Colson Whitehead: “Si vuelve a ganar Trump, mucha gente morirá”

El dos veces ganador del Premio Pulitzer presenta en España “Los chicos de la Nickel” y, preguntado por la política estadounidense, zanja: “Un gato muerto sería mejor presidente que Trump”

Después de ganar el Premio Pulitzer de novela con “El ferrocarril subterráneo”, Colson Whitehead vuelve a editar en España con su nueva novela, también con hechos reales como trasfondo y la discriminación racial como atmósfera. “Los chicos de la Nickel” habla sobre los sucesos en un reformatorio de Florida donde la brutalidad y la crueldad eran la norma en el trato a los internos. Lo vivido en ese lugar destrozó la vida de miles de niños, blancos y negros, si bien los sucesos, ambientados en el final de la segregación racial, en los años sesenta, colocan a la cuestión, tan de actualidad, en el centro de la conversación con el escritor. El autor estadounidense, que también ganó el Pulitzer por esta obra, algo con escasos precedentes, ofreció una rueda de prensa telemática con la prensa española.

Whitehead fue preguntado por lo que está sucediendo en Wisconsin y en torno al Black Lives Matter: “A lo largo de mi vida, he visto la brutalidad policial y la conversación sale y entra de mi realidad constantemente. Pero no existe una reforma de la policía real. La policía sigue siendo racista y no se están cambiando las cosas. O, en todo caso, los demócratas cambian algo y los republicanos lo deshacen”. A su juicio, no existen garantías de que los cambios permanezcan en el tiempo, por lo que el tema de sus dos novelas más recientes “siempre va a estar de actualidad”. “Si hablamos de injusticia, es un tema que lleva ahí muchos años y da para muchas novelas”, remató. Por ejemplo, en torno al caso particular de su nuevo libro, Whitehead explicó que “nunca nadie ha rendido cuentas al respecto de lo que sucedió durante años en el reformatorio. Todos se fueron de rositas. Entonces, ves los tiroteos policiales... Y en parte la génesis del libro es esa, precisamente: la impotencia. El hecho de que nadie rinde cuentas, que los malvados se libran”.

Detención y cacheo

¿Recomendaría el libro a Donald Trump?, le preguntaron. “Creo que es un poco largo para él (el volumen en español tiene apenas 215 páginas). Tendría que ser algo... yo le recomendaría un libro infantil, creo que es más su estilo”, dijo el autor, nacido en Nueva York. ¿Si no sale reelegido, la cosas pueden cambiar para mejor en la cuestión racial? “Seguro. Lo que está claro es que si sale reelegido va a morir gente. Cualquier presidente es mejor que Trump. Un gato muerto es mejor que Trump como presidente”. El neoyorquino ha tenido situaciones incómodas con la policía de su ciudad. “Me han detenido y cacheado, claro. Por estar en el momento equivocado en el lugar equivocado. Pero eso me ha pasado a mí y a todos los chicos de color del país. La detención y el cacheo es algo tan habitual en el proceder de la Policía que, aunque violen tus derechos básicos, es una práctica estándar. Lo que pasa que es tan común que creo que contar mi historia no añade nada a este debate”.

A pesar de su oficio de novelista, Whitehead se ve inerme para explicar el racismo, la misoginia o la discriminación. “No lo entiendo. Ni siquiera puedo comprender el odio en los deportes entre aficiones... Imagino que los humanos tenemos taras, defectos, y una de ella es la predisposición a odiar”. El caso del centro Nickel que da origen a la historia, por ejemplo, había trascendido a la prensa local pero jamás se le dio cabida en la nacional, como si hubiera habido una especie de silencio. Hasta que en 2014 comenzaron a aparecer reportajes al respecto y algunas webs recopilaban los testimonios de personas que habían entrado y logrado salir de allí. “Algunas experiencias eran de dos páginas y otras de dos párrafos, pero todas terribles”, señalaba el escritor, que entrevistó a un ex interno. Tanto, que, en términos de brutalidad, Whitehead sí que rebajó un poco los sucesos para evitar crear un efecto en el lector como él que él mismo tuvo al escribirlo. “Me empecé a sentir triste, mal. Estaba deprimido, realmente. Tanto, que cuando terminé el libro, me pasé seis semanas jugando a videojuegos para olvidarme de todo”, reconoció.

Los legisladores no leen novelas

Los dos protagonistas de la novela mantienen posiciones diferentes frente a la realidad. Uno de ellos, agacha la cabeza, no quiere problemas, solo pretende seguir vivo. El otro, lucha por loo correcto, cree en unas ideas de libertad y de igualdad, y las defiende, influido por Martin Luther King. “El problema es si ese mundo teórico, esas ideas que son buenas en un mundo filosófico y en la sociedad, pueden seguir aplicándose y defendiéndose en un entorno tan hostil y peligroso como es el reformatorio. Ahí es donde se genera el gran conflicto”.

Acerca del hilo que, argumentalmente, puede unir a sus dos últimas obras, Whitehead señaló que la esclavitud trataba sobre el control, sobre impedir a los afroamericanos poseer bienes, moverse libremente y votar. “Una vez que fue abolida, llegaron las normas Jim Crow que en parte mantenían el control impidiendo a los negros votar o poniendo dificultades. Así que los límites a los derechos seguían ahí después de 1965, más o menos el marco temporal de la segunda novela”.

“En general, cuando escribo, trato de separar las cuestiones emocionales porque si no, me volvería loco. Pero no es el cometido de los autores exponer los hechos. Eso es de los periodistas y los historiadores. Yo cuento una historia. Los autores de ficción tienen ese privilegio de explicar las cosas de acuerdo con su propia filosofía. Por otra parte, en América hace mucho tiempo que una novela no genera un gran impacto social”, explicaba el autor acerca del tema y su posible función ejemplarizante o de denuncia. “Los legisladores no leen novelas. Mi intención es hacer algo que sea legible y que responda a mis ambiciones. No quiero educar ni ser pedagógico. Ni sobre racismo ni sobre ninguna otra cosa. Solo satisfacer mi objetivo artístico”.

Preguntado por sus referentes literarios, Whitehead explicó que van “desde Stephen King a Charles Dickens. Toni Morrison, García Márquez... me encanta la ciencia ficción y la fantasía. Cuando era adolescente, todo el mundo hacía deporte. Pero yo me quedaba en casa leyendo todos esos libros. Y hoy todos me marcaron de una forma u otra”.