Salud

Los «supervivientes» de las pseudoterapias

Aunque pocos se atreven a denunciar, Juanjo, Antonio y Teresa muestran la verdadera cara de las terapias pseudocientíficas. Ella casi muere, Juanjo perdió dinero y tiempo, y la madre del mejor amigo de Antonio falleció hace tres meses.

Juanjo sufre esclerosis múltiple. Asegura que cada vez que iba al acupuntor no notaba nada, ni bueno ni malo
Juanjo sufre esclerosis múltiple. Asegura que cada vez que iba al acupuntor no notaba nada, ni bueno ni malolarazon

Aunque pocos se atreven a denunciar, Juanjo, Antonio y Teresa muestran la verdadera cara de las terapias pseudocientíficas. Ella casi muere, Juanjo perdió dinero y tiempo, y la madre del mejor amigo de Antonio falleció hace tres meses.

Teresa tenía tal desesperación que confió en que la homeopatía podía salvarla. Una decisión por la que «estuve a punto de fallecer», denuncia. Le intervinieron de peritonitis en Alcoy y cogió una infección. «Me operaron cuatro veces en un espacio muy breve de tiempo. Los especialistas no sabían ya qué hacer. Tenía fiebre y me seguía encontrando muy mal. Así que decidí acudir a un médico homeópata». El hecho de que fuera un profesional sanitario le dio confianza. «Él trabaja como médico en la Seguridad Social y en la casa tiene la consulta de homeopatía. Cuando fui me dijo que solo me podía recetar productos homeopáticos, que el proceso iba ir lento, pero que me iba a recuperar. Probé, pero no iba a mejor y eso que tomé un montón de botes que me recetó», recuerda Teresa, que contactó con la Asociación para Proteger al Enfermo de Terapias Pseudocientíficas (Apetp).

Sin embargo, cada vez estaba peor: «Me dolía tanto que se me quitaron las ganas de comer. No exagero, perdí cinco kilos en dos semanas». Al encontrarse peor que antes volvió a la consulta. «Al ver la analítica me dijo que tenía una infección aguda y que me tomara unas bolitas que me lo iban a controlar y bajar la infección. Una vez en casa, me vi tan enferma, había perdido tanto peso, que busqué a un especialista de digestivo. Esta vez me fui a Alicante. Fui por privado. Estuve un par de días ingresada. Si llego a esperar un día o dos me hubiera muerto. Gracias a los antibióticos se me quitó la infección». Teresa reconoce que «nunca le dije a los médicos que había decidido quitarse del tratamiento médico ni que opté por la homeopatía». Algo muy grave. Antes de esto, ella creía que le podía ser útil. «Tiempo atrás había estado decaída y opté por la homeopatía y la verdad es que me sentí mejor, pero es más que nada porque te escuchan, solo por eso. Si estás enfermo de verdad los productos homeopáticos no funcionan. No sirven de nada. No hacen ni bien ni mal, pero si te confías te puede costar la vida». Pero es que «estuve tantos meses tan mala que hubiera probado lo que fuese para salir de aquello».

Caso bien distinto es el de Juanjo. Él siempre ha sido escéptico de las mal llamadas terapias alternativas. De hecho, cuando le diagnosticaron esclerosis múltiple en 2010 decidió ir a Galicia para que un neurólogo le atendiera. Cuál fue su sorpresa cuando el médico «me aconsejó que para la espasticidad que tenía, que en aquella época era muchísimo menor que la de ahora, podía utilizar la acupuntura». «Le dije que tenía muchos reparos, máxime siendo biólogo, pero me insistió en que aunque ciertamente no valía para todo lo que decían, para el caso de mi rigidez muscular, que ellos sí que habían visto que podía ser de utilidad».

