Cataluña encara una semana de vértigo: ¿de la inhabilitación de Torra al caos en las calles?

El president puede ser destituido por el Tribunal Supremo y el independentismo ha convocado ya protestas, que han obligado a los Mossos d’Esquadra a activar la alerta máxima

Como prácticamente cada mes de octubre desde que estallara el «procés», Cataluña vuelve a adentrarse en una fase de alto voltaje en esta época del año. La previsible inhabilitación de Quim Torra, que podría producirse mañana mismo, puede originar una nueva tormenta en la política catalana y desatar una nueva ola de protestas del independentismo. En este sentido, las movilizaciones que se prevén han encendido las alarmas en Cataluña.

Los Mossos d’Esquadra han activado el nivel de máxima alerta ante la posibilidad de que se puedan volver a registrar incidentes violentos en las calles o cortes de carreteras, muy habituales en las protestas del independentismo. Bien es cierto también que las circunstancias sanitarias también invitan a pensar que las protestas pueden desarrollarse de forma mucho más contenida que el año pasado tras la sentencia del «procés»: de hecho, como ya se pudo comprobar durante la Diada, la menor afluencia de gente limita o atenúa la capacidad de acción de los grupos radicales.

El 11 de septiembre se saldó con casi una decena de detenidos, pero con un bajo grado de incidentes, más allá de la quema de barricadas en algunos puntos de infraestructuras ferroviarias o la quema de contenedores en el centro de Barcelona, que fue rápidamente sofocado. Además de la posible respuesta a la inhabilitación de Torra, también cabe destacar que el jueves es 1 de octubre, fecha simbólica para el independentismo.

De momento, tan solo grupos radicales han convocado ya protestas –los CDR han convocado en los Jardinets de Gràcia, lugar simbólico para el independentismo más radical–. La ANC y Òmnium aún no han concretado. En este sentido, además de las circunstancias sanitarias, también tendrá mucha influencia la respuesta que dé Torra a la resolución del Supremo en la reacción que se pueda dar en la calle. Por el momento, el president parece inclinarse por una actitud moderada, en línea con el tono responsable que ha tratado de mantener durante la gestión de la pandemia –el Govern, por ejemplo, no participó en la manifestación de la Diada–: se da por descartado el escenario de desobediencia y atrincheramiento en el Palau de la Generalitat.

De hecho, el choque se puede dar más bien con Esquerra y los grupos de la oposición. JxCat y los republicanos mantienen aún divergencias sobre cuál debe ser el desenlace de la legislatura y los próximos meses se antojan tormentosos para ambos partidos: el partido de Carles Puigdemont apuesta por alejar la celebración de las elecciones, mientras que el partido de Oriol Junqueras prefiere una convocatoria electoral inmediata.

Es decir, esperar 54 días o 124 días. Si se opta por la senda de Esquerra, Torra podría aprovechar el margen de tiempo entre que se publica la sentencia y se notifica personalmente –pueden ser días– para convocar las elecciones a iniciativa propia y, por Ley, pasarían 54 días hasta el día de la votación. Si no lo hace, como todo indica, se activaría la cuenta atrás para una convocatoria automática, tal y como marca la Ley: es decir, sería un primer plazo de 10 días para buscar un candidato; si la votación es fallida, se abriría otro plazo de 60 días para reintentarlo; y, si tampoco prospera ningún candidato alternativo, las elecciones se convocarían y tardarían en celebrarse otros 54 días –es decir, entre finales de enero y principios de febrero–.

Si bien, la aplicación de este calendario también puede generar polémica entre JxCat y ERC. ¿Por qué? Porque para pasar del primer plazo (10 días) al segundo plazo (60 días) se requiere de una votación fallida: JxCat ha rechazado presentar un candidato alternativo, por lo tanto, la legislatura podría quedar bloqueada ahí. El presidente del Parlament, Roger Torrent, tiene la intención de recurrir a un «acto equivalente» a una votación –por ejemplo, convocar un pleno y comunicar que no hay candidato sería suficiente– para activar el reloj hacia unas elecciones, un movimiento que podría situarle en el punto de mira. El partido de Puigdemont prefiere evitar ese escenario y empezar a hablar de elecciones hacia finales de año.