Ni duelo ni cumbre

El Juli cortó dos orejas en un liviano mano a mano con Manzanares en Valencia

El Juli somete la embestida del segundo de su lote rodilla en tierra
El Juli somete la embestida del segundo de su lote rodilla en tierra

Valencia. Cuarta de la Feria de Julio. Se lidiaron toros de Domingo Hernández (2º, devuelto) y de Garcigrande (2º bis y 4º), de escaso remate y desiguales de presentación. El 1º, rajadito, de media arrancada y sin clase; el 2º, rajado, se quería ir pero cogía la muleta con transmisión; el 3º, desigual y sin ritmo; bravo y encastado el 4º; el 5º, manso y rajado; el 6º, rajado y sin fondo. Casi lleno en los tendidos.

El Juli, de azul noche y oro, estocada desprendida (oreja); tres pinchazos, estocada caída (silencio); pinchazo, estocada (oreja).

José María Manzanares, de burdeos y oro, buena estocada recibiendo (saludos); estocada, aviso, descabello (oreja); dos pinchazos, estocada (silencio).

800 kilómetros, más o menos, sin jornada de descanso. Antes de que saliera el sol, me cuentan que no salió, dejamos Santander. El mano a mano de El Juli y Manzanares y el de Morante y Talavante del día después era el reclamo. Destino: la Feria de Julio de Valencia. Valencia apetece siempre. Y si se van a medir cuatro figuras en dos días más. Hay muchas cosas en juego. Juli, que venía también de Santander el día anterior, se fue a la puerta de toriles nada más llegar. Un duelo en la cumbre con los mimbres de los novilleros. Algo así. El toro de Domingo Hernández se fue a tablas pronto y la faena no tuvo demasiada historia a pesar de que agarró premio. Había algo de renuncia ahí. Lo hubo casi toda la tarde, poco que ver con la corrida de Garcigrande lidiada el día anterior en la Feria del Norte. Esto es de locos. O de cuerdos. ¿Quién sabe? A la hora de la merienda, larga, larguísima, eterna si ves caer la espada de Damocles con la hora de cierre del periódico, se había paseado un solo trofeo. Estaba la tarde liviana. El Juli había pinchado la faena con más matices del festejo, que fue la del tercero. Un toro sin ritmo, informal en la embestida, no acudía al engaño dos veces de la misma manera. Prologó la faena Julián con brillantez, sobrio, torero, rodilla en tierra, vertical, y buscó después acompasarse a esas intermitencias del animal. Le convenció por el izquierdo, más obligado, el toro remiso, el torero poderoso. Quiso el triunfo, cruzado por la espada, no tan fino. Esos matices que hacen infinito el toreo.

Buscaba y buscaba el madrileño. A veces en pozo seco. Otras al calor de lo ajeno. En un quite al toro de Manzanares, por chicuelinas de compás abierto y mano baja. Se encontró después con un quinto rajado y manso, al que a fuerza de oficio acabó por cortarle una oreja. Y sí, una más una... abrió la Puerta Grande, al menos numéricamente. Renunció al final de la corrida. Todo un gesto que le honra para salir andando del coso de la calle de Xátiva.

Hubo un toro, "Contador"de nombre, que marcó un antes y un después. Y lo marcaría muchas tardes. Fue toro bravo, encastado y exigente. Garcigrande bueno de verdad. Nunca perdió la fijeza en la pelea, antes del cite ahí estaba y acudió después con entrega, transmisión, recorrido, fondo y raza. Lo que ocurría ahí abajo, en el ruedo, se sabía que era importante. No aguantaba cualquiera el envite. Pesaba la embestida del toro, esa largura, ese motor... La faena de José María Manzanares fue larga, de búsqueda, pero huérfana de mando, de ese asentamiento pleno para construir y hacer crujir al público. No era toro de medianía, en "Contador"estaba el tour completo, no una etapa más. Mató pronto y cortó un trofeo. Sí pero no... No.

Su primero se rajó. Y fue ahí al calor de las tablas donde se tuvo que ir Manzanares. El toro tomaba el engaño por abajo y lo hacía con transmisión. Mató de una buena estocada recibiendo y salió a saludar. No hubo más.

Al sexto se le protestó y con toda la razón, baja de presentación la corrida y desigual... Sin la seriedad de un día clave, en una temporada clave... Ya saben... Desrazado, rajado y sin fondo el animal que cerró plaza. A estas alturas el duelo del mano a mano se había empequeñecido. Ni la Puerta Grande lo maquillaba. Se había venido a ver un duelo en la cumbre y esa cumbre había descendido unos peldaños. En el toreo la gloria está tan cerca del infierno que hay días que se dan la mano. Noche cerrada ya en Valencia. Oscuridad en el ocaso del mano a mano. Ni duelo ni cumbre.