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La verdadera relación de los perros con el azúcar

Del mito a la verdad. Las mascotas ciegas no requieren de cuidados especiales ni la causa de su enfermedad responde a la ingesta excesiva de glucosa

Del mito a la verdad. Las mascotas ciegas no requieren de cuidados especiales ni la causa de su enfermedad responde a la ingesta excesiva de glucosa.

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Muchos dueños de mascotas que padecen ceguera ignoran las necesidades que éstos requieren. Se desconoce cómo tratarlos y se subestiman sus numerosas aptitudes y capacidades, aun sin poseer el sentido de la vista.

Es una «verdad popular» muy repetida, –tantas que ya se afirma como una verdad absoluta– que los animales no deben tomar azúcar porque se quedan ciegos. Su sensibilidad al dulce es supuestamente muy superior a la de las personas y, por tanto, la ingesta de sacarosa les proporcionará un alto riesgo a padecer ceguera. Del mismo modo, es propenso tender al sobreproteccionismo de las mascotas que han perdido la visión presuponiendo su incapacidad para realizar las actividades usuales y propias de las mascotas videntes.

El vocal del Colegio de Veterinarios de Madrid, Manuel Lázaro, con quien se ha puesto en contacto LA RAZÓN, se ha encargado de desmitificar estas afirmaciones que presuponemos como obvias pero que desde la evidencia científica, no lo son.

Que el azúcar provoque ceguera en los animales es una «leyenda urbana muy extendida», afirma el vocal y veterinario. Para argumentarlo, explica que la causa de problemas oculares se debe a la diabetes porque puede generar cataratas y éstas derivar en ceguera. Tal y como ocurre en los seres humanos. El hecho de tomar mucho azúcar supone obesidad y problemas de salud, pero no hay una relación causa efecto con que perjudique a la visión. La gran diferencia en los perros respecto a las personas es que, en su caso, la diabetes tipo 2 es muy poco frecuente. La más propensa en animales tiende a ser la diabetes tipo 1, aquella que necesita insulina. La prevención es, como para cualquier problema de salud, una dieta correcta y saludable, pues además, según Lázaro, asimilan peor los hidratos de carbono que las personas.

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No necesitan juguetes

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Los perros invidentes requieren del mismo entretenimiento que cualquier otro perro: «Más que juguetes específicos es darle un nivel de actividad y un entorno enriquecido», ha apuntado Lázaro. Lo que ocurre es que no se pueden dejar en libertad en una calle o un parque desconocido porque no conocen el territorio. Necesitan de paseos más largos con los dueños y más ejercicio. Les beneficia el contacto con personas en casa, caricias y atención. Pero, tal y como afirma el veterinario, los perros tienen una capacidad de visión espacial muy marcada: «Los perros se aprenden una casa rápidamente y son capaces de recorrerla a la carrera con una capacidad considerablemente superior a las personas. Eso sí, cuidado a la hora de cambiar muebles en casa para evitar accidentes.».

Cuando se le pregunta a Manuel Lázaro por juguetes para perros con problemas de visión responde que cualquiera que proporcione entretenimiento, desde aquellos destinados a la mordedura, hasta los que funcionan por el olfato, en los que el propio juguete esconde comida y el animal ha de encontrarla.

El mito del blanco y negro

«Los perros no ven en blanco y negro». El veterinario apunta que el tema de los colores es complicado porque como ocurre con las personas, los perros no conciben las cosas externas de la misma manera. Lo que sí está demostrado científicamente es que tomando como base al tipo de células que hay en la retina, unas para visión nocturna y otra diurna, la proporción de células para visión nocturna es mayor en los perros que en las personas. Esto podría explicar que su capacidad de visión tienda más a tonos pastel que a colores fuertes o brillantes como lo percibenlas personas. De ahí que se afirme que los perros de noche, a diferencia de los seres humanos, no necesitan de ningua luz y puedan moverse en la oscuridad sin ningún tipo de inconveniente. Aun así, en el caso de los perros ciegos, tendrán mucha facilidad para trasladarse de un lugar a otro por su aptitud para aprenderse el entorno que les rodea.