
Desarrollo rural
El museo que reivindica a las mujeres científicas olvidadas y que apareció en Times Square
De la mano de Rosana Largo, su directora, ha conquistado el primer premio nacional de Creatividad Cultural

La noche de Córdoba estaba envuelta en un ambiente vibrante cuando, en el Palacio de Congresos y en plena celebración del III Festival Flamenco de Planneo, el jurado de la Copa España Creativa pronunció un nombre que desató una ovación inmediata: Rosana Largo, directora del Museo de los Cuentos y la Ciencia de Paredes de Nava, ganadora del primer premio nacional en Creatividad Cultural Artística.
Fue un instante de emoción colectiva, de reconocimiento a un proyecto improbable y mágico que nació en un pueblo de Tierra de Campos y que hoy se ha convertido en un referente nacional.
Tan solo unos días después Rosana sigue emocionándose al recordarlo. "Ya solo el hecho de estar entre los 18 finalistas era para mí un regalo", dice con una mezcla de humildad y asombro sincero. Había competido con proyectos tecnológicos punteros, con iniciativas urbanas de gran envergadura y con propuestas respaldadas por instituciones poderosas. "Yo ya me sentía afortunada por estar ahí", insiste a Ical, pero admite que durante la defensa ante el jurado ocurrió algo inesperado, la emoción se apoderó de la sala.
"Cuando terminé de hablar, los vi mirándome como niños. Les brillaban los ojos. Entendieron que este museo se defiende desde el corazón, desde la risa de los niños, desde la risa de los adultos, desde la emoción que despierta aprender a través del cuento". Por eso, cuando escuchó su nombre, no pudo contenerse: "Lo primero que hice fue llorar".
Aquel premio no era solo suyo. Era también de un museo único en España, nacido en plena pandemia y construido con una dedicación casi artesanal, y también del territorio que lo acoge: Paredes de Nava, un municipio que se ha acostumbrado a hacer historia desde el Renacimiento… y que ahora vuelve a hacerlo a través de la creatividad. El jurado destacó la innovación narrativa del proyecto, su impacto social y su capacidad para dinamizar la actividad cultural del entorno.
Porque el Museo de los Cuentos y la Ciencia no es un museo más. "Somos el único museo de España que une ciencia y literatura a través del cuento y del arte", afirma Rosana. Esa singularidad lo convierte en una experiencia intergeneracional que atrae a familias, colegios, expertos y curiosos. Y hay un elemento esencial, ya que para Rosana "el territorio es parte indispensable del proyecto. Sin Paredes, este museo no existiría", explica
Rosana siempre tuvo claro que quería llevar su comarca y su provincia "a nivel internacional".
Lo decía sin grandilocuencia, sin estrategia de marketing, lo decía desde una convicción íntima. Y lo ha logrado. Con más de 33.000 visitantes desde su apertura, el museo ha sido reconocido en múltiples certámenes y ha cruzado fronteras. Es, además, una herramienta poderosa para romper estereotipos sobre la llamada España vaciada.
"Tenemos un patrimonio rural extraordinario. En Palencia cada pueblo tiene una joya románica. Es un tesoro que solo necesita que sepamos proyectarlo bien". Y lo ha proyectado con fuerza, belleza, creatividad… y también con un sello inconfundible: sus vestidos-cuadro, auténticas obras de arte policromadas al óleo que Rosana pinta a mano y que se convierten en iconos vivientes del museo.
En la gala de Córdoba llevó ‘El sueño de Botticelli’, un vestido protagonizado por una niña que sueña, homenajeando al maestro florentino. Ya le había traído suerte en París, donde recibió la medalla de platino de la Academia de Artes, Ciencias y Letras. Y volvió a hacerlo en Córdoba. "Es arte en movimiento", explica. Los asistentes se acercaban a tocarlo, a fotografiarlo, sorprendidos por la fusión de moda, pintura y narrativa. "Es la mejor representación posible del museo".
La historia del Museo de los Cuentos y la Ciencia comenzó en 2020, en pleno caos pandémico. Rosana llevaba más de una década viajando por el mundo con sus exposiciones científicas cuando acumuló tantas piezas y tanta narrativa que sintió que necesitaban un hogar. La chispa surgió en una conversación con la exsenadora Carmen Fernández Caballero, quien propuso hablar con el alcalde de Paredes de Nava, Luis Calderón. Ese encuentro lo cambió todo. La Iglesia de San Martín, una joya tardogótica desacralizada, se convirtió en el espacio ideal, un lugar majestuoso, silencioso, perfecto para guardar un tesoro.

