El socialismo catalán recuerda a Ernest Lluch

Illa, Iceta o Batet homenajean en un acto del PSC al exministro de Sanidad, asesinado por ETA en el año 2000

Ernest LluchServicio Ilustrado (Automático) TWITTER MORENO

Ernest Lluch, uno de los símbolos del sistema sanitario universal español, fue asesinado hace 20 años por ETA. Diputado socialista en el Congreso entre 1977 y 1989 y ministro de Sanidad con Felipe González entre 1982 y 1986, Lluch ha sido recordado hoy por el PSC en un acto de homenaje telemático que ha puesto en valor su figura desde diferentes perspectivas –tanto política como personal-. Desde Salvador Illa a Miquel Iceta, pasando por Meritxell Batet, los primeros espadas del socialismo catalán han hecho un repaso a su prolífica trayectoria, interrumpida un 21 de noviembre del año 2000 tras recibir dos disparos por la espalda en el interior del parking de su casa.

En plena pandemia, se hace pertinente recordar su paso por el Ministerio de Sanidad. Ministerio, que, según ha detallado Illa, conserva aún su mesa. Su hija, Eulàlia Lluch, que también ha intervenido en el acto, ha explicado que “hizo amigos entre los trabajadores” y quisieron mantenerla y todavía continúa allí. Lluch, en un contexto marcado por la ola modernizadora de las estructuras del Estado, impulsó la Ley General de Sanidad, que puso las bases de nuestro sistema sanitario y fue aprobada en abril de 1986. Bajo ese marco legal, se pudieron incorporar al sistema de salud más de siete millones de personas. Illa ha destacado que Lluch consiguió dar un “giro copernicano” para dar cobertura a todos los españoles y ha explicado que esos “principios rectores” hoy inspiran todavía nuestro sistema pese a que se van “actualizando”.

No obstante, esa Ley no estuvo exenta de desencuentros. Hubo que conciliar intereses, aunque, precisamente, en el diálogo, Ernest Lluch siempre tuvo uno de sus puntos fuertes. “Fue agotador”, ha recordado su hija Eulàlia. Iceta ha evocado que tuvo “batallas con los colegios de médicos, las farmacéuticas y la administración pública”, pero salió adelante. “Era la persona adecuada, porque era más abierto, práctico y menos ideológico”, ha expuesto Iceta. “Era de valores profundos, era un reformista, que apostaba por el progreso de la sociedad”, ha añadido el líder de los socialistas catalanes.

Ese talante, esa defensa del diálogo, nunca lo perdió. Tampoco para apostar por el diálogo para acabar con ETA. Pese a las amenazas de la organización terrorista. “Hay que tener una fortaleza interior bestial para mantener una idea pese a las amenazas”, ha asegurado Iceta, que ha recordado que Lluch continuaba yendo al País Vasco -territorio con el que mantenía un fuerte vínculo personal- y ha destacado un mitin celebrado el 3 de junio de 1999 en San Sebastián para apoyar la candidatura a la alcaldía de Odón Elorza en el que sufrió el acoso de la izquierda abertzale. Justo en aquel momento, ETA había decretado una tregua, aunque significarse políticamente en el País Vasco seguía siendo actividad de riesgo. Lluch, ante los escraches y los gritos incesantes, espetó nada más iniciar su intervención en el mitin: “Qué alegría ver que en esta plaza los que ahora gritan, antes mataban”. Hoy su hija ha explicado que, más tarde, supo que, por aquellas fechas (un poco antes, en Semana Santa), su padre había recibido una carta de la organización terrorista amenazándole.

Un año y medio después, Lluch, al volver a casa de impartir clases en la Facultad de Economía y Empresa de la Universidad de Barcelona (UB) fue asesinado. La reacción popular fue masiva: Joan Elías, rector de la UB, ha recordado que un millón de personas salió a la calle en una movilización organizada en el Paseo de Gracia de Barcelona, encabezada por el presidente de la Generalitat, Jordi Pujol; el Lehendakari, Juan José Ibarretxe; el presidente del Gobierno, José María Aznar; y, el líder de la oposición, José Luis Rodríguez Zapatero.

Lluch, entonces, ya estaba de vuelta en la universidad. “La faceta de profesor fue probablemente a la que más amor le profesó. Y, seguramente, también era porque escondía uno de sus amores más grandes, el conocimiento, el saber”, ha expuesto la líder del PSC en Girona, Silvia Paneque, conductora del acto. El exministro, licenciado en Ciencias Políticas, Económicas y Comerciales por la Universidad de Barcelona con premio extraordinario de final de carrera en 1961, pasó buena parte de su vida vinculado a la universidad impartiendo clases. Y, de él, la gran mayoría de los intervinientes en el acto han resaltado una característica personal: “la curiosidad infinita”, la voluntad por saber.

“Tenía una curiosidad infinita por saber lo que hay detrás de las cosas, conocer los detalles”, ha recordado Iceta, que ha explicado que nunca hablaba sin fundamento, sin haber estudiado lo que trataba. “Era una persona curiosa, que concebía la política como confrontación de argumentos y propuestas para llegar a un consenso mínimo entre la sociedad”, recuerda Illa, quien tuvo trato con él cuando era alcalde de La Roca del Vallès (Barcelona) y destaca su “rigurosidad”. Batet, desde una sala que lleva el nombre y tiene un busto de Lluch en el Congreso, ha reivindicado también su papel como diputado durante los primeros pasos de la democracia, en debates tan sensibles como la reforma fiscal de 1977, los Pactos de la Moncloa, los presupuestos anules, las discusiones sobre los estatutos o la Ley orgánica de financiación de las comunidades autónomas (LOFCA).

En clave política más catalana, Illa ha asegurado que su talante debe ser una fuente de inspiración para la “reconciliación” entre los catalanes tras la división creada por el “procés”, mientras que Iceta ha recordado que admiraba mucho a Josep Tarradellas y que era “profundamente catalanista”. “Pero era partidario de un catalanismo abierto, acogedor, para que perviviese, que nunca se dividiera por razón de lengua y procedencia”, ha afirmado. “Tenía respeto personal por Pujol”, ha asegurado y ha llegado a evocar que Lluch pensaba que “el día que falte Pujol, el catalanismo sufrirá una sacudida”.