“Lo imposible”, parte 2: el tsunami azul

Andalucía marca un nuevo ciclo político y deja al PSOE al borde de la descomposición, las izquierdas rotas, Cs desaparecido y a Vox sin pulso tras chocar contra su techo electoral

Juanma Moreno, cuando se conocieron las primeras encuestas
Juanma Moreno, cuando se conocieron las primeras encuestas FOTO: La Razón Twitter PP Andalucía

“Yo he visto cosas que no creeríais. He visto atacar naves en llamas más allá de Orión. He visto rayos-C brillar en la oscuridad cerca de la Puerta de Tannhäuser”, al PP de Andalucía vencer al PSOE andaluz en Dos Hermanas, Alcalá de los Gazules, la Campiña Roja cordobesa; fundirse con el himno generacional de Manuel Carrasco -el artista que más público ha congregado en la historia del estadio de La Cartuja, medalla de Andalucía además- o moverse al son de JLo -”un, dos, tres. Avanza”-. “Todos esos momentos se perderán en el tiempo, como lágrimas en la lluvia”. La jornada electoral arrancó con una imagen como la de Juan Bravo haciendo la compra sin llevar bolsas de casa en un “despilfarro” inédito e impropio del hombre que ha impuesto que se apaguen las luces y el agua del grifo en la Junta y terminó con unos registros históricos: el mejor resultado en la historia del PP en Andalucía.

Hay fechas que pasan a la historia. Un día antes de las elecciones andaluzas se cumplieron 36 años de la histórica faena de Butragueño en Querétaro: 5-1 en La Corregidora, en los octavos de final del Mundial de México 86 contra la Dinamarca de un tal Michael Laudrup, con cuatro goles del Buitre, que irrumpía como héroe inesperado. Entonces, Juanma Moreno era un chaval que jugaba en las plazas de Alhaurín el Grande y quería ser futbolista, al tiempo que admiraba a “Danza Invisible”. El mismo tiempo después que el período que el PSOE estuvo en la Junta, Moreno firmó en las elecciones su propio Querétaro.

Hay que remontarse a la mayoría absoluta de Aznar para encontrar un techo como el que rompió Juanma Moreno el 19 de junio de 2022 en Andalucía. Mayoría absoluta y fagocitación de los extremos. Historia. Vox choca contra su techo, después de que Olona ofreciera la vicepresidencia a Moreno y el presidente le contestara en los debates: “Eso es un delirio”. Vox fracasa. No hay más preguntas, señoría. Pero sí respuestas, mientras en el multiverso Nacho Vegas versiona con tristeza -valga la redundancia- el himno de Andalucía y las izquierdas celebran la victoria en Colombia. Decía Michavila en Canal Sur que los andaluces, como los colombianos, son respetuosos y educados y no mienten en las encuestas. Andalucía marca el nuevo ciclo político en España y deja al PSOE al borde de la descomposición.

El pálpito ganador se explica sobre todo después de haber ganado. Así, las “kellys” andaluzas que planteaban que “Juanma lo está haciendo bien” se traducen ahora en mayorías absolutas. Inma Nieto soltó a Moreno en el segundo debate que “se le está poniendo cara de Susana Díaz” -a quien no era difícil imaginar acariciando un gatito la noche electoral- pero los números dicen que a quien se le da un aire es a Chaves, que gobernó Andalucía casi sin despeinarse durante 16 años. Decíamos ayer: “La metamorfosis del PP-A hacia la hegemonía en Andalucía” desde la marca Juanma Moreno, basada en la centralidad y la normalidad. La victoria del PP andaluz no hace rehenes y está por llegar la sentencia definitiva de los ERE.

