Crítica de “Vitalina Varela”: Soberbio luto riguroso ★★★★★

Dirección: Pedro Costa. Guión: Vitalina Varela y P. Costa. Intérpretes: Ventura, Vitalina Varela. Fotografía: Leonardo Simões. Portugal, 2019. Duración: 124 minutos. Drama.

Hoy por hoy, no hay nadie que filme el color negro como Pedro Costa. Precisamente porque lo filma como un color, no como una sombra. Es un negro denso como el aceite, y que sumerge a sus personajes en un estado de lúcida narcolepsia. El negro, también, es el color del duelo, esa indefinida saudade que siente Vitalina Varela por un marido al que apenas conoció, y a cuyo entierro ha llegado con tres días de retraso. Bajando las escaleras del avión que aterriza desde Cabo Verde, los pies descalzos de Vitalina (que aparecía como secundaria en “Caballo dinero”) se parecen a los pies descalzos de la Juana de Arco de Bresson dirigiéndose al cadalso. Hay algo de sagrado en la manera en que Costa retrata a su heroína en una casa a medio hacer, ella, digna heredera de la Santa Catalina de Caravaggio (como lo fueron Vanda y sus visitantes en la excepcional “En la habitación de Vanda”) pero también del melodrama clásico, mujer despechada hablando con un fantasma, como la Carmen de “Cinco horas con Mario” pero sin perderse en la palabra, declamando con tanta dignidad como una estatua regia. Los caboverdianos han nacido entre las sombras, dice Ventura, en esta ocasión encarnando a un cura de barrio, pero el cine de Pedro Costa los proyecta hacia una extraña luz.

Lo mejor:

Su espectacular puesta en escena, luces y sombras conjugadas en un luto riguroso

Lo peor:

Sus asperezas no son aptas para voluntades perezosas