«¿Dónde estás, Bernadette?»: El artista como misántropo ★★★✩✩

Dirección y guión: Richard Linklater. Intérpretes: Cate Blanchett, Billy Crudup, Emma Nelson, Kristen Wiig. USA, 2019. Duración: 109 minutos. Comedia dramática.

A las criaturas de Richard Linklater les cuesta encajar en el mundo, tal vez porque esperan demasiado de él, o porque en algún momento de sus vidas han sentido que el mundo les supera. Eso es lo que parece que le pasa a Cate Blanchett en «¿Dónde estás, Bernadette?», que un día vio la luz y se deslumbró. En cierto modo, su arquitecta misántropa, ahora dedicada a odiar indiscriminadamente y a comunicarse con un Siri cualquiera a quien trata como al perfecto interlocutor (el que calla, el que no contradice), está más próxima a la Gena Rowlands de «Opening Night» que a la de «Una mujer bajo la influencia», obviamente sin que el poso trágico de las películas de Cassavetes apaguen a esta mujer excéntrica y lenguaraz, que Blanchett interpreta como si no se hubiera olvidado lo suficiente de «Blue Jasmine». Bernadette es una artista que ha dejado de crear durante veinte años, y eso, la inmovilidad, la convierte en un peligro público. Es la dimensión de su personalidad con la que se identifica Linklater, aunque la cuestión aquí es entender si lo de Bernadette son caprichosos problemas del primer mundo o un trastorno bipolar en ciernes. Proyectado en el futuro, un improbable viaje al Antártico. Linklater, que inserta un falso reportaje al modo de «Bernie» para explicar en parte el enigma Bernadette, rompe una lanza por todos los personajes: también por el marido adicto al trabajo (Crudup) y, sobre todo, por la hija de ambos, una idealista que es todo empatía y que quiere a su madre con locura (su relación es lo más hermoso y conmovedor de la película). Confunde que la narradora de la historia sea Bee (magnífico el debut de Emma Nelson), porque su punto de vista no impregna todo el relato, y la desaparición de Bernadette entre glaciares resulta a la postre algo postiza, como si ese viaje al fin del mundo fuera un espacio de redención excesivamente preparado por la narrativa. Si a a cinta le falta la organicidad habitual del cine de Linklater, su tendencia a la expansión sin otro rumbo que el del ritmo de la vida, también es cierto que está presente su amor por los personajes.

Lo mejor

La complicidad entre madre e hija, que la química entre Blanchett y Nelson hacen muy creíble

Lo peor

A veces es difícil comprender al personaje como lo hace Linklater, y el tercio final pierde fuelle