Orígenes, evolución y situación actual de las castas indias

Hemos tendido a generalizar el complejo sistema de castas indio hasta crear una serie de clichés que no se aplican a la realidad

Manish SwarupAP

Nos resistimos a aceptarlo pero ya va siendo hora de que lo reconozcamos: no comprendemos el mundo. Podemos haber leído centenares de libros, visto tropecientos documentales de la BBC, viajado a países cuya existencia ignoran los propios mapas, lo que quieras, puedes ser Indiana Jones y tener loquitas a tus alumnas (o alumnos, nunca se sabe) por tus amplios conocimientos en materia de arqueología. Podrías tener el ego tan grande como el castillo Malbork y aun así, fíjate que ya te pillo con el nombre, ni sabrás de qué castillo se trata ni comprenderás el mundo. Pero ocurre algo con los seres humanos que somos tan curiosos como nuestros primos los simios, que nos empecinamos en comprender o creer de alguna manera que lo hacemos, y rápidamente sacamos a relucir estos temas que pensamos conocer en cualquier conversación que convenga.

Lo voy a volver a repetir: no comprendemos el mundo. Ni tú, ni yo, ni los que están arriba y nos gobiernan. Aunque tampoco pasa nada, es lo normal: el mundo es demasiado extenso para meterlo en los 1.350 cm3 que mide nuestro cerebro. Y viajando al núcleo más ardiente de nuestra ignorancia, a ese noventa por ciento de espacio reducido que no utilizamos, aterrizamos de cara contra las aceras grises de India. Nos zambullimos en su sistema de castas y, muy a nuestro pesar, nos percatamos de que, efectivamente, de la misa no nos enteramos ni la mitad. Aquí una breve explicación que omitirá miles de detalles.

Origen de las castas

Nadie entiende nada y por esta razón no existe una fecha concreta para señalar cuándo comenzaron a establecerse los sistemas de castas en India. Según explicaba un libro que leí, sus orígenes se encuentran en la época en que civilizaciones iranias terminaron de conquistar el territorio que hoy conforma India, hace unos 4.500 años. Por otro lado y según los textos sagrados del hinduismo, el sistema de castas debe su origen a que todos los seres humanos fuimos creados a partir de las extremidades del dios Brahmā (que también se considera el primer hombre), y dependiendo de la extremidad de la que provengamos, formamos parte de una de las cuatro castas básicas: los Brahmanes (clase sacerdotal que salió de la boca del dios), los Kshatriyas (clase guerrera procedente de los hombros), los Vaishyas (clase comerciante nacida de sus caderas) y los Sudras (clase obrera o dedicada a los trabajos manuales, salida de sus pies).

Rajesh Kumar SinghAP

El jugo de las castas, sin embargo, no lo exprimimos desde su faceta religiosa, aunque más adelante veremos cómo se han utilizado los textos sagrados del hinduismo para perpetuar esta costumbre. Las castas resultan realmente interesantes si seguimos su faceta humana. La de la ambición y los pecados, la del poder deseado.

Nosotros en Europa no conocimos la palabra “casta” hasta que diversas expediciones portuguesas, realizadas en territorio indio durante el siglo XV, aprendieron su significado y consiguieron esclarecer más o menos su uso. Se llegó a comprender a medias que los conquistadores iranios quisieron aunar a los habitantes de India dentro de su imperio, es decir, crear una sociedad en la que no se señalasen a vencedores y vencidos sino un único territorio, dictaminado por unas reglas universales. Pero esto no evitaba que siguieran existiendo vencedores y vencidos, y los vencedores crearon el sistema perfecto para garantizar su superioridad social sobre los vencidos. Las castas. Originadas en función de la oscuridad de la piel de cada uno. Cuanto más oscura luciera la piel, menor sería su casta. Quizá dedique algún artículo futuro a explicar cómo diversas sociedades justificaron la esclavitud sobre personas de piel negra a través de sus textos sagrados, pero en este caso nos bastará saber que el término indio para casta es varna. Que significa color o, mejor dicho, color noble. El más claro asociado a la aristocracia y el más oscuro, al campesinado.

Evolución de las castas

Se nos ha dicho que en la actualidad existen centenares de miles de castas en India, producto de una diversificación en los oficios y una complejización evidente de su cultura tras cuatro milenios machacándola. Esto no resulta del todo cierto. En primer lugar, antes que castas deberíamos considerarlas subdivisiones de las castas, o yatis, como allí se conocen. En segundo lugar, los yatis no son castas, sino sectas determinadas por el oficio y metidas dentro de una casta. Esto quiere decir que cualquier indio pertenecería a una casta y a un yati diferente, a una misma vez. Castas propiamente dichas, siguen existiendo nada más que cuatro.

