
Navidad
El dulce navideño más sorprendente viene de Canarias y se prepara en diez minutos
Un postre histórico del Archipiélago vuelve a escena estas fiestas con una preparación tan fácil que cualquier persona puede hacerlo en casa

En Canarias sigue habiendo postres que se preparan como antes, aprendidos viendo a madres y abuelas en la cocina y repetidos casi de memoria en cada casa. Entre todas esas recetas hay un dulce que se cuela una y otra vez en la mesa de los canarios, porque llena, sabe a isla y se hace con lo que cualquiera tiene a mano. Ese dulce es el turrón de gofio, un bocado que resume como pocos la cocina canaria y que se ha ganado un lugar fijo en la despensa por su sabor, su aporte energético y la facilidad con la que puede hacerse en cualquier cocina.
Aunque hoy se sirve más como capricho, sus orígenes están en el campo canario, cuando los trabajadores necesitaban algo que aguantara el calor, llenara el estómago y no se estropeara durante las largas jornadas entre surcos.. A partir de esa necesidad nació una mezcla de gofio, almendra y miel que primero se usó como alimento de resistencia y que con el tiempo pasó a convertirse en uno de los postres más queridos de las Islas, presente tanto en celebraciones como en el día a día.
El gofio
El gofio, tostado y molido como se ha hecho siempre, fue durante décadas el motor alimentario de miles de familias canarias. Su versatilidad permitió usarlo tanto en masa como en potajes, leche o postres. En el turrón su papel es clave, ya que se combina con almendra en granillo, azúcar y miel -mejor si es de palma- hasta lograr un sabor que recuerda la cocina sencilla, de productos cercanos.
Ingredientes accesibles para su elaboración
Preparar turrón de gofio no exige más que almendra troceada, azúcar, gofio de millo y miel. Algunos ajustan la textura con un poco de agua y otros juegan con una cobertura fina de chocolate para darle un toque festivo. Cada familia ha ido adaptando la receta según sus gustos, pero el sabor característico sigue siendo el mismo que muchos recuerdan desde la infancia.
El proceso arranca al preparar un caramelo con el azúcar y añadir la almendra para que quede bien impregnada. Esa mezcla se extiende sobre papel vegetal y se deja enfriar hasta endurecer. Luego se rompe y se tritura para obtener trocitos pequeños que se unirán al gofio y la miel, trabajando la mezcla con las manos hasta obtener una masa firme y uniforme que pueda moldearse sin dificultad.
Con la masa lista, se forra un molde con papel vegetal y se presiona para que no queden huecos, alisando la superficie antes de guardarlo en la nevera para que coja cuerpo. Tras unas horas de reposo, el turrón se desmolda y puede servirse tal cual o decorarse con hilos de chocolate fundido. Esa facilidad de preparación es una de las razones por las que sigue tan presente en tantos hogares y por la que ha pasado de ser un dulce de fiesta a un tentempié que algunos llevan incluso a excursiones o al trabajo.
Memoria viva del Archipiélago
Este postre conserva un vínculo emocional con las Islas que va más allá del gusto. Para muchos canarios recuerda una época en la que el gofio era la base de la alimentación y en la que cada familia tenía su forma particular de prepararlo. Hoy, además de estar presente en las cocinas domésticas, aparece en ferias gastronómicas, mercados tradicionales y cartas de restaurantes que buscan reivindicar la identidad local, siempre con el turrón como embajador dulce de la cultura canaria.
En bautizos, cumpleaños, romerías o simples reuniones de domingo, el turrón de gofio sigue también apareciendo. Se coloca la fuente en el centro y los trozos van desapareciendo casi sin que nadie se dé cuenta. Mientras llegan nuevas tendencias reposteras, este dulce mantiene su lugar gracias a su sabor reconocible, a la historia que transmite y a la facilidad con la que reúne a toda la familia alrededor de una bandeja.
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