoria

El abogado de la defensa de Carmen R. trató de explicar el comportamiento de la mujer por una locura transitoria, producto de una suma de circunstancias. En concreto, un bajo coeficiente intelectual "que le sitúa en un retraso mental", el miedo a una situación económica difícil "no hacía falta que fuese real sino que ella lo interpretaba así", que hacía tres días que había dejado de tomar la medicación contra la depresión, y el denominado síndrome del cuidador quemado, que un psiquiatra describió como el producto de una vida "sin tiempo libre, en una situación de aislamiento, con varios familiares dependientes a su cargo"y con una gran sensibilidad que hace suyo el sufrimiento de los demás.

El marido rubricó punto por punto estas manifestaciones y dijo que su relación con su esposa seguía siendo "buena", porque entendía que "no era ella"cuando se produjeron los hechos. La Fiscalía les imputa dos asesinatos alevosos y otros tantos delitos de asesinato en grado de tentativa respecto a la madre y el hermano de Carmen R.. En total, pide 58 años de prisión para cada uno, mientras que las defensas solicitan la absolución del matrimonio. El juicio se retomará este miércoles, ya que una avería en el equipo de videoconferencias ha impedido la comparecencia de dos peritos forenses.