Más confinamiento, más violencia machista

La solución está en la pronta y eficaz respuesta por parte del sistema, no en la formación de los jueces ni en el uso del femenino

Desde hace algunos meses, estamos viviendo una situación insólita, tan sólo comparable al virus de la gripe del año 1918, en la que se infectaron 8.000.000 de españoles y fallecieron 300.000 personas. Tanto en aquel momento, como en la actualidad, las consecuencias han sido devastadoras para una sociedad que no estaba preparada para recibir la visita de una nueva pandemia. Consecuencias gravísimas, no sólo desde el punto de vista humanitario, sino también desde el punto de vista económico.

Podríamos pensar, que un siglo después, la evolución nos llevaría a una recuperación más rápida, y que la solución, en cada uno de los distintos sectores afectados, se resolvería de forma favorable en un espacio de tiempo no demasiado prolongado. Sin embargo, dicha afirmación no refleja la situación actual, ya que remontar los daños causados no va a ser cuestión fácil.

La primera medida adoptada para paliar la rápida propagación del virus, fue tomada el 14 de marzo, con la declaración, por parte del Gobierno, de un estado de alarma, que nos obligaba a todos los ciudadanos a permanecer en nuestros domicilios, de manera indefinida, sin más salidas que las indispensables para adquirir alimentos de primera necesidad o, en aquellos casos en que no se pudiera desempeñar el puesto de trabajo desde el domicilio ,acudir al lugar donde normalmente se ejercitaba. Esta decisión, hizo que las familias, parejas o compañeros de piso iniciaran una nueva relación de convivencia durante las 24 horas del día. En algunos casos, esta medida es especialmente gravosa, ya que no podemos obviar el problema de muchas mujeres que día tras día, conviven con su enemigo, con la persona que ejerce sobre ellas un poder desmedido, hasta el punto de anularlas como ser humano, infundiendo en ellas un miedo que, en muchas ocasiones les impide salir de ese agujero negro en el que se ha convertido su vida.

A pesar de que, en la actualidad existe un número de teléfono al que las víctimas pueden llamar para denunciar la situación en la que viven, el hecho de que el agresor se encuentre todo el día en el domicilio dificulta que, para el caso de que la víctima decida dar el paso para salir del infierno en el que se ha convertido su existencia, no encuentre el momento para llevar a cabo ese acto de valentía y continúe, día tras día, durmiendo con su enemigo.

Sin embargo, la realidad es muy diferente, ya que aumentaron el número de llamadas en más de un cinco por ciento, tan sólo en los primeros 15 días del mes de abril, cuando el confinamiento era obligado para todos los españoles. La lacra de la violencia de género, no conoce de pandemias ni de situaciones excepcionales, por lo que requiere una respuesta rápida de la sociedad para poder acabar con la misma con medidas efectivas. Dichas medidas jamás pueden consistir en que los Jueces y Magistrados reciban más cursos de formación para “aumentar” la sensibilidad hacia las víctimas, dando por hecho que se carece de dicha sensibilidad hacia la perjudicada por un delito, o en tratar de garantizar la igualdad entre hombres y mujeres con medidas simplistas como utilizar en femenino palabras que ni siquiera así las recoge nuestro diccionario de la RAE, sino en una inversión de medios eficaces que garanticen que cuando una persona sufre un acto de violencia machista, va a recibir una pronta y eficaz respuesta por parte del sistema, debiendo dejar de lado medidas populistas que en nada ayudan a terminar con este problema que mata a tantas víctimas cada año.