Una alternativa a la vacuna: un antiparasitario para reducir la transmisión de la covid

Un estudio del Instituto de Salud Global de Barcelona y la Universidad de Navarra obtiene resultados alentadores con la ivermectina, un antiviral que se usa contra el dengue, la sarna o la fiebre amarilla

Equipo científico que ha realizado el estudio de ISGlobal y la Clínica Universidad de Navarra
Equipo científico que ha realizado el estudio de ISGlobal y la Clínica Universidad de NavarraISGlobal

La ivermectina, junto a la hidroxicloriquina o la dexametasona, fue uno de los fármacos que se hicieron famosos en la primera ola como posible tratamiento para luchar contra la COVID-19. Es un antiparasitario que se utiliza desde la década de 1970 contra enfermedades como la sarna, la ceguera de los ríos, que causa un parásito en áreas rurales del continente africano, y que también se estudia para matar a los mosquitos que transmiten la malaria. Como tiene un efecto parcial contra 300 virus –dengue, zika, fiebre amarilla, virus del Nilo Occidental o chikunguña–, es barato y hace años que se administra con seguridad, al inicio de la pandemia, se planteó estudiar si también era capaz de reducir la replicación del virus del SARS-CoV-2.

El doctor Carlos Chaccour, investigador de ISGlobal y médico de la Clínica Universidad de Navarra, que hace tiempo que trabaja y estudia este medicamento, se puso con ello. Pero antes de obtener resultados, salió un experimento australiano que demostraba, in vitro, que la ivermectina había logrado reducir la replicación del SARS-CoV-2 en líneas celulares, y el mundo se dividió en dos. Un grupo alertaba de que los australianos habían utilizado concentraciones mucho más altas a las recomendadas para uso humano. Y otro se abrazó a este tratamiento y empezó a administrar dosis de caballo. Literalmente. Perú, Bolivia y algunas regiones de Brasil respaldaron su administración, pese a no estar probado de manera oficial. Hubo que lamentar alguna tragedia, porque como es un fármaco accesible que manejan los veterinarios, hubo quien administró dosis para animales a humanos.

«Unos mataron el tratamiento antes de tiempo, otros lo administraron sin filtro y nosotros optamos por el camino del medio: estudiarlo», explica el doctor Chaccour. «¿Por qué íbamos a descartar un medicamento que tiene potencial y que hemos visto que es seguro después de haber sido distribuido a más de 3.000 millones de personas en los últimos 30 años para erradicar la ceguera de los ríos?», se preguntó. Chaccour puso en marcha el proyecto SAINT, un pequeño estudio piloto que acaba de publicarse en la revista científica «EClinicalMedicine», del grupo de «The Lancet». Sus conclusiones sugieren que la administración temprana de ivermectina puede disminuir la carga viral y la duración de los síntomas en paciente con COVID-19 moderada.

Una alternativa a la vacuna

Aunque ya hay dos vacunas aprobadas contra el nuevo coronavirus, hará falta un mínimo de dos años para inmunizar a un porcentaje suficientemente alto de la población mundial y detener la propagación del virus. Mientras tanto, Chaccour reivindica la idea de encontrar fármacos capaces de reducir la transmisión del virus y prevenir la infección. “Se están realizando esfuerzos notables para desarrollar tratamiento contra la Covid-19, pero se ha puesto menos atención en encontrar fármacos que reduzcan la transmisión del virus”, explica.

Cómo se hizo el estudio

En su estudio, participaron 24 pacientes. “Quería tener información para saber si valía la pena invertir dinero y esfuerzos en un ensayo a mayor escala”, comenta. Los resultados que ha obtenido indican que sí. Su proyecto arrancó en marzo, pero no obtuvo permiso hasta finales de mayo. “Entonces, en la Clínica Universidad de Navarra ya no había pacientes. Y no tuvimos los enfermos para reclutar hasta septiembre”, explica. Elegimos pacientes de entre 18 y 56 años -la media ha acabado siendo de 26 años-, sin patologías previas, con infección confirmada y moderada, en las 72 primeras horas tras los primeros síntomas.

En el momento del reclutamiento, se tomaron frotis nasofaríngeos y muestras de sangre en el momento del reclutamiento, y pasados cuatro, siete, 21 y 28 días desde el inicio del tratamiento. A la mitad del grupo se le dio ivermectina y a la otra mitad placebo. Transcurridos cuatro días, los pacientes que fueron tratados con la invermectina tenían una carga tres veces menor que el resto y pasados siete días, hasta 18 veces menor. Al ser una muestra tan pequeña, no sería destacable si no fuera porque los pacientes tratados también tuvieron menos síntomas. Desarrollaron menos problemas de olfato y tanto la anosmia como la tos les duró menos. Finalmente, todos los pacientes desarrollaron anticuerpos frente al virus, pero en el grupo que fue tratado, el valor medio de los anticuerpos fue menor. “Esto podría indicar que los pacientes tratados desarrollaron menos carga viral”, sospecha Chaccour.

Un tratamiento para contactos de positivos

El estudio de ISGlobal y la Clínica Universidad de Navarra destaca también que no hubo diferencias en la duración de los síntomas o marcadores asociados a la inflamación y esto sugiere que la ivermectina puede estar actuando por medio de otro mecanismo que no tiene que ver con un posible efecto antinflamatorio. Los autores creen que podría estar interfiriendo con la entrada del virus en las células, como sugiere otro estudios con hámsters realizado por el Instituto Pasteur.

“Aunque es un estudio pequeño, las tendencias observadas en la reducción de la carga viral, duración de los síntomas y niveles de anticuerpos resultan alentadoras y justifican a realización de otros estudios clínicos controlados a mayor escala y con una mayor diversidad de pacientes”, concluye el doctor Chaccour. Su equipo colabora con proyectos internacionales. Si se confirman estos indicios, la ivermectina puede ser eficiente para contactos de positivos. Con estos datos, Chaccour sugiere hacer un estudio de profilaxis -preexposición- y tras la exposición.