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Un viaje por las pandemias más mortíferas de la Historia

El COVID-19 no es la primera enfermedad que amenaza con arrasar el planeta. A lo largo de la Historia, numerosas pandemias han asolado Europa y Asia, entrando en las ciudades a las espaldas de ejércitos y por las rutas comerciales. Hoy hacemos un seguimiento a estas enfermedades y los caminos que eligieron para extenderse.

Peste Antonina en el Imperio Romano

Como la mayoría de las pandemias ocurridas durante la antigüedad, se desconoce la enfermedad exacta que llevó a la muerte a cinco millones de personas repartidas por todo el Imperio Romano, llegando a aniquilar poblaciones enteras en algunas regiones de Hispania y la Galia. Algunos historiadores de la época aseguran que se trataba de un brote de sarampión, aunque la teoría más aceptada afirma que fue culpable la viruela. También fue complicado especificar el origen de la epidemia. Mientras que unos expertos apoyan que la trajeron las legiones romanas tras una serie de campañas militares en Seleucia (actual Irak), en el año 165 d. C, otras fuentes aseguran que fue en Egipto donde se originó la terrible enfermedad. El grano que se llevaba del país de los faraones al resto del Imperio Romano portaba consigo el virus, extendiéndolo hasta las fronteras del Rin y las zonas no ocupadas de la Galia.

El Imperio entero sufrió las consecuencias directas de esta primitiva pandemia. En la propia ciudad de Roma hubo meses en los que llegaban a morir hasta 2.000 personas al día, y el emperador Lucio Vero también sucumbió ante la enfermedad. Además, el poderoso ejército romano fue diezmado, y es por eso que se piensa que fueron ellos quienes la trajeron. Desde los confines orientales del imperio hasta ocupar Hispania, la Galia y Tracia, la pandemia se extendió con más facilidad que los versos de Virgilio.

Peste Negra en Eurasia y África

Esta pandemia ocurrida durante el siglo XIV ha sido, sin duda alguna, la más mortífera en la historia de la humanidad. Hasta 25 millones de personas llegaron a morir solo en Europa, aunque se sabe que fueron muchos millones más en el continente asiático, foco de la enfermedad, y en menor medida por el norte de África. Si bien es cierto que ya existía esta enfermedad, desde tiempos del Imperio Romano, hasta entonces nunca se había dado con semejante violencia, y nunca más volvería a hacerlo. Una enfermedad habitual en ciudades concretas o territorios aislados se vio súbitamente extendida a lo largo de todo el mundo conocido. Entre un 30% y 60% de Europa falleció y en algunas ciudades, como Florencia, apenas sobrevivieron un quinto de sus habitantes.

Las ratas no fueron las únicas culpables a la hora de expandirla, con sus pulgas y suciedades. Gran parte del mérito se lo lleva la Ruta de la Seda, que conectaba los comercios de Asia y Europa. Desde el Extremo Oriente llegaban mercaderes europeos portando el virus consigo, en sus carnes y en sus cargas, y no fue complicado, una vez entraron en Italia, desperdigar la Peste Negra por las vías del continente. De hecho, la primera localidad europea en infectarse fue la ciudad portuaria de Mesina, en Sicilia. Este morboso parecido con la crisis actual del coronavirus en Italia puede dar que pensar a más de uno.

Viruela en los territorios de América

La llegada de los europeos a un territorio que hasta entonces había estado aislado de las enfermedades pandémicas, significó un derrumbe brutal de la población en las civilizaciones precolombinas. Aunque la causa de mayor mortandad fue la viruela (hubo hasta tres grandes epidemias durante los primeros años de conquista), también causaron estragos otras enfermedades casi tan letales, como la peste, el sarampión o la fiebre tifoidea. Aunque no existe un consenso claro sobre cuántas víctimas sucumbieron a este cóctel epidémico, se calcula que fueron entre un 80% y un 90% de la población. Esto facilitó la toma de ciertos territorios. Por ejemplo, tras el primer intento de conquistar el imperio azteca en 1520, con desastroso resultado por parte de los españoles, un brote de viruela asoló el territorio mexicano y terminó con la mayor parte de su población y con el sucesor de Moctezuma, Cuitláhuac.

