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Feria de Alicante: Los toros de Algarra por encima de la terna a pesar de los trofeos

Tal día como ayer, en 1969, Dámaso González se convertía en matador de toros en la corrida correspondiente a la feria de Hogueras de aquel año. Miguel Mateo “Miguelín” le cedió la muerte de “Gañalote”, de Flores Cubero, y pese a que no tocó pelo y acabó en el hospital con tres cornadas, ya quedó claro que aquel muchacho de Albacete tenía no sólo un valor descomunal.

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Medio siglo después, también en Alicante, Cayetano, hijo del testigo de aquella ceremonia, hizo entrega, tras romperse el paseíllo, a los hijos del desaparecido torero manchego -a los que, por cierto, nadie tuvo en cuenta a la hora de un brindis...- de una cuadro con el cartel que le recuerda como imagen de la feria. En la memoria del toreo sigue vivo y muy presente y su ejemplo tendría que ser tenido en cuenta por muchos que hoy se visten de luces.

Luego se lidió un encierro de Luis Algarra -que lucieron divisa negra por la muerte la semana pasada de Teresa Algarra, hija del titular-, muy bien presentado, hondo y con cuajo, que dieron un juego no siempre aprovechado.

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El Fandi cumplió la enésima interpretación de su manera de entender la tauromaquia. Larga de rodillas, verónicas en pie, media y revolera, galleó por chicuelinas para poner en suerte y tiró de navarras para quitar. Un par de dentro a fuera, otro al quiebro y un tercero al violín tramitaron el segundo tercio. Con la muleta aprovechó el largo viaje del preciso toro que abrió plaza para torear sin apreturas y con un punto de velocidad en una faena hecha a retazos y sin hilo argumental. Tuvo que pedir él mismo música y, con sus alardes y desplantes finales, calentar al público que no le consintió sino que diera la vuelta al ruedo.

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Con el cuarto repitió la fórmula, sin que acusase el palizón sufrido hace unos días en Granada, haciendo un derroche de facultades físicas en el segundo tercio y entusiasmando al respetable cuando paró a su oponente tras aguantarle una vuelta y media al ruedo corriendo hacia atrás. A partir de ahí todo fue a favor de obra con otro toro que se arrancaba de lejos y con alegría, dejando una faena ecléctica y festiva que remató con una estocada soberbia atracándose de morrillo y tirando al de Algarra sin puntilla.

Cayetano comenzó de rodillas su primer trasteo frente a un toro con extraordinaria fijeza y codicia, sin que su bravura fuese entendida por su matador, que no se metió nunca con él, sin llevarle y cansándose, además, pronto.

No se acopló al torear de capa al más serio quinto, al que dieron un buen palizón en el caballo. Aún con todo, el animal tuvo fuelle suficiente para llegar al último tercio sorprendiendo siempre a su matador, que no acertó a llevarle ni a poderle en ningún momento.

Largo y engallado el tercero, con el que Toñete, que se presentaba en esta plaza, demostró sus ganas y disposición. Comenzó rodilla en tierra con una larga serie de derechazos ante un astado que arrastró el morro por el suelo. Por el pitón izquierdo se quedó más corto y protestó y fue por ese lado por el que el madrileño planteó una faena que no llegó a romper. Cuando cambió de mano, el toro ya se había acabado.

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Se cuidó mucho al que cerró plaza en el primer tercio, aún así llegó a la muleta más corto que sus hermanos y se puso hasta a la contra en el tramo final de su lidia, no dejando a Toñete más opción que el arrojo y el valor para llevarse una oreja al matar con prontitud.

Alicante, 24 de junio. Cuarta de feria. Media entrada.

Toros de Luis Algarra, muy bien presentados y de buen juego.

El Fandi (de manzana y oro), media y descabello, vuelta al ruedo; entera, dos orejas.

Cayetano (de celeste y oro), pinchazo y estocada, aviso, ovación; entera, ovación.

Toñete (de rosa pálido y oro), cuatro pinchazos y entera, silencio; entera, oreja.

De las cuadrillas gustaron Gómez Escorial y Miguel Martín.