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Las humedades afectan a la calidad de los alimentos

Los expertos alertan de que en muchos hogares se almacena la comida en cuartos aislados, mal ventilados y poco iluminados

Los expertos alertan de que en muchos hogares se almacena la comida en cuartos aislados, mal ventilados y poco iluminados

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Los titulares de los últimos años sobre modo de vida se llenan de palabras como desarrollo sostenible, ahorro energético y hogar sano. Pero no hay que perder de vista a viejas conocidas como “dieta saludable” o “modo de vida saludable”. Cada cierto tiempo se recuperan estudios e informes que vienen a avalar el consumo de productos frescos y locales y que abogan por una dieta más del día a día y menos manufacturada.

La comida saludable y el efecto sobre nuestro modo de vida ha vertido ríos de tinta en los que es habitual encontrar pequeños resortes que llaman nuestra atención. Palabras populares que se han convertido casi en algo habitual antes del verano, como “operación bikini”, y que hacen que nuestra atención hacia la alimentación suba puestos.

Frescos o en conserva

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Pero no son tan habituales los informes científicos que avalen la idoneidad de las dietas. Uno sobre Alimentación Saludable, dirigido por Irene Vila, profesora de la EAE Business School, destacaba en 2018 la calidad en la dieta de Galicia, Asturias, Cantabria, Aragón, Navarra y Castilla León, y ponía en preaviso a los habitantes de Madrid, Castilla-La Mancha y Cataluña. En el informe se hacia especial hincapié en el uso de productos frescos, locales y de temporada y se demonizaba a los procesados. Otros estudios de mayor envergadura le daban una vuelta de tuerca a las conservas (históricos de la manufactura). Así, la American Public Health Association demostró que el calentamiento para el proceso de conservación dejaba intactas las proteínas, hidratos de carbonos y grasas. Mientras, otro realizado por la Universidad de California recogía en sus resultados que las personas que comían 6 o más latas de conservas a la semana recibían 17 nutrientes esenciales más que los que consumían 2 o menos latas de conservas.

Está claro que el producto fresco y local tiene ganada la partida de la salud por lógica aplastante. Pero no podemos desdeñar el presupuesto y la accesibilidad a productos menos “sanos” pero que pueden complementar nuestra dieta de manera eficaz.

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En lo que sí se ponen de acuerdo los expertos en alimentación es que la conservación y almacenamiento de los productos es esencial. Hay que recordar que la cocina es el lugar del hogar con más cambio en sus condiciones. El efecto de cocinar no solo provoca cambios de temperatura y humedad, si no que puede influir en la calidad de los nutrientes.

Es conocido el efecto de la temperatura y humedad en frutas y verduras (compuestas esencialmente por agua) y los problemas que se pueden ocasionar en hortalizas y cereales (arroces y pastas). Lo que puede llevar a que nuestra dieta se resienta no tanto por la calidad del producto si no por su estado de conservación.

Desde Murprotec, empresa líder en tratamientos contra humedades, señalan que “el 30% de las incidencias que procesamos tienen su origen en cocinas”. “Muchas casas cuentan con espacio de almacenamiento para alimentos en cuartos aislados, mal ventilados y poco iluminados. Son un foco excelente para las humedades”, añaden.

Elegir con cuidado los alimentos que vamos a cocinar e incluirlos en nuestra dieta son prioritarios pero, cada vez más, los expertos alertan sobre el control sobre el almacenamiento y conservación. Fresco y saludable son adjetivos que debemos aplicar tanto a los alimentos como a los lugares donde se guardan.