La voracidad de esta enfermedad es tal, que en ocasiones adelantaba a las fuerzas invasoras y arrasaba con las poblaciones antes de que tuvieran tiempo de entrar en batalla. Entre los periodos de conquista, inevitablemente ocurrían épocas de descanso, el comercio se ampliaba en el territorio y las civilizaciones precolombinas comenzaban a coexistir con las fuerzas invasoras. De esta manera, como no, a través del comercio, llegaba antes la viruela que las espadas europeas. Independientemente de las posibles teorías sobre el trato a los indígenas por parte de los colonizadores europeos, es innegable el trágico final que las enfermedades del Viejo Continente trajeron a los pueblos americanos.

Brotes de Cólera en el siglo XIX

La terrible enfermedad bacteriana tiene su origen en los tiempos de la Grecia Antigua, aunque no fue hasta el siglo XIX cuando el mundo la conoció en su lado más mortal. Un primer brote en la India se extendió por un espacio de siete años (1817-1824) por todo Asia, causando decenas de millones de fallecidos. Las regiones del Sudeste Asiático y China fueron las más afectadas. Sin embargo, Europa pareció librarse de este primer brote. Tuvo que ser en 1827, tras reaparecer en Asia Central, en las regiones de Afganistán, Persia y la actual Uzbekistán, cuando la enfermedad salió de Rusia y entró en Finlandia y Polonia. Las autoridades prusianas hicieron todo lo posible por frenarla, pero una vez cogió carrerilla fue imposible. En agosto de 1831 hizo su entrada en Viena, afectando rápidamente al resto de estados europeos.

Un año después, introducida desde el norte de Inglaterra, la enfermedad tomó Londres, ciudad que por entonces era capital del imperio más extenso del planeta. Y desde allí, pegó el salto a los Estados Unidos. La enfermedad siguió bajando hasta alcanzar España en 1833 y poco después fue transportada a Ceuta, abriéndole de par en par las puertas del continente africano. El brote se prolongó hasta mediados del siglo XIX. Más tarde hubo nuevos brotes pero menos lineales y más esporádicos, especialmente en las zonas donde no había sido eliminado correctamente. En la actualidad, pese a no ser tan grave como en siglos anteriores, todavía quedan restos de la peligrosa enfermedad, como ocurrió en Haití tras el terremoto del 2010.

Gripe Española

La gripe más letal de la historia no comenzó en España, como su nombre puede inducir a pensar, es más, se desconoce el lugar exacto de su nacimiento. Algunos historiadores sostienen que comenzó en la base militar de Fort Riley (Kansas) y otros que en Francia, donde se registró el primer caso en abril de 1918. Con una tasa de mortalidad de entre el 10% y 20% de los infectados, esta mortífera variante de la gripe común se extendió rápidamente debido a los continuos movimientos de tropas Aliadas en Europa, así como el débil sistema inmunológico de los soldados que combatían exhaustos en el frente.

Tras infectarse Francia, la gripe cruzó a España. Debido a que España no formaba parte del conflicto internacional, no existían los niveles de censura que había en otros países, por lo que la mayor parte de las informaciones sobre esta enfermedad se daban en nuestro país. Fue así como pasó a denominarse Gripe Española. Además, fue uno de los países más afectados en Europa, con 300.000 fallecidos. Sin embargo, la gripe afectó mayoritariamente a países asiáticos y sudamericanos. Alrededor de 15 millones de infectados murieron en la India y 30 millones en China.

Virus de Inmunodeficiencia Humana (VIH)

La enfermedad más catastrófica del siglo XX ya se ha cobrado la vida de más de 36 millones de personas. Originaria en África, erróneamente se piensa que es una enfermedad actual, salida de un laboratorio, cuando en realidad han ocurrido infecciones de primates (originarios de la enfermedad) a humanos en hasta siete ocasiones diferentes a lo largo de la historia. La diferencia entre la última, ocurrida en 1960 y las anteriores radica en la globalización. De África se extendió rápidamente por el resto del mundo, como un árbol extendiendo las ramas, sin hacer distinciones entre ningún país. Todos los estados tienen infectados. La facilidad para movernos de un punto a otro del planeta tras las Segunda Guerra Mundial aceleró y extendió la enfermedad.

Contagiada a través de la sangre, durante muchos años se pensó que tan solo podía contraerse a partir del acto sexual, aunque esa teoría ha sido rápidamente erradicada. El VIH no tiene cura en la actualidad, y se sufre especialmente en los países subdesarrollados por falta de conocimientos sobre la enfermedad y de medios para prevenirla. Sin embargo, la medicina sí ha conseguido encontrar un medicamento que frene sus devastadores efectos, prolongando la vida de los infectados tanto tiempo como el de una persona sana.