Libro de la semana: Historia de la mentira, el oficio más antiguo del mundo

El ensayo de Muñoz Rengel reflexiona sobre cómo la mentira rige nuestras vidas desde el alba de los tiempos hasta llegar hoy a las «fake news»

La empresa es de una vastedad que asombra al mismo tiempo que genera dudas: trazar una historia de la mentira. Nada más y nada menos que la mentira y sus manifestaciones en poco menos de 250 páginas. El filósofo y escritor Juan Jacinto Muñoz Rengel es el artífice de un libro que carga sobre sus hombros con una doble y titánica responsabilidad: delimitar, de un lado, qué es aquello que cabe entender como mentira; y señalar, por otro, los hitos de su devenir histórico.

El lanzamiento de estas dos paralelas se produce con un acto de provocación: alterar la idea común de mentira. Muñoz Rengel dedica las primeras páginas de su ensayo a asentar las bases de su argumento indudablemente más controvertido: la condición precultural de la mentira. En su opinión, «en la naturaleza estaba ya la mentira antes de que surgiera el lenguaje, mucho antes de que apareciéramos nosotros». Para ilustrar esta idea-marco, desliza ejemplos: cualquier animal miente con el simple hecho de permanecer inmóvil; la cripsis –fenómeno por el que un organismo presenta adaptaciones que le llevan a pasar inadvertido a los sentidos de otros seres vivos– se materializa en un efecto camaleónico que tiene por fin engañar. La seducción de esta teoría no evita que la obra parezca apoyarse en una cimentación, al menos, inestable.

Extraer a la mentira del dominio de lo cultural y conferirle un estatuto natural parece una operación difícilmente asumible. El motivo que conduce a esta valoración es que mentir implica una decisión tomada conscientemente. La mentira sitúa al sujeto ante la disyuntiva de tener que elegir entre dos opciones: una que es verdadera, y otra que no lo es. Si no existe una ocultación intencionada de un hecho consensuado como cierto, no puede hablarse de mentira. O, por enunciarlo en otros términos: la mentira cae por entero dentro del ámbito del lenguaje, y el lenguaje está inequívocamente construido y es cultural. ¿Se puede afirmar, en consecuencia, que la naturaleza miente? No. La mentira conlleva una toma de conciencia, y el fenómeno de la cripsis supone una reacción fisiológica que no obedece a proceso intelectual alguno.

Inventor de una ficción

Desde esta óptica de la mentira como un acto consciente e intencionado, resulta igualmente complejo aceptar otras de las proposiciones realizadas por Muñoz Rongel: la referente al mito. Afirma, a este respecto, el autor malagueño que el creador de un mito «no se ve a sí mismo como el inventor de una ficción. No todo embaucador se sabe siempre mentiroso». Retomando lo antes dicho, no existe una mentira no-intencionada y, por tanto, no se puede hablar de un mentiroso que no es consciente de que lo es. Entre otras razones, porque la cuestión del mito saca a colación una de las observaciones que deja caer al comienzo del libro y que, con posterioridad, en pasajes como éste, incumple: y es que las afirmaciones «es verdadero» o «es falso» no pertenecen al mismo nivel de metalenguaje que «miento». Una cosa es que los mitos sean falsos y otra que sus creadores deban ser tachados de «mentirosos». Entre otras razones, porque las ideas de lo «verdadero» y de lo «falso» son completamente relativas a cada una de las épocas estudiadas, y no pueden ser juzgadas desde el presente. La historia del pensamiento y de las creencias determina un relato evolutivo, y no podemos achacar a un «estado de ignorancia» específico la intencionalidad de la mentira. La falta de conocimiento no te convierte de facto en un mentiroso.

Mentir no es lo mismo que ser engañado. La mentira pertenece a la esfera de quien actúa –el «yo»–, mientras que el «ser engañado», la confusión o incapacidad para el discernimiento desplazan el énfasis hacia el receptor /interlocutor/espectador. Esta matización ahora introducida no es gratuita. Y no lo es porque el ensayo de Muñoz Rongel trata más de la experiencia de la recepción –ser engañado– que de las estrategias de producción de mentiras. El resultado es que, en definitiva, el libro desarrolla una concepción expansiva de la mentira en la que conceptos como «ficción», «ilusión», «sueño» o «simulacro» adquieren más protagonismo que la misma intención de mentir. Es cierto que entre esta constelación de nociones y la mentira existen conexiones más que evidentes, pero también lo es que no siempre hay entre ellas una relación de causalidad. De manera que, por momentos, la referencia de la mentira como núcleo conceptual del libro queda oculta entre nebulosas y lleva al lector a preferir aferrarse a cada uno de los temas específicos analizados. Muñoz Rongel está más fascinado por la experiencia espectatorial del ojo/mente engañados que por los refinados mecanismos de producción de mentiras. La música parece casi la misma, pero no lo es.

«Una historia de la mentira», Juan Jacinto Muñoz Rengel

Alianza Editorial. 248 páginas, 17 euros

¿Todo es falso?

Quién puede contradecir lo que el narrador Juan Jacinto Muñoz Rengel (1974) afirma al comienzo de este particular libro: «Porque la historia del hombre no es otra que la historia de la ficción». Así, la obra nos propone contemplar la trayectoria de la humanidad como algo falso; y, realmente, en nuestro mar de convenciones sociales y hábitos absurdos, considerando nuestra memoria fallida o nuestra tendencia a fabular, suponer, inventar hasta lo que nos transmiten las cosas que tenemos objetivamente delante, dan para atestiguarlo. Estamos, pues, influidos «por la necesidad del autoengaño y por los mecanismos de defensa de su ego. Y que, por lo tanto, amigo lector, también su identidad es impostada». El autor se dirige de este modo a quien lo lee, desarrollando un texto en verdad entretenido, estimulante y que impulsa a reflexionar. Un libro realmente oportuno, necesario, que replantea lo que damos por consabido dándole una vuelta de tuerca, como cuando el autor presenta cómo la mentira ya estaba instalada en la vida animal antes de que el ser humano pisara la tierra. En un mundo en que se ha asentado con fuerza imparable el concepto de posverdad, y en el que, como decía Miguel Albero en su reciente «Fake. La invasión de lo falso» (Espasa), y donde hacía humor de altos vuelos a raíz de analizar nuestra vida cotidiana, esta vez en torno a la falsedad que inunda el mundo desde diversos prismas, cabe cambiar la perspectiva y constatar esa mentira que habitamos de continuo. El autor alude al lenguaje, a la atracción sexual, al amor y a otros aspectos para demostrarnos que vivimos un simulacro de realidad y lo hace evocando a filósofos antiguos, anécdotas literarias o argumentos de cine. En un mundo gobernado por la imagen, y por consiguiente por la interpretación que hacemos de ello, lo que tanto nos aleja de la verdad esencial.
▲ Lo mejor
El autor aporta muchos comentarios sobre obras conocidas o desconocidas bien interesantes
▼ Lo peor
El lector no ha de esperar un libro de investigación estándar, sino creativo en su tono