No al silencio cómplice

La violencia de género nos afecta a todos. Es imprescindible romper el silencio cómplice, el silencio que nos hace dudar, girar la cara, no ver, no reaccionar, no movernos. Debemos lograr que las víctimas se reconozcan como tales y pidan ayuda.

Toda la sociedad debe implicarse: las personas que rodean a las víctimas, su familia, amigos, compañeros de colegio, institutos, entorno laboral y también el ámbito socio-sanitario, siendo vital en esta concienciación el papel de la Prensa. El mejor antídoto contra la violencia de género es la implicación de la sociedad y el trabajo y la coordinación de todas las instituciones.

Desde éstas debemos hacer un gran esfuerzo para informar y asistir a las víctimas desde el primer momento, desde antes de la presentación de la denuncia, ayudándolas, acompañándolas y, sobre todo, protegiéndolas y garantizándoles una ayuda integral.

Deben acometerse reformas legislativas que amplíen el concepto de violencia de género a cualquier ataque contra una mujer por el hecho de serlo, y no sólo el ataque cometido en el seno de la pareja, y que incluyan también actos de carácter sexual no consentidos con un tercero, los matrimonios forzosos, el tráfico o favorecimiento de la inmigración clandestina de mujeres con fines de explotación sexual, las mutilaciones genitales femeninas, el aborto y la esterilización forzosa y el acoso sexual. Todas las reformas que se realicen deben hacerse desde el sosiego y la reflexión, con intervención, diálogo y consenso de todos, no sólo de los partidos políticos, sino de todos los operadores implicados en esta materia. Los expertos tienen propuestas como la preceptividad de la asistencia letrada desde antes de la interposición de la denuncia, la supresión de la circunstancia atenuante de confesión en los asesinatos y homicidios, el cumplimiento íntegro de las penas, la posibilidad de imposición de prisión permanente revisable en los delitos de asesinato, la desaparición del criterio del elemento subjetivo en los tipos penales de violencia de género, el reforzamiento de los recursos de rehabilitación de maltratadores, la irrelevancia del consentimiento de la mujer en los quebrantamientos de condena o medida cautelar y la introducción de un nuevo tipo penal de suplantación de identidad en redes sociales.

Detectamos un incremento de la violencia de género entre los jóvenes y adolescentes, sobre todo motivado por el uso de las nuevas tecnologías. Creemos que hay que usar y valerse de las redes sociales para llegar a esas potenciales víctimas para contrarrestar este fenómeno. La educación es clave en la erradicación de estas violencias machistas, educación en igualdad, en el respeto a las mujeres, en la resolución pacífica de los conflictos y en el rechazo a todo tipo de discriminación hacia la mujer, que debe incluirse en los ciclos formativos desde la infancia.

Sumemos fuerzas y rechacemos unánimemente cualquier expresión por mínima que parezca de resistencia hacia la igualdad de género, combatamos activamente la discriminación, la crueldad y el ensañamiento contra las mujeres, aislemos al maltratador y condenemos a todos los que ejercen la más vil de las violencias de nuestra sociedad, violencia que cuesta vidas aún hoy, en pleno siglo XXI.

Ángeles Carmona, vocal del CGPJ y presidenta del Observatorio Contra la Violencia Doméstica y de Género