El 2 de diciembre de 2018, Moreno señalaba: “Esta noche han acabado 40 años de hegemonía socialista. Andalucía ha escrito una nueva página en la historia. Se ha hecho realidad el sueño de cientos de miles de andaluces. Ha llegado el cambio”. “Todo parece imposible hasta que se hace”, citó el jefe de gabinete de Moreno a Mandela el 10 de enero de 2019, antes de la investidura. El 16 de enero de 2019 publicó una imagen de Moreno ante una marabunta de medios, ya como presidente, titulando: “Lo imposible”. El culmen de una campaña electoral que arrancó a las puertas de un prostíbulo -en el que supuestamente se gastó el dinero de los parados-, tuvo una vaca por medio y acabó con Moreno de presidente con el peor resultado en la historia del PP. En la jornada de ayer, tras una campaña que comenzó en el Hospital Militar de Sevilla y también con vaca por medio, otra imagen corroboraba el “tsunami azul” cuando Moreno se paraba a valorar las primeras encuestas, sin tirar las campanas al aire y la certeza de “Lo imposible, parte 2″. La mayoría absoluta del PP era necesariamente un hecho. El significado de los vencejos muertos por el calor las jornadas previas en Sevilla quedaba claro para los socialistas y el pésame de Susana Díaz tuvo la misma credibilidad que José Manuel Parada haciendo publicidad de una confitería y de una obra de teatro en Instagram aprovechando el entierro de Jesús Mariñas. Por lo demás, las elecciones andaluzas certifican la defunción de Ciudadanos, aún herido de muerte tras el harakiri de Albert Rivera cuando renunció a ser vicepresidente del Gobierno, sumado al efecto “abrazo del oso” de los gobiernos de coalición, como ya pasara con el PA o con IU. A Marín no le votaron ni en su pueblo, Sanlúcar de Barrameda, donde pasó de primera a quinta fuerza. Por la mañana se encomendaba a las monjas que iban a votar -quién sabe si comentando recetas de torrijas- pero la providencia no estaba de su parte, a espera de que Inés Arrimadas apague la luz.

El resultado electoral deja, por otro lado, la certeza de que las izquierdas se separaron, aún más, para casi acabar en el mismo despacho del grupo mixto. Finalmente, Por Andalucía, con cinco diputados, cabe en un taxi grande y Teresa Rodríguez saca su escaño y otro más en su tercera legislatura del que iba a ser un paso efímero por la política para volver a las aulas. El cálculo es que ambas fuerzas juntas habría restado siete escaños a la derecha. Yolanda Díaz atrajo a 2.500 personas en Córdoba, 1.500 personas en Málaga, 3.000 personas en Dos Hermanas pero una campaña aceptable no garantiza el éxito más aún cuando la coalición venía herida desde la misma conformación con el retraso en la entrega de los papeles de Podemos.

“Casi todos podemos soportar la adversidad; pero si queréis poner a prueba de verdad el carácter de un hombre, dadle el poder”, dijo Abraham Lincoln. Juanma Moreno no ha tenido un mandato fácil con el coronavirus y el electorado le ha reconocido el temple. El tránsito del candidato Bonilla al presidente Juanma es digno de estudio político y de comunicación. Del hombre puesto a dedo por Rajoy y al que visitaba todas las semanas, igual que las madres llenan a sus hijos las neveras de tuppers, al barón más importante del PP por delante del huracán mediático Ayuso, sin estridencias y sin sobresaltos.

Nadie daba un duro por el «candidato Bonilla». «Para un día ser dragón, hay que tragar muchos sapos». Eso o hacerse vegano. Bonilla no tenía nada que perder y todo por ganar. Bonilla, como Clark Kent, se quitó las gafas, se apretó los boxers -que en el PP entonces todavía les llamaban «bradleys»- y a la sonrisa y ‘caidita’ de ojos que le acompañaban a diario le sumó el poquito de colmillo que se le echaba en falta. Bonilla se convirtió en Juanma Moreno y luego en Juanma, presidente. Griñán, con aire de estadista, intentó sin éxito que le llamaran Pepe. La noche previa a las elecciones y el día de autos, el personal preguntaba en qué papeleta aparecía el nombre de Juanma, quien, lejos de la reacción de Míchel cuando marcó sus dos goles en Udine frente a Corea del Sur-”Me lo merezco, me lo merezco”- ha señalado que sabe que tiene mucho voto prestado y debe gobernar para todos. Decía el Buitre, que vivió bajo el signo del 7, que la tranquilidad es poder, que la energía es limitada y debes orientarla a lo que te interesa. “Tenemos que seguir gobernando como si no tuviésemos mayoría absoluta, desde la sensatez y la humildad, buscando alianzas y complicidad con la sociedad. Voy a intentar no defraudar a los andaluces”, señala Moreno. “Lo imposible, parte 2″ también coincide en el tiempo con la victoria de Rocky, hace 43 años, frente Apollo Creed para lograr su primer título mundial.