Balada de Kanye West y la Casa Blanca

El rapero anuncia que se presenta a las elecciones presidenciales estadounidenses como enésima demostración de la política espectáculo

Kanye West durante una actuación en Coachella, asegura que quiere ser Presidente de EE UU
Kanye West durante una actuación en Coachella, asegura que quiere ser Presidente de EE UUAmy HarrisAmy Harris/Invision/AP

En las elecciones de noviembre de 2020, fluorescentes de demagogia y plagas, exabruptos y rugiente espectáculo, presidentes macarras y aspirantes gagá, ya sólo faltaba el rapero de oro. Pero Kanye West no decepciona. El 4 de julio, fiesta nacional, fecha de la independencia y, de paso, aniversario (incorrecto) del nacimiento de Louis Armstrong, el autor de discos monumentales como “My beautiful dark twisted fantasy” y “The life of Pablo”, el siempre excesivo, genialoide, insoportable y brillante West anunció su candidatura a la Casa Blanca.

«Debemos cumplir la promesa de Estados Unidos confiando en Dios, unificando nuestra visión y construyendo nuestro futuro», escribió en Twitter, en una cuenta con más de 29,1 millones de seguidores. «Me postulo para presidente de los Estados Unidos». Su hashtag/lema de campaña, “2020 vision”. Casi inmediatamente recibió las bendiciones del multimillonario, y fundador de Tesla, Elon Musk, que escribió «¡Tienes mi completo apoyo!». También tuiteó Kim Kardashian, esposa del músico, empresaria, modelo, que lo promocionó en su propia web con una bandera de Estados Unidos. La actriz, meme andante de sí misma, reina del corazón y la telerrealidad, emperatriz del kiosko digital y las parrillas de TV. no es ajena al interés por lo político del gran rapero.

Desde hace un tiempo compagina sus actividades como socialité con el activismo para reforma del sistema penal. En cuanto a West, bueno, mejor no despreciar su capacidad para generar titulares o la profundidad de su bolsillo. Estamos ante uno de los artistas más vendedores de su generación, con no menos de 140 millones de álbumes despachados en un tiempo en el que prácticamente nadie vende un disco. De un músico voraz, que acumula hasta 21 Grammys y es muy capaz de provocar un escándalo en directo si entiende que los jurados no han premiado como merece su torrencial talento. Tampoco deberíamos olvidar que tiene nuevo disco, y que en cuanto a la promoción del producto nada mejor que la noción de conquistar titulares más allá de las secciones de cultura, espectáculos y famosos.

Un apunte final: West siempre ha mostrado su apoyo a Trump. Incluso ha portado con orgullo el lema de campaña del presidente, Make America Great Again. Aventaja al líder republicano en un caladero, el de los afroamericanos, que hasta ahora parecía coto casi exclusivo del candidato Joe Biden. Y potencialmente puede competir con Trump por el voto cristiano evangélico. No en vano se ha definido así mismo como un cristiano renacido y, por ejemplo entrevistado por “GQ” el pasado mayo, explica que «lo mejor para mí, en tanto que alguien que ha entregado su vida a Cristo, es saber que otras personas tienen eso como un ancla y una forma de curación». Su pretensión política sonará disparatada, sus ambiciones siempre excesivas, incluso lo acusan de oportunista, de buscar el rédito comercial con una suerte de gran bromazo que abandonará en breve. Pero cuidado con minusvalorar la musculatura dialéctica y la fastuosa querencia de West por los focos. Si se lo toma en serio, y aunque sus posibilidades sea casi anecdóticas, puede hacer ruido e, incluso, robar votos cruciales.