La imputación de Oltra: la “bomba” del Botànic

El presidente Puig negocia con Compromís la salida de la vicepresidenta para mantener la estabilidad del Gobierno valenciano

Siete años de matrimonio dan para mucho, pero más aún dan siete de Gobierno de coalición. Esto es lo que llevan al frente del Consell el socialista Ximo Puig y Mónica Oltra. El primero se ha consolidado como barón socialista y, al contrario de lo que auguraban muchos cuando se firmó el Pacte del Botànic-el acuerdo con el que se forjó la primera coalición de izquierdas que desalojó al PP de la Generalitat valenciana en 2015-, Puig ha reforzado su imagen y logró crecer en número votos en las elecciones de 2019 hasta colocar al PSPV como el partido más votado. Sin embargo, Compromís perdió apoyos y consiguió dos escaños menos.

A partir de este momento, se inicia una nueva era en el Botànic. No porque entre Unides Podem en el Consell- en la anterior legislatura optaron por limitarse a dar apoyo parlamentario- sino porque tanto PSPV como Compromís iniciaron ya el mandato con mucha desconfianza. Compromís achacó sus malos resultados electorales al adelanto electoral que Puig decidió de manera unilateral y el PSPV sabía que debía estar muy atento porque sus socios nunca les perdonarían. Le debían una.

Los Presupuestos se han negociado siempre al límite, ha habido serias discrepancias e incluso se han exhibido las diferencias entre Puig y Oltra, pero siempre, siempre, había una frase con la que concluían todas estas crisis: “El Botànic está a prueba de bombas”.

Sin embargo, el escenario ha cambiado. Ni en la peor de sus pesadillas Oltra, quien supo hacer una política con la que traspasó las fronteras de la Comunitat Valenciana, se imaginaba desfilando como imputada. Y precisamente esta es una de las claves que puede llevar al Botànic a recuperarse de esta bomba. El impacto mediático de su imputación ha quedado más que constatado y ahora ha dejado claro que no piensa dimitir, el problema ha pasado a ser del presidente Ximo Puig.

La mañana en la que se hizo público el acto de imputación, el jefe del Consell fue muy prudente. No había leído el contenido del mismo y había que esperar a que Oltra hablase. El segundo acto se produjo el viernes. La vicepresidenta, consellera de Igualdad y también portavoz de la Generalitat se negó a marcar una línea roja en la que crea necesario dar un paso atrás, ni siquiera a un lado. Se presentó como víctima de una cacería de la extrema derecha, volvió a cargar contra el sistema judicial por no saber reconocer “su verdad” e incluso negó que fuera necesaria una conversación con el presidente. “Hablaremos de cosas más provechosas. Hoy me ha saludado y me ha dado dos besos. Nada más”.

Esta actitud no ha desactivado, ni mucho menos, la bomba que puede hacer estallar el Botànic. En el entorno del presidente se preguntan cómo puede ni siquiera pensar en no marcarse un límite. “¿Hasta cuándo va a seguir de vicepresidenta?, ¿Cuándo se abra juicio?, ¿hasta que se siente en el banquillo?, ¿Cuándo la condenen?” Estas preguntas no tienen ahora mismo respuesta y en el Palau de la Generalitat consideran que esta actitud es inaceptable e insostenible.

Tanto es así que se dibuja ya el escenario del tercer acto. Que Ximo Puig tenga que obligar a Oltra a dimitir porque de no hacerlo, el perjudicado es él. Durante la tarde del viernes empezó a marcar su estrategia. “Los tiempos jurídicos y los tiempos políticos a veces no coinciden” y ahora es “un tiempo de reflexionar y de tomar decisiones”. Además, queda menos de un año para elecciones y no se puede permitir el desgaste que esta situación le generaría. Se podría buscar una opción intermedia. Es decir, Oltra podría dejar sus competencias, mantener su acta de diputada y esperar pacientemente a que fuese absuelta para buscar su vuelta a la política.

En Compromís empiezan a plantearse este escenario. Las primeras manifestaciones de su portavoz, Águeda Micó, han sido matizadas por el alcalde de Valencia, Joan Ribó. Micó advirtió por la mañana que si destituye a Oltra, el Botànic salta por los aires. Sin embargo, Ribó ya ha admitido que el partido debe reunirse para abordar esta situación.

Los próximos días serán decisivos para saber el futuro de la coalición. El presidente no se deja llevar por los impulsos y menos en una situación tan delicada. Sabe que debe jugar bien las cartas porque a día de hoy, la Generalitat con los socialistas pasa con por un nuevo pacto con otras fuerzas de izquierdas y en estas, obviamente está Compromís, con o sin Oltra.

Puig ha decidido ya jugar la mano de Compromís. Convencerles de que lo mejor para todos es que su líder se retire de los focos. Alternativas, además, no les faltan. El diputado nacional Joan Baldoví sabe que es el recambio para salvar las próximas elecciones autonómicas del desastre porque se juegan que la derecha vuelva a gobernar a la Comunitat Valenciana.