León, una ciudad para comérsela

La Capital Española de la Gastronomía 2018 está a punto de cerrar su reinado gastronómico con la despensa llena de excelentes productos y numerosas actividades que encandilan al viajero

  • León, una ciudad para comérsela

Tiempo de lectura 5 min.

23 de noviembre de 2018. 15:09h

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Raquel Bonilla 23/11/2018

El reinado de León como Capital Española de la Gastronomía 2018 comienza a dar a su fin, pero lo hace a pleno rendimiento, sin perder un ápice de atractivo para el viajero más sibarita y, sobre todo, con la despensa muy llena de propuestas para no defraudar a quien llega ahora con la firme intención de comerse León a bocados.

El insaciable propósito de devorar gustosamente la capital resulta sencillo de cumplir en una ciudad como ésta, no en vano la villa castellano y leonesa se alza con el honroso título de ser la ciudad con más bares por habitante de toda España. Y gana por goleada, ya que cuenta con más de cinco establecimientos de hostelería por cada mil habitantes, lo que supone prácticamente doblar la media de ciudades nacionales, que se sitúa en 2,8. Parece obvio, pues, que en León el ambiente en la calle está más que garantizado casi a cualquier hora y en cualquier momento del año, lo que significa que al visitante se le recibe con las puertas abiertas, con un vaso en la mano y, por supuesto, con una buena tapa gratis en la otra.

En León no hacen mella ni las bajas temperaturas ni las inclemencias del tiempo. Bien ataviados con abrigo y bufanda, llega el momento de salir a la calle para vivir la cara más placentera de la Capital Española de la Gastronomía 2018. El viaje debe comenzar en la Plaza de San Marcelo, custodiada por la estampa de la casa Botines, obra neogótica de Gaudí, desde donde arranca la llamada Calle Ancha, arteria principal del casco antiguo de la ciudad que se da de bruces, al final de su empedrado, con la majestuosa catedral de León.

Mientras caminamos por esta obligada calle peatonal, a la derecha vislumbramos lo que nos espera en el barrio húmedo, mientras que mirando a la izquierda nos aguarda la elegancia del barrio romántico o gótico. Ninguno de los dos defrauda y ambos son un excelente museo al aire libre en el que la historia y la cultura se dan la mano con maestría, sin estridencias. El maridaje del buen comer y beber con el arte resulta perfecto.

El Barrio Húmedo, salpicado de bares y restaurantes, es el alma de la ciudad, pues aquí la diversión y la buena gastronomía están aseguradas/R. Bonilla
- El Barrio Húmedo, salpicado de bares y restaurantes, es el alma de la ciudad, pues aquí la diversión y la buena gastronomía están aseguradas/R. Bonilla

Deambulando por la Calle Ancha y sus alrededores llaman nuestra atención los escaparates de las tiendas que parecen haberse detenido en el tiempo. Son esos comercios de barrio, los de toda la vida y de los que prácticamente ya no quedan. Quizá por ello resultan aún más atractivos, mostrando con elegancia y de forma señorial zapatos, juguetes clásicos, joyas, gorros o bufandas tras los cristales tintados por el propio paso de los años. Pero tampoco faltan las tiendas gourmet, con el mejor producto gastronómico leonés donde los embutidos son los reyes de la alacena. La sequedad y el frío del invierno, sumado a una excelente materia prima, crean la pócima mágica de un arte culinario que los leoneses dominan: la creación de chacinas que cuentan con numerosas variedades de chorizo, morcillas y cecinas, santo y seña de toda la provincia.

Tapas, mesa y mantel

Pasito a pasito llega el momento de pasar a la acción. Precisamente en la Calle Ancha, uno de los primeros locales con los que nos topamos es con el restaurante Ezequiel, parada obligada, pues además tiene tienda propia de embutidos artesanales. Sentados en la barra, las tapas no defraudan, aunque merece la pena bajar a la planta baja y disfrutar de una relajada comida bajo las bóvedas de su salón principal. Ya sea a la carta o con sus menús, resulta imprescindible abrir boca con sus croquetas caseras leonesas, de cecina y de queso de Valdeón, dejando para el plato fuerte alguna de sus carnes, como el lechazo o las chuletillas, sin olvidarse de los postres.

Para bajar el atracón, el paseo calle arriba nos lleva hasta la impresionante catedral de León, que si asombra en su exterior, más aún lo hace cuando se cruza su pórtico occidental. Conocida como «Pulchra leonina», por la elegancia y armonía de sus formas, se trata de una de las obras maestras del gótico español por su intachable perfección. Resulta imposible no quedar boquiabierto al deambular en silencio por su interior, deslumbrados por la luminosidad que transmite la luz filtrada a través de sus vidrieras de colores, sin duda, el mayor tesoro de la catedral.

De nuevo en el exterior, una estrecha callejuela dirige nuestros pasos hasta la Plaza Mayor, ensalzada con el antiguo consistorio. Aquí, el mercadillo tradicional es el protagonista las mañanas de los miércoles y de los sábados, sin duda, el mejor lugar para comprar productos con auténtico sello leonés.

Con las manos llenas, es hora de adentrarse en el Barrio Húmedo, donde cada taberna tiene su propia tapa de autor. Es el caso, por ejemplo, de las patatas fritas con pimentón del Flechazo; las morcillas de La Bicha; los tigres del bar El garbanzo negro o las croquetas de El Rebote. Para una comida más pausada, en la misma Plaza de San Martín es una estupenda opción el restaurante Racimo de Oro, cuya bodega resulta muy acogedora. Las albóndigas son obligadas, ya sea en tapa o en plato, aunque la carta es muy amplia, con producto de mercado presentado con un buen toque moderno.

Entre bar y bar, la visita debe completarse con el Palacio del Conde Luna, reflejo del pasado medieval leonés, así como la basílica de San Isidro o el palacio de los Guzmanes, ya en el barrio romántico. Y de nuevo en nuestro punto inicial, la plaza de San Marcelo, podemos poner el broche final a nuestra aventura gastronómica por León en el bar El Capricho, cuyo salón principal, aunque pequeño, resulta de lo más agradable y cuyos fogones invitan a degustar la auténtica cocina leonesa para volver a casa con el mejor sabor de boca posible y mirando en el calendario para regresar pronto, pues León consigue, desde el primer momento, conquistar al viajero por el paladar. Más información en la web www.capitalespanoladelagastronomia.es.

Cómo llegar:

La mejor opción para llegar hasta León es optar por el AVE, ya que Renfe une Madrid y la capital leonesa en apenas dos horas y cuarto de forma muy cómoda.

Dónde comer:

En el Barrio Húmedo la oferta de es casi infinita y pocos locales defraudan para tapear de bar en bar. Para comer de forma más relajada merece la pena reservar en Ezequiel (987 00 19 61, en la Calle Ancha); El Capricho (987 23 30 48, en la plaza de San Marcelo) o en El Raciomo de Oro (987 21 47 67, en la Plaza de San Martín).

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