¿Campo o ciudad? ¿Edificio o casa? Verano o invierno? ¿Dónde y cuándo es mejor estar en un apagón?

Cada condición tiene sus ventajas y desventajas, pero evaluamos cada una de ellas para que sepamos a qué nos enfrentamos

Ciudadanos se preparan para los apagones
Ciudadanos se preparan para los apagones

Cada vez es mayor la información que tenemos respecto a la posibilidad de un apagón. Desde las razones que llevaron a Austria a lanzar la alarma, pasando por la opinión de expertos, los mejores dispositivos para enfrentarse al temido corte y las formas de generar energía en el hogar. Pero hay otro elemento a tener en cuenta: dónde nos encontramos y cuándo se produce el corte del suministro de energía. ¿Campo o ciudad? ¿Invierno o verano?

Campo o ciudad

En la alternativa entre el campo y la ciudad, las posibilidades de no pasarlo tan mal se inclinan por la primera. Vivir en el campo permite usar generadores sin temor a los humos que generan. También permite guardar gas en depósitos y asegurarse la calefacción y el uso de la cocina. Recurrir a leña o carbón también es una estrategia posible, sobre todo para cocinar. Aunque el riesgo de generar humos tóxicos por el uso de estufas también es mayor en un entorno rural que en ciudad, donde es muy raro su uso.

Otra ventaja del entorno rural es que el sentido de comunidad es mayor, al menos generalmente y la ayuda siempre se da y se ofrece. Y esto sirve para casos de emergencia y para conseguir alimentos o suministros. También es mucho más difícil quedar atrapado, en el metro, el tren o ascensores, en un entorno rural. Lo que sí puede ser un obstáculo, dependiendo de la edad o la condición física de la persona, es el acceso a centros de salud. Obviamente es mucho más fácil en una ciudad… aunque también pueden estar más requeridos ya que la población es más numerosa.

En un entorno rural también es más fácil manejarse sin dinero. Si los cajeros caen y no hay posibilidad de pagar con tarjeta, el efectivo resulta fundamental y obtener un crédito del comercio local en el campo debería ser más sencillo. Almacenar agua potable o tener un acceso a ella, también es más sencillo fuera de las ciudades. En cuanto a factores como la arquitectura, las casas de campo suelen tener muros amplios que ofrecen aislamiento térmico muy efectivo y nos protegen de los extremos. Pero la vida en comunidad, como en una ciudad, puede ejercer un efecto positivo en la salud mental de las personas, al poder comunicarse con frecuencia con otras y estar al tanto de lo que ocurre, algo no siempre posible en el campo, donde las comunicaciones pueden verse más afectadas y también tomar más tiempo en reestablecerse.

¿Invierno o verano?

En esta comparativa hablamos de ciudades con climas extremos: mucho frío en invierno y altas temperaturas en verano. Por lo que la decisión oscila ente puntos muy opuestos. El invierno tiene claras desventajas: calefacción, menos horas de luz natural, pasamos más tiempo en el hogar. Todo ello requiere un alto consumo de energía. Por otro lado, en el invierno es más fácil conservar los alimentos, aunque sea en la ventana o en la terraza, lo que evita el consumo de la nevera (uno de los electrodomésticos que más consume). Durante el invierno las condiciones meteorológicas pueden aislar zonas enteras de una ciudad o de un pueblo y dificultar el acceso a hospitales, tiendas y otros recursos. Otro problema es el tema del suministro de agua: con el frío las tuberías pueden congelarse, lo que hará más difícil aún recuperar el correcto funcionamiento de las mismas cuando vuelva la energía. También es muy complejo a menos que vivamos en una casa, calefaccionar el hogar. Por ello, ante la eventualidad de una caída de electricidad en invierno, se aconseja aislar la casa con mantas o cinta para impedir que entren corrientes.

El verano tiene numerosas ventajas en este escenario. Por un lado la necesidad de comidas calientes se reduce y el uso de la cocina sigue este patrón. No hay necesidad de calentar el hogar, hay más horas de luz y podemos estar afuera sin problema. Pero… es mucho más complejo conservar los alimentos durante horas de calor sin poder recurrir a una nevera. La falta de agua es más patente también en este escenario que es mucho más frecuente dado el alto consumo de aires acondicionados. De hecho los cortes de suministro han aumentado un 60% durante las olas de calor desde 2015, según un estudio realizado por Brian Stone, de la Universidad de Georgia. Y esto, obviamente, aumenta las posibilidades de incendio entre otros factores.

En una entrevista cedida al The New York Times, Stone aseguraba que “un apagón generalizado durante una ola de calor intensa puede ser el evento relacionado con el clima más mortífero que podamos imaginar y se trata de un escenario cada vez más probable”.