"Un continente magnífico".
El Ayuntamiento apostó por la idea, y la Diputación respaldó el proyecto que hoy es motivo de orgullo. Entrar en el museo no es como entrar en un espacio museístico convencional. Es atravesar una cerradura gigante inspirada en ‘Alicia en el País de las Maravillas’ y adentrarse en un mundo paralelo. Un espacio donde la literatura se convierte en puente hacia la ciencia, donde las grandes historias conviven con explicaciones accesibles, ingeniosas y visualmente deslumbrantes.
Allí, El Principito introduce la astronomía; Blancanieves enseña biología y telómeros; Peter Pan conecta con los inventos voladores de Leonardo da Vinci; Alicia nos guía por teorías físicas, botánicas y matemáticas; y el Sombrerero Loco explica el mercurialismo y la toxicología. Todo ello acompañado de esculturas volumétricas pintadas al óleo, enigmas interactivos, mecanismos con arduino y un diseño museográfico que no deja indiferente a nadie.
Uno de los pilares del museo es reivindicar a las mujeres científicas olvidadas. Rosana habla con admiración de figuras como Henrietta Swan Leavitt, cuyas investigaciones permitieron medir distancias en el universo, y de tantas otras científicas a las que la historia ocultó tras nombres masculinos. En sus salas recuperan su rostro, su nombre, su historia. Cuando le pregunto cuál es la frase que más escucha de los visitantes, Rosana estalla en una carcajada: "Me preguntan: '¿Cuánto has trabajado? ¡Pensábamos que tenías 90 años!'", reconoce entre risas.
La broma encierra una verdad, ya que el museo es fruto de 14 años de trabajo acumulado y dos de montaje intensivo. Muchas noches sin dormir. Mucha madera cortada con caladora y sierra circular. Mucho óleo, mucho esfuerzo físico, mucha imaginación silenciosa en una iglesia vacía. "Todo lo que hay ahí lo he hecho yo sola. Y eso, te guste más o menos, tiene un valor".
El impacto de su trabajo ha alcanzado lugares insospechados. Paredes de Nava apareció en Times Square, en la pantalla más emblemática del mundo. Rosana no pudo viajar, pero su cuñada Gloria grabó el momento "por si había un apagón", bromea. Aquel día, un pequeño pueblo de Tierra de Campos brilló ante millones de personas. "Fue una apuesta arriesgada, pero salió bien. Y lo hicimos para que supieran dónde está Paredes de Nava". Su reconocimiento internacional no termina ahí. En 2023 fue seleccionada entre las 100 artistas más influyentes del mundo en Estados Unidos. "Me puse a ver la trayectoria de aquellas mujeres y me dio vértigo. Algunas tenían carreras de décadas, eran gigantes. Yo pensé ‘madre mía, qué responsabilidad’".
Le llegaron propuestas, colaboraciones, invitaciones a museos y exposiciones permanentes. Pero ella se ha mantenido fiel a una decisión personal. "Me he comprometido con mi pueblo". Es un compromiso que repite sin necesidad de subrayarlo, porque se nota que nace del lugar más honesto. El futuro del museo es prometedor. Grupos de visitantes de toda España y del extranjero, incluidos estudiantes de Nueva York que viajarán expresamente para trabajar contenidos científicos en sus salas. La proyección sigue creciendo, pero sin perder el espíritu original: emocionar para enseñar.
Pero la trayectoria de Rosana es cada vez más ambiciosa, con una proyección que incluso traspasa las fronteras nacionales. “De nuevo vuelvo a estar invitada a la pregala de los Oscar (como ya ocurrió en 2024 cuando disfrutó de la ceremonia en directo desde el Hotel Hilton de Los Ángeles) y volveré a hacer un desfile de moda policromada al óleo en Dubai, donde siempre hacemos una referencia a Paredes de Nava”, explica con orgullo. “Esta vez iremos con unos vestidos muy particulares que van a ser amparados en la sostenibilidad, vestidos esculturas y vestido cuadro. Para nosotros es todo un orgullo”, afirma.
Quizá el mayor éxito del Museo de los Cuentos y la Ciencia sea que transforma la mirada de quienes lo visitan. Allí, en medio de cuentos, estrellas, personajes y conceptos científicos, ocurre algo profundamente humano: se recupera la capacidad de asombro. Se recuerda que aprender puede ser un acto de belleza, y se entiende por qué Rosana dice, con una sonrisa que mezcla cansancio y orgullo, que la risa es una herramienta poderosa. Porque, quizá, todo el mundo necesita, aunque sea por un momento, volver a ser niño.
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