El día que hice el americano

«Gabino puede hacer muy bien de americano». Fueron las palabras de quien entonces era mi representante y a José Luis Cuerda no le hizo falta más

Antonio Resines y Luis Ciges, en una escena de «Amanece, que no es poco»
Antonio Resines y Luis Ciges, en una escena de «Amanece, que no es poco»

«Gabino puede hacer muy bien de americano». Fueron las palabras de quien entonces era mi representante y a José Luis Cuerda no le hizo falta más. Y eso que no me había visto nunca imitar el acento. No es que yo fuera por ahí hablando así, pero siempre me ha gustado hacer imitaciones. Me fijé en mi profesor de guitarra y salió. Además a él le hacían muchísima gracia las morcillas que yo metía cuando decía aquello de «you kow, you know...». No estaba en el guión, pero jamás me dijo nada por soltarlo. Recuerdo, además, una de sus características a la hora de trabajar: rodaba primero los planos cortos y después el general, que es algo que se suele hacer justamente al contrario. En ese ese sentido era muy anárquico. Todo el rodaje de «Amanece, que no es poco» fue particular. Estoy seguro de que jamás se podría haber rodado con otro que no fuera él.

Como los buenos directores supo hacer que el rodaje tuviera un ambiente distendido, realmente bueno en el que los actores se creían cada frase que pronunciaban. En aquel disparate que fue la película todos disfrutamos. Y yo, sobre todo, que he rodado tantas veces con él hasta su último filme, «Tiempo después». Cuerda era de esos directores que no se metía, sino que confiaba plenamente en el trabajo de cada uno. Si era necesario corregir algo lo hacía de tal manera que no te dabas cuenta de su mano.

Su muerte no nos priva únicamente de un director de cine, sino de un cineasta, de un escritor, pues sus guiones son pura literatura, de la buena. Duele decir que se nos va un grande, un director perteneciente a una generación de la que cada vez van quedando menos cineastas, de gente que amaba el cine y lo dotaba de una literatura fantástica. A mí me enseñó a sentirme cómodo en el trabajo, a disfrutar y pasarlo bien, pero no solo en «Amanece» sino en todas en las estuvimos juntos. Entre nosotros se estableció una relación muy personal. Yo sentía que él me quería. Lo veo como una historia de amor muy bonita en la que en este caso yo tenía que darle lo mejor para su película.

A su lado no era difícil de conseguir por esa confianza que sabía depositar en cada uno a la que acompañaba su buen humor. Cuando me llamó para contar conmigo en «Tiempo después» me dio una alegría inmensa. Era el mismo Cuerda de siempre, la única diferencia es que en esta última pasaba más tiempo sentado en la silla. Ni se ensayaba, los actores se aprendían el texto y salían a rodar. Era increíble. He notado, por ejemplo, que las nuevas generaciones sienten una admiración enorme por «Amanece». Es chocante. Y eso que cuando se estrenó gustó, pero pasó, al tiempo, un poco desapercibida. Y ahora, lo que son las cosas, se ha convertido en una película de culto.