Yankee stay here (please)

Manuel Jiménez Barrios, aka Chiqui, veló la madrugada del miércoles 9 de noviembre de 2016 para fijar bien tempranito la postura del ejecutivo andaluz sobre la elección de Donald Trump como «líder del mundo libre» y, raudo, pidió el mantenimiento de los puestos de trabajo en los dos acuartelamientos que Estados Unidos mantiene en la región. Al rato, un corifeo sindical subió la apuesta para trocar la petición en exigencia, tembló el Pentágono con la diatriba ugetista, y el cuatrienio ha expirado sin que el atrabiliario magnate neoyorkino haya contribuido al incremento de nuestra pavorosa estadística de paro. (…) Una de las primeras decisiones en política exterior del celebrado Joe Biden sería, según informaciones solventes, la deslocalización a Marruecos de la base aeronaval de Rota, lo que demuestra en primer lugar la mala postura geopolítica del Gobierno de España a causa de su (bolivariano) socio minoritario. Ciertas cosas, en Washington, quedan a salvo de las rencillas partidarias y jamás los amigos de la narco-dictadura de Maduro serán bien mirados en la Casa Blanca, por republicanos ni por demócratas. La cuestión es que, medio siglo después del «yankee go home», nadie desea el desmantelamiento del fuerte roteño, que fue desde su implantación un luminoso dinamizador no sólo económico sino también cultural para la provincia de Cádiz (véase el documentado Rota’n Roll, de Vanesa Benítez), o acaso la idea sólo seduce a Teresa Rodríguez, aborigen de estirpe mixta entre La Pasionaria y Mariana Cornejo, cuyo credo anticapitalista se forjó en aquellas marchas de su infancia que, Yahvé la confundió, eran más bien antiamericanas. «OTAN no», chillan en su puerilidad quienes aún no han entendido que no existe vida inteligente fuera de la democracia liberal.