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Antonio Fernández: “El cerebro es como explorar una habitación oscura sin ver”

Hay gente que piensa que la depresión es “estar triste”

Hay gente que piensa que la depresión es “estar triste”

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El director de Relaciones Gubernamentales de Janssen España, quiso, con el motivo del día de la Salud Mental (el pasado 10 de octubre), hablar sobre la depresión, sus estigmas y el trabajo de la empresa en el ámbito de la neurociencia:

-Desde Janssen, ¿cuál es su aportación en el área de la salud mental?

-En en laboratorio tenemos un sólido compromiso con la salud mental. Somos una de las compañías pioneras en el desarrollo de medicamentos en enfermedades mentales. De hecho, está en nuestros orígenes. Nuestro fundador, el doctor Paul Janssen, comenzó a investigar en Neurociencia en los años 50 –en la prehistoria de la farmacología del cerebro– cuando, sencillamente, no había medicamentos para enfermedades mentales tan graves como, por ejemplo, la esquizofrenia. Así, en 1959, desarrollamos un nuevo medicamento que nos permitió contribuir a uno de los avances en medicina más relevantes del siglo pasado: desinstitucionalizar a los pacientes con esquizofrenia, es decir, que no tuvieran que estar ingresados en un hospital psiquiátrico de por vida y pudieran integrarse en la sociedad. Desde entonces, nuestra apuesta por la innovación se ha mantenido siendo una de las compañías que más compuestos ha aportado a la lista de fármacos esenciales de la Organización Mundial de la Salud (OMS), una lista de «medicamentos imprescindibles» en cualquier sistema sanitario del mundo. Hoy seguimos trabajando cada día para que los pacientes con enfermedades mentales graves puedan desarrollar su proyecto de vida.

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-La compañía investiga en diferentes áreas terapéuticas, ¿qué porcentaje de la investigación dedican a enfermedades mentales?

-Nuestra compañía invierte en I+D unos 9.000 millones de dólares al año en diferentes áreas terapéuticas, unos 25 millones de dólares diarios dedicados a sintetizar y desarrollar nuevos medicamentos. De estos recursos, aproximadamente un 20-25% se dedican al área de neurociencias. Tenemos un fuerte equipo de investigación y desarrollo, que trabajan en investigación básica en neurociencias –dedicado a crear nuevas moléculas que podrían convertirse en fármacos– en Toledo, y otro en Investigación Clínica –que prueba la eficacia y seguridad de esos medicamentos en las personas–. De hecho, España es la filial que más recursos emplea en investigación clínica, sólo por detrás de EE UU y China. La clave son las personas, los equipos, la constancia, la focalización en determinadas enfermedades para tener un conocimiento profundo de las mismas, la excelencia en nuestra I+D y una alta capacidad de inversión.

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-La investigación es una carrera de larga distancia. ¿Cuánto tiempo suele transcurrir desde que se empieza a investigar con un medicamento hasta que llega al mercado?

-El proceso de desarrollo de un fármaco es apasionante si bien es largo y complejo. El proceso dura entre ocho y diez años, es una carrera de obstáculos en la que sólo una de cada 10.000 moléculas de las que creamos llega a los pacientes. Después de diseñar y crear un nuevo compuesto, tenemos que comprobar que tiene la actividad biológica que estamos buscando, a continuación, se prueba en el laboratorio, en animales y, por último, en humanos. Esta última es la parte más larga y compleja porque tenemos que demostrar en los ensayos clínicos que ese nuevo candidato a medicamento es eficaz y es seguro y que tiene un benefició clínico para el paciente superior a lo que tenemos hoy en día. Si todo este proceso va bien, finalmente las agencias reguladoras lo evalúan y lo aprueban si entienden que los resultados son satisfactorios.

-En el caso de la investigación en neurociencias da la sensación de que cuesta más avanzar que en otras áreas. ¿Cuál es la razón?

-Resulta cierto que la investigación en salud mental es diferente y mucho más desafiante por dos razones, en mi opinión: por un lado, está el cerebro y lo que sabemos de su funcionamiento, que, pese a los grandes avances, todavía es limitado. Sigue siendo mucho más lo que desconocemos que lo que sabemos de estas enfermedades. En cierto modo el cerebro es como explorar una habitación oscura donde carecemos de la visión y sólo dependemos del tacto para ver qué es lo que contiene y cómo se relacionan entre sí los contenidos. No poder encender la luz nos impide, en muchos casos, ver el cuadro al completo. Eso hace que, con frecuencia, en el caso de los trastornos mentales, sólo podemos abordar el tratamiento de los síntomas porque sencillamente desconocemos la causa raíz. Por otro lado, no tenemos buenos instrumentos de medida que nos permitan valorar de forma precisa el impacto de lo que hacemos. Cuando un paciente nos dice que sufre por causa de una enfermedad mental, a diferencia de cuando tiene, por ejemplo, la presión arterial elevada, no tenemos un instrumento como el manómetro, en el caso de la presión arterial, que nos permita medir con precisión su grado de sufrimiento, dependemos en cierto modo, de la subjetividad del propio paciente y del evaluador.

-Todo esto supone un esfuerzo extra. ¿Cuáles son sus líneas de trabajo?

-En cualquier caso, esto no es óbice para que sigamos centrando nuestros esfuerzos en investigación en esta área de la salud mental, donde hay muchas necesidades por resolver aún. La depresión es un buen ejemplo. Hay gente que piensa que la depresión es «estar triste», pero cuando hablamos de depresión grave, hablamos de una enfermedad extremadamente discapacitante, de personas que experimentan un sufrimiento intensísimo, que les impide disfrutar de las cosas como solían hacerlo y funcionar con normalidad. Uno de los hallazgos observados en las investigaciones que estamos llevando a cabo es que la depresión está asociada a un deterioro de las conexiones neuronales, se van perdiendo. Y el desafío es cómo volver a restaurarlas y reconectar. Ahora mismo, en Janssen estamos muy avanzados en el desarrollo de medicamentos con nuevos mecanismos de acción, diferentes a lo que se utilizan habitualmente, y que permitirían reconectar esas terminaciones neuronales, intervenir en lo que se denomina la «plasticidad neuronal». Creemos que pronto tendremos muy buenas noticias a este respecto.