Rufián: «Si mi hijo fuera de Vox no tendría problema, pero le explicaría»

El portavoz de ERC en el Congreso dice que la pandemia le ha enseñado a valorar más el tiempo en familia y cree que Casado "está haciendo bueno a Rajoy"

En la azotea del Círculo de Bellas Artes le piden una foto y posa, pero con distancia social de 1,5 metros. Le sonroja que, hasta por tres veces, le digan eso de: «Se le ve mejor que en la televisión». La pandemia le ha enseñado a valorar más el tiempo con la familia, le gustaría que hubiera una Merkel española y cree que Casado «está haciendo bueno a Rajoy». Dice que es de los que cierra la puerta al salir, pero «por pura manía».

-¿Cómo es su nueva normalidad?

-Más sana, he vuelto al deporte después de casi 15 años, he perdido 10 kilos y trato de comer bien y menos. A nivel profesional quizá con más responsabilidad porque lo que viene es muy importante.

-¿Se ha apuntado a un entrenador online?

-No voy al gimnasio. Empecé corriendo en casa como tanta gente, 4-5 km. y terminé haciendo 10 y lo he trasladado a la calle.

-Si le pongo unas zapatillas roji gualda, ¿a dónde le llevarían?

-A Zarzuela, a Moncloa. Depende. No es nuevo lo de las zapatillas. Recuerdo un amigo en el instituto que se pintaba la bandera de España en la suela. ¡Ahora nos vota!

-¿Qué compró modo «apocalipsis»?

-Me tiré a hacer pan. No fue fácil encontrar levadura y masa madre, aunque soy bastante desastroso en la cocina.

-¿Fue de los de camisa-pijama confinado?

-Al principio me costó lo de ponerme camisa, pero sobre todo iba despeinado, y un par de toques sí que me dieron.

-¿Vacuna o independencia?

-Vacuna.

-¿La vida con Vox le da fatiga?

-Yo creo que le da fatiga a todos porque al final lo peor no es su presencia, sino lo que genera. No a nivel ideológico, sino de ambiente.

-¿Y cómo sería la vida sin «indepes»?

-Para algunos quizá mejor, pero creo que cuando tienes a miles de personas votando una opción ideológica tienes que tratarlo políticamente y no a palos. Con el tiempo se ha demostrado que encarcelando, espiando o difamando la gente no deja de pensar como piensa ni de votar como vota. Nadie dejó de votar a Junqueras porque lo encarcelaran.

-En su especialidad de Recursos Humanos. ¿A quién del Gobierno le haría un ERTE?

-Hay mucha gente que no está cumpliendo con las expectativas en el Gobierno. Me quedaría con Marlaska y Robles. Que lo supieran –el espionaje– es grave; y que no lo supieran quizá aún más porque significa que hay una parte del Estado que espía a la disidencia política.

-¿Cs es ahora su «contigo no, bicho»?

-Es hábil el movimiento de Cs en el sentido de que saben que es la última bala que les quedaba. Es un partido en descomposición, y así se va a ver en Cataluña. La salida, en según qué casos con ellos, es la salida de derechas y luego están los pactos con nosotros que sería republicanos y de izquierdas. ¿Si es contigo no, bicho? Con la derecha en general somos bastante incompatibles.

-En la «mesa de despiece», España para ustedes ¿es la casquería? ¿Se vende así?

-No, no tenemos nada contra España y no renuncio a la españolidad. Forma parte de nuestras raíces. Pero hay una serie de gente en Cataluña que quiere votar su estatus político.

-Si le ponen el sombrero seleccionador de Harry Potter. ¿Qué le diría?

-Ficharía a gente de otros partidos como Aitor Esteban (PNV), Oskar Matute (Bildu) o Martínez Oblanca (Foro Asturias).

-Denuncia las «cloacas del Estado». ¿Han llamado ya a las Tortugas Ninja?

-(Risas). Las hay. Lo que pasa que quienes van de Michelangelo, Raphael son Villarejo, Inda... Debe preocupar a cualquier demócrata el hecho de que en un país se espíe a políticos, taparlo no sirve de nada. Lo malo es que no conocemos al responsable, al Vito Corleone.

-¿Ha mirado cerca?

-Personajes como Pujol sería eso, alguien que intentó ocultar según qué cosas.

-¿Le preocupa ser espiado?

-Te acabas acostumbrando. A veces con mi madre hacemos bromas y si ha sonado alguna cosa rara decimos: «Un saludo al guardia civil de turno».

-¿Le dan la tarjeta telefónica de su asistente. ¿Qué haría?

-No sé, ¿devolverla?

-¿Echa de menos las frases tabernarias?

-Pues lo sigo haciendo, pero ahora lo hago con americana un poco mejor. No somos los mismos que hace cuatro años, seguimos con la misma indignación, pero sin dejar de pensar lo que pensamos, quizá nos hemos adaptado a las reglas del juego e intentamos ser igual de críticos que constructivos.

-¿Qué fabrica en la «fábrica de Rufián»?

- El nombre lo pusieron así, yo no tengo ese problema de megalomanía. Es un programa de entrevistas, me interesa cada vez más hablar con gente que piensa diferente a mí. Me parece muy chulo. No queríamos hacer una Tuerka y que vinieran los colegas. Me apetece entrevistar a Alexandria Ocasio-Cortez o Brad Pitt.

-¿Le ha dejado a su hijo ver «El Rey León» o teme que se haga monárquico?

-Sí, claro que lo ha visto. No, no me preocupa.

-¿Qué haría si le sale de Vox o si se enamora de una de ese partido?

-Hombre, la verdad... yo en ese sentido no tendría problema, pero sí que intentaría explicarle lo que representa Vox. Puedes defender cualquier ideología. Ahora, una que niegue el derecho a otro a ser lo que quiera ser o la violencia machista... Me parece que hay que combatirla por una cuestión obvia. Le intentaría convencer, pero a un hijo lo que no puedes hacer es prohibirle.

-Si «Frankenstein» se desintegra. ¿Pasamos a la era de Drácula?

-Hay mucho Drácula de bandera, que las chupa. Parece increíble que en la guerra de banderas se lleve hasta en las mascarillas, pero que cuando vienen los de Nissan no bajen a apoyarles.