Madrid Zona Bruta, nuestro Shaolín

El disco y el sello que fundaron el Club de los Poetas Violentos fue la semilla que arraigó en Madrid una cultura musical y la dio a conocer desde la radio

En el día tras la muerte de Jesús Bibang González, Jota Mayúscula, es un poco tarde pero no demasiado para recordar lo importantes que fueron el Club de los Poetas Violentos para que una cultura echara raíces en Madrid. No será necesario recordar que en los años 90 no existía internet y el acceso a según qué tipos de conocimiento en según qué barrios no era fácil, pero algunas cosas se intuían, se podían olfatear en el ambiente. Preguntando a las personas adecuadas, acercándote a quien tenía pinta de saber por la manera de andar.

A principios de los 90, Wu Tang Clan publicó su «Enter the Wu Tang (36 chambers)» e hicieron volar la imaginación de los que tuvieran una cinta prestada. Esos efectos especiales, esas historias narradas por un equipo de esgrimistas del lenguaje que habían creado un universo con las películas de kung-fú de fondo, con su lucha por alcanzar el reino de Shaolín, donde la igualdad no era solo una promesa. Para un chico de La Elipa y del resto de barrios sin plan del Este de Madrid, el Club de los Poetas Violentos supusieron una epifanía parecida. Incluían fragmentos de películas y se presentaban como superhéroes de barrio en un momento de apogeo de los grupos «skinhead» y neonazis en las calles de la ciudad. Jota Mayúscula y Frank-T eran afromadrileños, y el resto de origen inmigrante y obrero. Y sus letras no solo hablaban de las calles de Ascao y de Canillejas, sino que parecía que se escribían en sus bancos o en la vecindad de un descampado, perfilaban el Shaolín de nuestras calles. Pero es que el Club de los Poetas Violentos eran superhéroes. Seis artistas talentosos en su mejor momento (El Meswy, Kamikaze, Paco King, Supernafamacho, Mr. Rango y Jota Mayúscula), que unían sus fuerzas para ponerle un nombre a una escena titubeante, que había dado sus primeros pasos con mucha ingenuidad y también con enormes dosis de azúcar, con proyectos poco creíbles.

CPV, como pronto se llamaron, te hablaban igual que en la calle pero sonaban como en la Gran Manzana. «Madrid Zona Bruta» fue el primer álbum de rap en sentido estricto que se publicó en España y, aunque hoy suena primitivo, en su día resultó una bofetada. Si querías ser parte del hip hop, pertenecer, era lo único que existía que entendías como verdadero. Y el colectivo se convirtió en sello, con Madrid por delante y Zona Bruta por principios. Como demostraron que era posible, muchos más se atrevieron. Abrieron la puerta pero dejaron sentada la cátedra del sonido «hardcore». Fueron la referencia indiscutible para la segunda generación del rap en España, que vendría después, sin duda la mejor por el número de exponentes. En 1998, CPV publican «Grandes planes», una obra perfecta y ese es también el año en que Jota Mayúscula comienza «El rimadero» en Radio 3. Jesús Bibang había culminado el viaje por el desierto que pasa por el Madrid Este y desemboca en la cultura de un país. Sus producciones fueron muchas y decisivas: La Mala Rodríguez, Violadores del Verso. Con los que no trabajó, les inspiró. Marcó a esa escuela y dejó una huella que seguirá dando frutos. No tardemos demasiado en reconocerlo.