DIVYAKANT SOLANKIEFE

La evidencia básica entre castas y yatis radica en que las primeras dependen del nacimiento del individuo mientras los segundos parten del oficio de cada uno. El de nacimiento es casi imposible de cambiar y el segundo, bueno.... Uno puede luchar por conseguirlo. Y son los yatis los que pululan a millares por India y aquello que nosotros nombramos de forma errónea al denominarlos castas. Un sencillo error de conceptos que termina por revolver todo lo que creemos saber. Los yatis son la clave de este artículo, la raison d'être de la desigualdad en India que nunca comprenderemos del todo.

No haría falta un gran ejercicio de reflexión para comprender por encima que este sistema de oficios para determinar la clase social de cada individuo, sus derechos y libertades en definitiva, resultan más útiles a medida que se pertenece a un yati mayor. Los últimos interesados en erradicar este sistema fueron los sacerdotes, los guerreros, la nobleza, los hombres ricos, los dueños del poder de los siglos pasados. Y partiendo de esta base, los miembros de yatis superiores hicieron todo lo posible por endurecer el sistema y dificultar la subida de la escalera.

Este es un proceso que ha durado miles de años, cada vez más estricto a medida que las invasiones sobre territorio indio se sucedían y hacían peligrar su cultura. En parte utilizando esta excusa, la preservación de su cultura milenaria, las clases superiores ingeniaron una serie de maniobras para garantizar su poder. Se añadieron nuevos versículos en los textos sagrados para explicar el origen de las castas y yatis y ordenarlas. Se prohibieron los matrimonios entre miembros de diferentes clases. Se monopolizaron las herramientas del poder, dejando la literatura y la religión en manos de los Brahmanes, la riqueza a cargo de los Vaishyas, el gobierno bajo la poderosa mano de los Kshatriyas y así sucesivamente. Esta evolución forzada que orquestaron las partes interesadas desembocó en dos problemas que nos llevan a aterrizar directos en el siglo XX: la dificultad para subir en los escalones de la sociedad, provocando a su vez el vaciamiento o la sobrecarga de oficios, y la abismal división nacional que tanto nos impacta desde Europa.

Situación actual de las castas

El budismo (por ser defensor de la igualdad de todos los seres humanos) en conjunto con la instauración de la democracia india en 1947 y sus diferentes movimientos comunistas, han sido las claves para abolir la separación por clases. Al menos, de forma oficial. Esto significa que sobre el papel, legalmente hablando, todos los ciudadanos indios son portadores en la actualidad del mismo número de derechos y libertades, y cualquier forma de discriminación basada en el sistema de castas o yatis está penada por la ley.

¿Y cual es la realidad sobre el terreno?

Rajesh Kumar SinghAP

Sería prudente aceptar que no se puede erradicar un sistema social de 4.500 años, puede que incluso más, en el espacio de medio siglo. Aún arriesgando a sonar anticuado, o algo peor, considero que no es sano, ni social ni económicamente, provocar cambios tan bruscos en tiempos tan reducidos. Eliminar el sistema de castas supone extirparle a la sociedad India un órgano vital para su funcionamiento, algo así como los pulmones o el hígado, y se trata de una operación delicada, de esas que duran varias horas bajo la luz blanquecina del quirófano. De hacerse deprisa y corriendo, hurgando las entrañas con el bisturí, aumenta el peligro de matar al paciente. Con 1.300 de millones de personas y una densidad poblacional descarada, India precisa de mecanismos que garanticen su estabilidad social y, si bien resulta adecuado suprimir las castas, este es un cambio que debe hacerse con precisión matemática.

Basta viajar a India para descubrir que el sistema de castas y yatis sigue vivo. Moribundo, pero vivo en definitiva. Se trata de una sensación que puede respirarse en el ambiente, tan definida como cualquier aroma, por ejemplo al pasear por la calle y comprobar que los transeúntes no visten exactamente igual. Es decir, algunos visten con ropas más lujosos que otros, las ropas de unos están más sucias y desgastadas que las de otros. Y se forman grupitos, en la misma acera o en las terrazas o en los puestos de té a pie de calle, donde no resalta la ropa ni la suciedad de ninguno por encima del resto. El sistema de clases se distingue ante los ojos del occidental a partir de estos grupitos que se separan en función de su vestimenta. En pequeños detalles, cuando el taxista te ruega que seas tú quien pregunte las direcciones a un viandante. En los intocables que teóricamente han desaparecido pero pueden verse cagando a pie de calle, muy cerca del colchón donde duermen. En los campesinos del interior que tienen los brazos y las piernas prácticamente desgastadas por el sudor.

La situación actual de las castas (y yatis) podría describirse como una costumbre en retroceso pero todavía existente. Actúa como las últimas gotas de una tormenta: caen suaves y son escasas, pero cada una moja tanto como cualquier otra. Lento crece el número de matrimonios entre clases diferentes y el hombrecillo que tira del carro con mercancías puede atreverse a soñar que su hijo o su nieto serán un día abogados. Se visten despacio porque tienen prisa. Reconocen que llegará un día, quizá no demasiado lejano, en que veremos a India vestida con todo su esplendor. Cargada como solo puede ella de sedas y rubíes preciosos.