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Padre Ángel: «El cáncer me hizo mejor persona»

«Lloraba en secreto por las esquinas porque no quería hacer sufrir a nadie», cuenta el padre Ángel. Le dijeron que padecía cáncer hace ahora diez años pero «yo no me resigno ante la enfermedad».

  • Padre Ángel: «El cáncer me hizo mejor persona»
    / Alberto R. Roldán

Tiempo de lectura 4 min.

04 de febrero de 2017. 12:14h

Comentada
Rocío Ruiz.  4/2/2017

No puede con él ni la enfermedad. A los ocho días de ser operado de un cáncer de colon (ahora hace diez años), el fundador de Mensajeros de la Paz decidió bajar en pijama a dar misa en la capilla del hospital de Guadalajara. Es de los que opinan que la vuelta al trabajo ayuda a superar el trance. Pocos se enteraron de su enfermedad porque la vivió en silencio y con dolor, pensando que estaba a punto de marcharse y tenía muchas cosas pendientes por hacer. «No quería preocupar a nadie», dice. Pero confiesa que la dura travesía de la enfermedad le «humanizó». Dice que la religión «ayuda» en los momentos difíciles. Éso, y tener un hombro sobre el que llorar.

–Hace ya diez años que han pasado desde que le diagnosticaron un cáncer de colon. ¿Qué se le pasó por la cabeza cuando se lo dijeron?

–Cuando uno tiene muchos años es testigo de bastantes noticias tristes en la vida: la muerte de tu madre, la de algún amigo... Pero cuando me dijeron que padecía cáncer y que me tenían que operar de urgencia me quedé paralizado. Fue un momento difícil. En aquella época me encontraba en África, en Benín. Veía que perdía kilos sin motivo aparente, así que, nada más llegar a España, fui a ver a un médico amigo para que me diera un diagnóstico. Enseguida me hicieron todos los exámenes y esa misma mañana me dijo que tenía cáncer. Se me cayó el mundo encima. Lo primero que uno piensa es que se tiene que despedir de la vida, de los suyos... Piensas en las cosas pendientes que tienes. Sin embargo, yo soy de esos que se resisten a resignarse ante la enfermedad. No soy de los que piensan que lo evangélico es aceptar las cosas y esperar la muerte.

– ¿Ha sentido miedo cuando le ha tocado ir a una revisión?

–Desde luego. Se pasa mal porque no sabes si el problema ha acabado o el cáncer se va a reproducir. Soy de los que prefieren morir de un bombazo antes que en un hospital. Tengo miedo a los hospitales y a los médicos. A éstos siempre les digo medio en broma que les quiero lejos...

–Ha padecido cáncer sin que prácticamente nadie lo supiera. ¿Por qué no se conoce tanto ese episodio de su vida teniendo en cuenta lo mediático que es?

–Yo lloraba en secreto por las esquinas porque no quería hacer sufrir a la gente. No deseaba compartir la enfermedad porque bastante sufrimiento tiene la gente con las cosas que ocurren en la vida. En el postoperatorio empecé a contarlo a muchas personas a las cuales estoy muy agradecido porque es en ese momento cuando uno se da cuenta de quién te quiere y quien está contigo.

–¿Es posible llevar una vida normal con cáncer?

–Sí. A los ocho días de operarme celebré una misa, ya me sentía con ganas de seguir trabajando. Uno no debe tirar la toalla. Continuar con el trabajo sana mucho. Pero lo más importante es querer vivir. Lo malo es que hay veces que el cáncer está tan avanzado que no hay posibilidades de mejora. Por eso es tan importante que nos revisemos, porque la vida es bella y tenemos que cuidarnos. Yo reconozco que me he querido poco y sigo haciéndolo...Pero ya me quiere mucho la gente (dice entre risas).

–Imagino que la fe le ha ayudado a pasar por este trance.

–Sin duda, es un pilar. Los que tenemos fe pensamos que hay algo más allá, que tenemos a nuestros padres en el otro lado y que nos podremos reunir con ellos. El Papa Francisco suele decir a aquellos que no creen que si uno ha hecho las cosas bien, algún lugar especial tiene que tener. Creamos o no, cuando uno reflexiona da gracias por haber hecho cosas buenas.

–Steve Jobs decía que uno tiene que ser capaz de unir los puntos para darse cuenta de que, a la larga, lo malo siempre nos conduce hacia algo bueno. Para hacer este análisis sólo basta un poco de tiempo. ¿Qué es lo que uno aprende cuando pasa por un momento tan duro?

–Aprendes a valorar lo que tienes, a dar gracias, a disfrutar de la vida y a disfrutar haciendo feliz a la gente. Uno piensa el tiempo que ha perdido en no llamar por teléfono, en no saludar a la gente, en no ir a ver a los amigos, a los enfermos... A veces es de tontos tener que esperar a una enfermedad para hacerte más responsable y valorar de verdad la vida. La madre Teresa de Calcuta lo decía: hay que vivir la vida, disfrutarla y también cuidarla, y a veces no la cuidamos lo suficiente. Creo que el cáncer me ha ayudado a ser mejor persona, pero no hay que ser tontos... No hay que esperar a una enfermedad para hacernos mejores, más humanos y para dar gracias a Dios por la vida.

–¿Qué le diría a una persona que le acaban de diagnosticar un cáncer?

–Que tenga mucha fe en Dios y en los médicos y que crea que va a salir adelante. La derrota no la puedo entender. Hay muchas experiencias de enfermedades no curables, pero cuando uno se empeña es capaz de vivir. La religión nos ayuda mucho y, después, tener una mano amiga. Es difícil y triste la soledad, no tener a quien llorar tus penas. Cuando te pasa algo así tienes que aprender a ver lo positivo y dar gracias a Dios y a los científicos porque cada vez hay más avances y más posibilidades de curar el cáncer.

–¿Qué proyectos tiene ahora entre manos?

–Hemos abierto la Iglesia 24 horas, el restaurante Robin Hood para que vayan a comer los que pueden y los que no pueden. Seguir soñando es lo más importante, dar testimonio y dar gracias a Dios. Lo mejor es compartir la vida. No tener con quien hacerlo es muy triste. Hay algunos que ni con un animal de compañía. La Iglesia de San Antón me ha dado tantas vivencias... es un privilegio haber conseguido el sueño que tenía desde hace muchos años: una iglesia abierta en el centro de Madrid las 24 horas del día. Uno tiene que seguir soñando por mucha edad que tenga. Yo, lo sigo haciendo...

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