«Me volví a Teruel y fui al acupuntor, un médico licenciado. La primera cita fue una charla de una hora y media en la que me preguntó de todo. Me costó 50 euros. Le pedí un recibo y me dijo que ya me lo daría. Aún lo estoy esperando. Como iba a ir más veces no le di importancia. En la primera sesión me dijo que con cuatro iba a notar mejoría. En la cuarta no noté absolutamente nada. Entonces me dijo que como mi espasticidad era bastante grave que habría que hacer diez sesiones. Cada una costaba 36 euros. Llegué a la décima sesión y estaba exactamente igual que en la primera. Me dijo que al ser un caso tan especial que a la sesión decimoquinta lo notaría. A la decimocuarta directamente no aparecí».

«Era una tomadura de pelo. No notaba nada, ni bueno ni malo, ¡nada! Estaba una hora y media con las agujas clavadas, con música relajante, todo muy agradable, pero al llegar a casa estaba exactamente igual que cuando entraba allí. Fue una pérdida de tiempo mía y del familiar que me llevaba porque yo no podía conducir y 550 euros tirados». Por suerte, Juanjo volvió a la medicina avalada científicamente, con los neurólogos de Zaragoza que llevan su caso. Jamás hubiera acudido a la acupuntura si no hubiera sido por el médico de Galicia. «Le diría que tenga un poco de vergüenza antes de aconsejar utilizar estos tratamientos, que no juegue ni él ni otros titulados con la esperanza de las personas que estamos delante de ellos confiados esperando hallar una solución y te mandan a una cosa que son solo castillos en el aire». Por eso insiste en que todas las personas que estén en una situación similar que él que «no opten en ningún momento por terapias que no tengan aval científico y sobre todo que jamás dejen la medicina basada en la evidencia por cosas que no tienen ningún aval científico». Un mensaje que trata de transmitir al resto de miembros de la Asociación Turolense de Esclerosis Múltiple de la que es presidente. «Nos llegan todo tipo de ofertas surrealistas a la asociación: cambios de dieta, auriculoterapia o incluso la cama pirámide una estructura en la que dicen que si metes la cama es capaz de estabilizar toda tu energía y si te duele algo te deja de doler... Sólo buscan ganar dinero rápido».

Es lo que Antonio le intentó transmitir a la madre de su mejor amigo. «Falleció hace tres meses. Su hijo me ha dado permiso para denunciar su caso para tratar de evitar que otra persona pase por lo mismo». Le diagnosticaron cáncer de mama. Y optó por ponerse en manos de un naturópata. «Le dijeron que con homeopatía y reiki – «técnica» que dice canalizar y transmitir la energía vital a través de la imposición de manos– iba a conseguir remitir el cáncer, que era igual de eficaz que la medicina pero sin los efectos secundarios. Ella no entendía que la estaban estafando. Le dije que no se fiara, el médico también se lo dijo, además tenía un tratamiento específico con el que podía haberse curado, pero optó por la naturopatía ya que no tenía efectos secundarios». Ni primarios...

Al año, por la insistencia de su familia acudió a revisión. Había cuadriplicado el volumen del tumor y se le había extendido por todo el cuerpo». Esta vez sí se puso en tratamiento. «Los médicos le dieron tres meses de esperanza de vida. Y lograron darle casi dos años y medio de vida. Le dio tiempo a despedirse», dice Antonio notoriamente emocionado. «Tengo 25 años y me ha visto crecer desde que nací. Cómo se le dice a alguien al que quieres que la están timando para que te haga caso... A pesar de ser ingeniero químico con especialización en procesos biológicos, ella me veía como si fuera un niño».

«Ella pensó que era la mejor opción». Confió, confió en su naturópata. El mismo que nada más decirle que iba a ir a revisión, «la bloqueó por WhatsApp, no le cogía el teléfono, etc. Ella fue a denunciar. El problema según le explicó la Policía es que el naturópata había utilizado una identidad falsa y que él nunca le dijo que dejara el tratamiento médico». «A todos los naturópatas les diría que desistieren, que aunque digan que quieren ayudar, lo que quieren es ganar dinero y que quizá mañana el que esté en la misma situación que estuvo la madre de mi mejor amigo puede ser un familiar suyo. Que dejen de engañar».