Lo que nadie te ha contado sobre lavarse los dientes

La pasta de dientes no solo elimina bacterias, también reacciona con nuestros dientes y los transforma

Cuando nos cepillamos, renovamos la placa dental, pero también la cambiamos químicamenteUnsplash (nombre del dueño)La Razón

Cepillarse los dientes es una tarea cotidiana, pero no sabemos realmente lo que significa para nuestra boca. Las coloridas animaciones de los anuncios de dentífricos nos insinúan que la pasta de dientes se encarga de eliminar las bacterias, y que estas se encargan de atacar y destruir los dientes si les damos libertad.

Y esto no es del todo correcto. Ni las bacterias atacan directamente nuestros dientes, ni el dentífrico solo se encarga de eliminarlas. Para evitar las caries, la pasta de dientes cumple una función poco conocida por la sociedad: reaccionar químicamente con nuestros dientes y transformarlos en algo más resistente.

Tras leer este artículo, no verá igual el proceso de cepillado. Puede que incluso te llame más la atención, y decidas mantener una mejor higiene bucal. Queda avisado.

Una ácida amenaza

Nuestros dientes están en contacto con el exterior y eso se nota. La presencia de oxígeno y el contacto con los nutrientes que comemos hacen que sea un lugar ideal para el crecimiento de todo tipo de microorganismos. Todos viven en una fina capa viscosa que se forma sobre los dientes y encías, conocida como placa dental.

No podemos evitar la formación de placa dental, ni tiene por qué ser necesariamente mala. Se forma por el continuo contacto de la saliva con los dientes, y siempre tendrá ciertos tipos de microorganismos “autóctonos”, que cambian de boca a boca. El problema viene que si esta placa no se limpia y renueva, los desechos de las bacterias se van acumulando y la placa crece. Esta placa superpoblada se conoce como sarro, y es una de las principales consecuencias de la falta de higiene dental.

Pero, con sarro o sin él, los microorganismos que viven en nuestros dientes nunca atacan la dentadura directamente. Pero sí sus desechos. Muchos tipos de bacterias se alimentan de los restos de azúcar que comemos, generando sustancias ácidas como desecho que se acumulan en la placa y corroen el diente, formando las temidas caries.

Esta corrosión se produce en el esmalte dental, una capa protectora que recubre nuestros dientes formada por un mineral llamado hidroxiapatita. Tendemos a pensar en los minerales como materiales geológicos, pero realmente un mineral es cualquier material que tenga una distribución ordenada de sus átomos. En el caso de la hidroxiapatita, está formada por átomos de calcio y fósforo, que forman una red cristalina tan resistente que nos permite masticar sin sufrir ningún daño.

El problema de la hidroxiapatita es que reacciona químicamente ante sustancias ácidas, disolviéndose en el proceso. Para el diente, significa perder el esmalte dental y dejar al descubierto su interior más carnoso y vulnerable, formando una caries. Las caries son peligrosas no por el hueco en sí, sino porque los microorganismos de la placa dental pueden mudarse al interior del diente, y esta vez sí, alimentarse de él, creando una infección.

Este problema se agrava si tenemos en cuenta que la hidroxiapatita del esmalte dental no se regenera. Es decir, todo el esmalte dental que perdamos no llegaremos a recuperarlo nunca. Por este motivo, los dentistas tratan las caries poniendo empastes, sustancias inertes que simplemente rellenan el hueco que falta. Se está empezando a investigar en la creación de empastes con hidroxiapatita, que imitarían el esmalte natural, pero todavía no se ha tenido mucho éxito en la estabilidad y manejo de este mineral.

Cuando decimos que la hidroxiapatita reacciona ante sustancias ácidas, no solo nos referimos a los desechos de las bacterias de la placa al consumir azúcar. También existen alimentos ácidos que pueden estropear directamente el esmalte, como el zumo de naranja o el café. Su consumo habitual, sin lavarse los dientes después, acaba degradando poco a poco el esmalte hasta desaparecer.

Si las caries se producen por una reacción química, parece lógico tratar de detenerlas con otra reacción química. Esa es la principal estrategia que se esconde detrás de la pasta de dientes, que aprovecha el elemento químico más reactivo del mundo y que más ha costado aislar en la historia de la ciencia: el flúor.

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Mejores dientes

Hoy en día podemos encontrar en el mercado muchas marcas diferentes de pastas de dientes. Algunas prometen un mayor blanqueamiento, o una protección más duradera. Pero si miramos su composición química veremos que todas tienen como ingrediente principal alguna sal de flúor, como fluoruro sódico o fluoruro potásico.

Estas sales del dentífrico se diluyen cuando entran en contacto con la placa dental, liberando los iones de flúor capaces de contrarrestar los ácidos que atacan el esmalte. También, el flúor tiene un efecto antiséptico, por lo que directamente puede eliminar algunos tipos de bacterias de la placa dental, dificultando que la caries avance por culpa del consumo de azúcar.

Pero esto es solo parte del proceso. El efecto más interesante de los iones de flúor es que reaccionan directamente con la hidroxiapatita del esmalte y la transforman en un mineral completamente diferente: la fluorapatita. Este nuevo mineral es mucho más resistente y no se degrada tan rápidamente en presencia de ácidos, protegiendo la dentadura a medio plazo.

Por este motivo, es importante llevar a los niños al dentista cuando le salen los dientes, ya que se encuentran en su momento más vulnerable, con todo su esmalte formado por hidroxiapatita. El dentista suele aplicar un tratamiento con flúor para generar una primera capa de fluorapatita y mejorar su resistencia.

No somos los únicos que aprovechamos la fluorapatita, algunos animales la incluyen de manera natural en su esmalte. Los tiburones, por ejemplo, conocidos por su fuerte dentadura, tienen el esmalte con fluorapatita de manera natural.

Pero no hay que confiar del todo en esta capa protectora. El esmalte sigue ahí, y aunque el flúor le aporte esta resistencia especial, los ácidos siguen haciendo daño lentamente al esmalte. Sin higiene bucal, la capa superficial de fluorapatita que se ha formado irá poco a poco desapareciendo, y necesitaremos restaurarla una y otra vez.

Curiosamente, a este tipo de tratamientos con flúor se les conoce como remineralización de los dientes, pero realmente no hay ninguna restauración del esmalte. Solo tenemos una cantidad limitada de esmalte dental para proteger nuestros dientes, y lo que hacemos con el flúor es transformarla, no regenerarla. Si tenemos una caries no va a desaparecer por mucho flúor que situemos en los dientes. Por eso conviene tener revisiones periódicas en el dentista y mantener la higiene bucal. Y es que dientes solo tenemos unos, y merece la pena cuidarlos.

QUE NO TE LA CUELEN:

  • Cuando se han analizado las diferencias en las posibilidades de caries entre sujetos, se ha encontrado que muchos se deben a la dieta y a la falta de higiene bucal. El consumo de alimentos ácidos como el café acaba perjudicando nuestra salud bucodental mucho más rápido de lo que puede parecer.
  • La reacción química de formación de fluorapatita no es instantánea. Requiere que el flúor permanezca en contacto con el mineral durante unos minutos. Este es el motivo por el que los dentistas recomiendan que el lavado de dientes dure al menos tres minutos. No es cuestión de frotar más tiempo los dientes, sino también de dejar que las sustancias ejerzan su efecto.

REFERENCIAS: