Sociedad

Más «touching» y menos «coaching»

Una nueva corriente de entrenamiento motivacional hace hincapié en el desarrollo de la cercanía física y emocional para hacer que las relaciones tanto personales como laborales sean más fructíferas

Varias personas participan en una sesión dirigida por Pablo Álamo en la Universidad Real Centro María Cristina de El Escorial
Varias personas participan en una sesión dirigida por Pablo Álamo en la Universidad Real Centro María Cristina de El Escoriallarazon

Una nueva corriente de entrenamiento motivacional hace hincapié en el desarrollo de la cercanía física y emocional para hacer que las relaciones tanto personales como laborales sean más fructíferas.

Dicen que nos hace falta tocar más, sentir al prójimo. Acercarnos a la psique y al cuerpo del otro para que las relaciones humanas mejoren y nuestro día a día, ya sea tanto laboral como personal, sea más fructífero. Habrá quien se lleve las manos a la cabeza cuando le planteen esta premisa y huya despavorido ante la idea de tener que sentir la piel ajena a pocos centímetros. Sin embargo, los que defienden y definen esta filosofía de vida como el clímax de una sociedad perfecta insisten en sus beneficios, tanto individuales como globales. El «coaching» ha hecho durante muchos años especial hincapié en nuevos modelos de conducta y los formadores de esta disciplina han brotado como amapolas en el campo. El «boom» de entrenadores de las emociones tuvo su momento y ahora surgen nuevas corrientes que buscan en rincones perdidos de la personalidad nuevos ingredientes que mariden la receta perfecta.

Una de estas especialidades que cada vez tiene más adeptos es el «touching» y su mayor gurú es Pablo Álamo, que desde hace meses impulsa estas técnicas tanto en España como en América Latina. Este reconocido consultor y doctor en Economía y Empresa define esta herramienta emocional como «una manera de entender el liderazgo basado en la cercanía relacional, la conexión emocional y la inspiración interior». Álamo, que atiende a LA RAZÓN durante una de sus sesiones en la Universidad Real Centro María Cristina de El Escorial, defiende que aunque «el ''coaching'' siempre será necesario, no es la solución más eficaz para muchos problemas y desafíos personales».

Pero, ¿cuál es la diferencia real entre «touching» y «coaching»? Según el experto, radica en la metodología y la finalidad. «Si el ''coaching'' se fundamenta sobre preguntas poderosas con miras a generar procesos de transformación, el ''touching'' busca esencialmente empoderar a las personas en la misión propiamente humana de conectar con el otro, con los colaboradores que forman parte de su empresa y su vida. Si en el ''coaching'' el paradigma es la transformación a través de aumentar los niveles de conciencia, en el ''touching'' el paradigma es la relación, la responsabilidad del líder tanto a nivel de resultados como en las relaciones interpersonales». En resumen, esta nueva corriente es un incipiente modo de pensar el liderazgo y la vida en común en la que el contacto físico y emocional es fundamental.

Fabián es uno de los estudiantes de Pablo que ha bebido de su sabiduría. Como graduado en ADE, su objetivo durante las sesiones de formación fue poder implementar los conocimientos en su práctica diaria. «Durante las clases se realizaban ejercicios de introspección: analizar tu estado actual y el deseado, así como el de los demás, todo ello sobre la base del contacto. Existe todavía mucho miedo a establecer contactos íntimos o personales con los demás y es conveniente corregirlo adecuadamente», asegura este malagueño de 25 años.

Evidentemente, de inmediato surgen las dudas sobre los límites que deben existir cuando se busca un mayor acercamiento hacia el otro. «El sentido común es el que debe marcar las líneas rojas. Debemos tomarnos estos principios como algo natural, que fluya solo», apunta Fabián. Por su parte, Santiago Iguaz, que trabaja como director de recursos humanos en un bufete de abogados, puntualiza sobre este aspecto que «hay que ser prudente con las cercanías físicas». «Hay líneas que rojas que se deben cruzar con especial prudencia para que no genere problemas, pero lo que pretende el ''touching'' no es provocar conflicto sino todo lo contrario. Es un bien de interés general», asevera. Él conoce bien el método de Álamo y le ha visto en acción. «Él consigue una conexión emocional con el alumno, algo que es fundamental», dice.

Iguaz defiende que esta revisión del «coaching» es más que positiva porque «en la medida qua hay mayor cercanía, mayor conocimiento de la realidad del que tenemos al lado, la cosa cambia de manera definitiva. Hay que conseguir entender y sentir al otro», dice el directivo. Él hace especial énfasis en dos aspectos: escuchar de verdad y asimilar lo que nos cuentan y dedicar tiempo de calidad a nuestros encuentros con terceras personas.

Además, Iguaz aprovecha para desmentir el dogma de que los que pertenecemos a culturas mediterráneas tenemos ventaja en este sentido. Según él, «parecemos más cercanos», pero es un error. «Es cierto que en el aspecto social somos más próximos, tocones..., pero en una oficina somos lo que yo denomino ''artificialmente cercanos''. Si nos comparamos con los ciudadanos del centro-norte de Europa, observamos que ellos son más fríos en las relaciones personales, pero mucho más claros en la comunicación de los mensajes. Damos por hecho que los demás entienden lo que suponemos que es básico. Los británicos, por ejemplo, aunque sea una obviedad, se sientan contigo y te lo explican mirándote a la cara», analiza.

En todas estas «incidencias» psicosociales, Álamo vio una oportunidad. Él, después de más de diez años dedicado al coaching y la consultoría, se dio cuenta de las limitaciones de éste. «En diversas conversaciones con mi socio, el mexicano Alfredo Meneses, llegamos a la conclusión de que las empresas y las personas necesitan menos ''coaching'' y más ''touching'', entendido éste de dos maneras: como la absoluta necesidad de que los líderes estén cerca de sus colaboradores, sean cercanos y ''toquen'' la realidad de cada miembro de su equipo. Él también se refiere al ''touching'' a un segundo nivel, más profundo, como la misión esencial humana que los líderes no pueden delegar: «tocar» los corazones de sus seguidores o colaboradores en la misión. «Hay que tocar la realidad del otro, sus problemas, limitaciones, contextos y expectativas; tocar su corazón, sus motivaciones más profundas: sólo así podemos sacar lo mejor de la gente y conseguir un compromiso sostenible». Además, insiste en que el touching se aparta del paradigma del éxito en los negocios y propone una manera diferente de «habitar la ciudad, la empresa, la familia...».

Anna tomó buena nota durante una de sus clases. «Potenciar la autoestima, que al fin y al cabo es clave para desarrollarse uno mismo, y progresar en cualquier ámbito. Un ''toucher-coucher'' debería tener muy en cuenta ese aspecto», dice. Durante las sesiones a las que acudió esta responsable de calidad-logística de una empresa de tornillería en Valencia, realizaron, según dice, ejercicios muy interesantes de acercamiento. «Realizábamos diálogos entre compañeros de clase, ejercicios en parejas...», detalla.

El «touching» comienza a consolidarse como una nueva corriente psicosocial en un momento en el que la tecnología quiere sustituir a las relaciones humanas. Los maestros de esta corriente dicen querer poner fin al proyecto de modernidad que impulsó Descartes y que, según Álamo, «prostituyó» las relaciones humanas, las cuales basó en la competencia.