El rito para purificar el alma que llevó a la muerte a los niños asesinados por sus padres en Godella

María y Gabriel creían en la regresión y decían estar perseguidos por una secta

El padre de los dos niños el día en que fueron hallados muertos en Godella
El padre de los dos niños el día en que fueron hallados muertos en Godella

Ni en la más cruenta película de terror podrían describirse situaciones como la que se han oído en el juicio que se celebra en Valencia contra María y Gabriel. Están acusados de matar a sus propios hijos en la localidad valenciana de Godella el 14 de marzo de 2019. Aimiel tenía tres años y medio y Ixchel, aún era un bebé, tenía cinco meses.

María, tiene diagnosticada esquizofrenia y sufre brotes psicóticos. A Gabriel se le ha descrito como un “manipulador” y “controlador” que pregonaba unas incomprensibles doctrinas religiosas.

De fondo, las creencias místico-religiosas que ambos compartían y que, según el Ministerio Fiscal, habían aprendido e interiorizado. “Creían en la regresión, en la purificación de las almas mediante los baños de agua y en el renacimiento de las almas tras la muerte”. María y Gabriel han asegurado en diferentes ocasiones que se sentían acosados y perseguidos por una secta de la que, a día de hoy, nada se sabe.

La regresión en parapsicología engloba a un conjunto de técnicas que, apoyadas en la hipnosis, alteran el estado de conciencia para que una persona pueda recordar acontecimientos de sus vidas pasadas. En ambientes esotéricos también están muy extendidos los ritos de purificación mediante baños de agua. Se consideran como una manera eficaz de eliminar las malas energías. Según han relatado durante el juicio, antes de golpearles los bañaron en la piscina de la casa en la que vivían para “limpiar sus almas”.

Del análisis del teléfono del padre se pudo conocer que en los días previos al crimen había realizado búsquedas sobre sectas pedófilas, el principio activo del Atarax (un jarabe), desplazamiento astral o sobre la solemnidad de la asunción de la Virgen María.

En diferentes ocasiones, según ha relatado varios testigos, proclamó antes los amigos de María que era Jesucristo. “Nosotras éramos los apóstoles. Me habló de que podríamos morir todos para reencarnarnos juntos. Lo hizo en un bar, en su casa, en la plaza del pueblo, muchas veces”.

La Fiscalía considera que los acusados actuaron de común acuerdo en la ejecución de tal plan, “haciendo y dejando hacer el uno al otro, primero bañaron a sus hijos en la piscina y posteriormente les propinaron multitud de violentos golpes a ambos, bien con un objeto contundente, bien contra el suelo”.

Los forenses que declararon en el juicio explicaron que los golpes incluso llegaron casi a partir en dos el cráneo del niño. Podrían haber golpeado al pequeño contra el borde de la piscina. Respecto a la niña, apuntan igualmente a que falleció también por traumatismo craneoencefálico severo, que le causó la muerte de modo muy inmediato. Fue producido por un objeto pesado, por ejemplo un palo o bastón.

A la madre no se le solicita el ingreso en prisión porque presenta “una grave descompensación mental de tipo psicótico, que precisa de un ingreso psiquiátrico para su evaluación, diagnóstico y tratamiento”. Para Gabriel el fiscal sí pide 50 años de prisión (25 años por cada asesinato) con un máximo de 40 años de encarcelamiento. El mismo tiempo que deberá permanecer internada María, pues al padecer esquizofrenia y tener alteradas las facultades es imposible su imputación.